Llega el momento más temido: por qué la velutina inicia su ciclo más activo

Los nidos son más grandes, y todas las obreras trabajan intensamente


VEGADEO / LA VOZ DE ASTURIAS

La avispa asiática, o vespa velutina, ha estado especialmente activa en Asturias este verano pero aún le queda cuerda para rato y, además, precisamente ahora es cuando inicia su ciclo más intenso. «Los zánganos están naciendo este mes y, en unas semanas, nacen las reinas que, entre septiembre y octubre ya son fecundadas», advierte el ingeniero agrónomo Juan Prado, especialista en la vespa velutina y asesor de la Consejería de Administración Autonómico, Medio Ambiente y Cambio Climático del Principado de Asturias en lo que respecta a esta especie invasora que amenaza la biodiversidad, la agricultura y la apicultura.

El ciclo de vida de la avispa asiática, entra ahora en un momento intenso en cada uno de los nidos secundarios, en los que se crían las nuevas reinas que serán fecundadas por los machos para empezar de nuevo ese ciclo en la próxima primavera. Los nidos secundarios son los más grandes de los tres que construye la vespa velutina, miden más de un metro de diámetro, pueden albergar muchos miles de avispas y suelen estar colocados en árboles a más de 12 metros. No obstante, también aparecen mucho más bajos, en alerones de edificaciones por ejemplo, y ocasionalmente a ras del suelo. En todo caso, ahora son miles de obreras que, aparte de su trabajo para las reinas, se volcarán en defender esos nidos.

«Ahora en septiembre los nidos son muy grandes y, una vez que nacen las nuevas reinas, toda la colonia está trabajando para alimentarlas. El trabajo se centra en que esas reinas acumulen las reservas para poder hibernar a partir de noviembre, que es cuando salen del nido», explica Prado, que puntualiza que la hibernación se llama en todo caso diapausa.

«En primavera los nidos son pequeños y el ataque de la avispa no hace tanto daño, pero ahora al ser mayores, si tienen cerca una finca de arándanos o una viña de uva te la comen entera», indica Prado, que explica que la avispa asiática tiene la habilidad de que, cuando encuentra una fuente de comida y agua, marca la zona con feromonas para que toda la familia vaya a comer a ese lugar. Tienen predilección por la glucosa y no paran de trabajar.

«Cuando encuentra la colmena de abejas, por ejemplo, la marca y ya van todas ahí y hasta que no acaban con todo no paran. Son miles de avispas que, en esta época, se comen literalmente la colmena», recuerda. La labor de avistamiento de nidos, por lo tanto, entra también en un momento clave para poder dar aviso para su retirada. «Cuando ya rellenaron el abdomen de reservas, las reinas empiezan a salir del nido para buscar un lugar donde hibernar y, al salir en primavera, hacen el nido embrionario para iniciar un nuevo ciclo».

Ese primer nido tiene el tamaño de una mandarina y, en el 90% de los casos, está en el entorno humano «porque necesitan sitios muy protegidos del agua y del aire». Las reinas que están naciendo ahora serán las únicas que sobrevivan al invierno, harán esos nidos embrionarios y los protegerán hasta que nacen sus hijas, que le ayudarán a construir el llamado nido primario, que normalmente está cerca o incluso encima de donde estaba el embrionario.

Ese nuevo nido, que por lo tanto también se situará en el entorno humano y como el anterior a baja altura, puede alcanzar el tamaño de una pelota de fútbol. Pero antes de que lleguen a construirlo, y ahí radica la importancia de colocar las trampas incluso en febrero, la labor de prevención se centra en capturar a las reinas. «Tan peligroso es encontrarse con un nido primario como con uno secundario. En un balón de fútbol puede haber 100 o 200 avispas y, si eres alérgico, con dos te llega», concluye Juan Prado.

«Durante el confinamiento, las velutinas trabajaron a sus anchas»

rosa estévez

El hombre de Sobradelo atacado el martes y que recibió una decena de picaduras ya fue dado de alta

Un vecino de Sobradelo pasó la noche en el hospital tras recibir, el martes, una decena de picaduras de velutina. El hombre trabajaba en una finca, con un tractor, cuando sin percatarse debió de golpear el enjambre y causar la furia de sus habitantes. En este caso, JM.R.A. ha tenido suerte, igual que otros vecinos de la comarca que han precisado atención médica tras recibir los dolorosos pinchazos de estos animales. Hay otros que no han tenido que pasar tan ingrato trance, como una mujer que la semana pasada logró escapar indemne después de tropezar con un nido en una planta de patatas que se disponía a levantar. Esa estructura es una de las muchas que este año ha retirado el servicio de la Mancomunidade do Salnés que se dedica a proteger la comarca de la velutina. «En el último mes estamos recibiendo muchísimos avisos, entre 20 y 25 por día», explica Chema Pedrouzo, que junto con Isaac Padín forma el equipo de O Salnés. Una cantidad enorme que se explica, dice, «porque durante el confinamiento la gente estuvo en casa, y la velutina trabajó a sus anchas, todo lo que quiso».

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