Cary Chantres, bailarina del Tropicana e hija de un emigrante de O Valadouro

martín fernández O VALADOURO/LA VOZ

A MARIÑA

ARCHIVO DE MARTÍN FERNÁNDEZ

Era una espectacular mulata, hija de Constantino Chantres, de Moucide

13 sep 2020 . Actualizado a las 11:44 h.

En los años 40 y 50 del pasado siglo, La Habana era la ciudad del vicio y del juego pero también de la farándula y la cultura. Acogía a Lucky Luciano y a Meyer Lansky y disponía de 450 cines y teatros, más que París o Nueva York. Allí convivían ricos y pobres, el haz y el envés, el cénit y el nadir. En sus famosos y elegantes cabarés actuaban Nat King Cole, Celia Cruz, Josephine Baker o Bebo Valdés y, bajo su cálida luna, lucían sus fracs y trajes de noche Liz Taylor, Marlon Brando, los Rockfeller o el Aga Khan, entre otros. Entonces, en el Tropicana o en el Capri, con el último Batista y el primer Fidel, una de las reinas era Cary Chantres, una espectacular mulata hija de Constantino Chantres, un emigrante de Moucide (O Valadouro).

Constantino era uno de los tres hijos de Cándido Chantres Deán y de Antonia Mel Deán, un matrimonio que emigró a Cuba en 1900 y que, a mediados de los años 20, regresó definitivamente a su pueblo. El mayor, Eladio, con apenas 17 años, se quedó en La Habana al frente de la pequeña lavandería familiar. Luego se casó con la rianxeira Helena Erosa Piñeiro y, tras años de duro trabajo, logró abrir en 1936 su primer negocio propio, un local de lavado y planchado, embrión de la luego renombrada Tintorería Chantres en El Vedado. Constantino, que regresara con sus padres, se casó en los años 30 con la canguesa Francisca Ron, A Poupela, y se dedicó a la venta de pescado en San Cibrao. Pero eran años convulsos y las cosas no le iban bien, al contrario de lo que le sucedía a su hermano Eladio en Cuba. Así que éste lo llamó para que regentara un segundo negocio que abrió en Marianao, la Tintorería Fares.

Al poco de llegar, el matrimonio se separó y Constantino mantuvo una relación con la mulata Isolina Benítez de la que nació en 1937 una niña, Caridad, que luego sería la célebre bailarina y actriz Cary Chantres. Nunca llegó a casarse con su madre aunque le ayudó en los primeros años de crianza de la pequeña. Sí se casó, en cambio, con una asturiana llamada Encarna que llegó a Cuba con un niño -que Constantino prohijó- fruto de su matrimonio con un militar republicano desaparecido en la guerra española de 1936. Años más tarde, cuando el castrismo incautó a la familia sus propiedades y hubieron de marchar al exilio con gran dolor, aquel niño, Enrique Chantres, habría de ser uno de los cubanos exiliados que desembarcó en Playa Girón para invadir Cuba, derrocar a Fidel y formar un gobierno democrático. La intentona fracasó y dejó un saldo de 100 muertos y 1.200 apresados. El joven Enrique estuvo años encarcelado y luego marchó a Miami donde hoy, a sus 82 años, rige las dos Chantres Cleaners de su propiedad. Pero esa es otra historia. Como lo es que Constantino terminó separándose de la asturiana para volver a casarse, por tercera vez, con una cubana… 

Un contacto a través de Internet y una continuadora de la etapa de las grandes rumberas de Cuba

Cary Chantres no se reencontró con su familia hasta ya entrado el nuevo siglo cuando contactó con ella, a través de Internet, un primo de Mondoñedo. Desde entonces, se normalizaron las relaciones familiares, las ayudas, los intercambios y un contacto que hoy continúa, tras morir la actriz, con sus hijos Alexandro y Luis.

La desaparición de Cary Chantres fue muy sentida pues era mujer afable, acogedora, muy familiar y cercana a sus amigos y vecinos. Era mulata, genuina representante de un mestizaje orgulloso de su origen africano y español. En la isla aún se dice -sin tintes machistas- que la mejor creación de los gallegos en Cuba fueron las mulatas…

La hija de Constantino e Isolina formó parte de las artistas cubanas que, en los 60, 70 y 80, llevaron la rumba a teatros, cabarés y televisión. Entre otras, Olga Navarro, Cary Chantres, Mina Reyes, Nilda Collado y Norma Naranjo, un grupo que fue homenajeado poco antes de morir Cary en la Cinemateca de Cuba con un ciclo de cine y jornadas sobre «La influencia del cine mexicano de rumberas en el cine cubano de antes del 59».

Esas precursoras habían sido en su mayoría creación del también oriundo de O Valadouro y padre del cine mexicano, Juan Orol, fallecido en México en 1988. Sus cinco mujeres -Consuelo Moreno, María Antonia Pons, Rosa Carmina, Mary Esquivel y Dinorah Judith- protagonizaron sus más populares películas: Madre querida, Los misterios del hampa, Gangsters contra charros, Tania, La bella salvaje o Cabaret Sanghai, entre otras. Otras rumberas de esos años fueron Merche Barba, Amalia Aguilar y, sobre todo, Ninón Sevilla.

Vedete destacada en 1960 y un Grammy de Los Papines

La niña Cary vivió con su madre, se educó en escuelas de formación artística de La Habana y participó en grupos y comparsas de carnaval. Así se introdujo en el mundo del baile y la danza en los años 50, cuando las rumberas cubanas estaban de moda y protagonizaban películas en México y Estados Unidos.