¿El fútbol sala o un buen trabajo?

Ningún otro deporte ha lanzado a más mariñanos a la élite, pero con apenas 30 años muchos cerraron una carrera brillante para centrarse en lo que de verdad les garantiza un buen futuro

Dedicarse profesionalmente al deporte es un sueño irrealizable para la mayoría. Sin embargo, muchos de los que han experimentado esa suerte han sufrido una retirada prematura para ganarse un porvenir más allá de la edad en la que se puedan mantener al nivel físico exigible. Ex jugadores mariñanos de fútbol sala que se 'jubilaron' alrededor de los 30 para buscar un trabajo relatan su experiencia.

César Revilla: «Vives en una burbuja, y si no piensas en el futuro vas mal»

O Crack do Campón marcó a una generación de burelenses que aprendieron a amar el fútbol sala con el Cefire. «En Burela, que la gente se vuelca tanto y te lleva en volandas, vives en una burbuja, y si no piensas en el futuro vas mal», reflexiona César Revilla Repiso (Valladolid, 1981).

«Aún no había cumplido 16 años y ya jugaba en el Cefire», recuerda quien despuntó 12 temporadas en Plata y una en Honor, militando también en el Espanyol, el Lleida y el Pescados Rubén Burela.

«Es una vida cómoda, cobras bien y tienes tiempo. Pero si no te formas, te retiras a los 35 o 36 y no tienes de qué vivir», razona Revilla, que dejó el fútbol sala en 2010, aunque probó el fútbol luego.

«A los chavales siempre les digo que antepongan los estudios. Yo saqué el bachiller cuando estaba en Lleida, y luego empecé a hacer ciclos», explica un hombre que ahora trabaja en el servicio de emergencias de Cervo.

«Los primeros años lo pasé mal. El corazón me pedía jugar, pero escuché a mi cabeza. Echas de menos entrenar, viajar, a los compañeros, competir...».

Rosana tiene un centro de día y rehabilitación en Alcorcón
Rosana tiene un centro de día y rehabilitación en Alcorcón

Rosana Carballés: «Gañeino todo, pero estaba esgotada por compaxinar co traballo»

Rosana Carballés Fernández (Caracas, 1986) lo ganó todo durante dos temporadas en el Futsi Atlético. Pero sus goles también dieron alegrías en el Pescados Rubén Burela, el Valladolid o el Alcorcón durante casi una década.

«Nas dúas tempadas no Futsi, gañamos dous tripletes, todo ao que aspirábamos. Foron os meus mellores anos deportivos, sentinme plena. Pero estaba esgotada psicoloxicamente por compaxinar co traballo e decidín parar», explica.

«Hoxe en día o Burela ten un convenio. É un gran avance. O que cobrei eu mentres xoguei só daba para malvivir, había que complementalo cun traballo», cuenta una mariñana que se ha afincado en Alcorcón, donde tiene un centro de día y rehabilitación en el que ejerce de fisioterapeuta junto a una socia.

Con raíces en Ferreira do Valadouro y Burela, no olvida la tierra en la que «con sete ou oito anos empecei a dar patadas ao balón a primeira vez que fixeron equipos mixtos no cole». Sí se ha apartado completamente de la pelota tras alejarse de la élite y probar el fútbol en el 2017.

Iago Barro dice estar  moi feliz  trabajando de entrenador personal un año después de su retirada
Iago Barro dice estar "moi feliz" trabajando de entrenador personal un año después de su retirada

Iago Barro: «Sempre tiven claro que estudar ía diante do deporte»

«Sempre tiven claro que estudar ía diante do deporte». Iago Barro Sánchez (Viveiro, 1988) no quiso dar el salto al profesionalismo hasta que acabó la carrera, y dejó la élite tras dos cursos de penurias en el Santiago Futsal. «Pensei que é máis fácil incorporarse ao mercado laboral con 30 anos que con 40».

«Como xogador sempre tiven piso e comidas pagadas e iso permitiume aforrar. Por iso cando o deixei me puiden permitir agardar a que chegase algo do que de verdade quixese traballar», dice un hombre que, un año después de aquella decisión, es «moi feliz» como entrenador personal en 360 Training Center, en A Coruña.

El ex portero siente «orgullo» al hablar de su etapa en el Burela, su ascenso con Uruguay Tenerife, su breve e intenso paso por ElPozo o sus dos años con el Fundão dando guerra a los mejores en Portugal, pero matiza que no lo cambia por su vida actual.

Viviendo y disfrutando el deporte desde otra perspectiva se marca un reto para el futuro: «Se volvera xogar ao fútbol sala, só sería para xogar a nivel amateur, e de xogador!».

La focense Claudia Rodríguez compaginó su trabajo de profesora con el de jugadora durante años
La focense Claudia Rodríguez compaginó su trabajo de profesora con el de jugadora durante años

Claudia Rodríguez: «Nunha tarde daba clase en Fisterra e adestraba en Burela»

Su pasión por la pelota llevó a Claudia Rodríguez Teijeiro (Foz, 1984) a hacer grandes sacrificios durante una década en la élite con el Pescados Rubén Burela, a excepción de un año en el Valladolid.

Tras estudiar TAFAD y Magisterio por Educación física, compatibilizó su trabajo de profesora con el deporte de primer nivel: «A primeira vez, chamáronme de Fisterra, e tiña que aceptar para non quedar fóra das listas. Algunha tarde tiña clase e adestraba en Burela, facía catro ou cinco viaxes á semana. Despois tocoume en Ourense, e aí polo menos adestraba co Envialia».

Justo después de ganar la Supercopa y la Liga con el Burela, una rotura en los ligamentos del tobillo la chafó: «Aí sentinme mal porque deixaba tirados aos compañeiros no cole». Tras luchar para volver meses después, se retiró en 2017: «Estaba fatigada mentalmente, tamén polo traballo».

«Boto de menos cousas. Se vexo un partido, a miña parella di que son pesada porque comento as opcións que vexo. Pero non volvín tocar un balón. Aínda me chama algún equipo, pero non quero. Tería que perder os venres no cole para viaxar. Non podo».

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