o me he vuelto loco, sé que estamos en verano. Pero el caso es que, todo lo que voy a pedir, no me lo puede traer nadie que no sean Ellos. En primer lugar, por la dificultad de lo que pido y, en segundo lugar, porque hasta después de Navidades no creo que sea posible obtenerlo. Habrá que esperar varios meses porque, por desgracia, primero debemos contemplar como España se sigue hundiendo hasta tocar fondo hacia finales de este fatídico 2020. Será entonces cuando se dé el caldo de cultivo necesario para poder tener mi regalo. Y es que lo que voy a pedir a Sus Majestades de Oriente es una catarsis. Ni más ni menos que conseguir que todos los individuos de este país, movidos por la determinación que nace de la necesidad, pongan en marcha los mecanismos necesarios para darle la vuelta a una situación extrema en lo sanitario, económico, político y social, con el fin de alcanzar una sociedad con mejores niveles de bienestar. Será una

labor titánica, que requerirá aunar a todos los actores de la sociedad: individuos, familias, ancianos, jóvenes, políticos, periodistas, profesores, comerciantes, hosteleros, profesionales, artistas… en definitiva, movilizar a todas las personas y agrupaciones que, en su conjunto, forman la sociedad.

Antes de confeccionar mi lista para lograr dicha catarsis, voy a realizar un análisis de la situación actual. Estamos atravesando un verano inusual, en el que la economía está sufriendo una enorme crisis, dejando al sector turístico en la cuerda floja. Un sector turístico que es, precisamente, por el que más se ha apostado en los últimos años, llevándolo a ser el sector con mayor crecimiento en porcentaje respecto al PIB con cifras en torno al 16%. Al contrario de lo que ocurre con el sector industrial que, en los últimos años, ha descendido de forma progresiva hasta situarse, también, en cifras cercanas al 16%. Lo cual indica la tendencia a que el sector turístico acabe tomándole la delantera al sector industrial. Otro dato importante es que, de todos los ingresos anuales del sector turístico, aproximadamente el 70% corresponden a la temporada de verano. Por lo tanto, para este año que se prevé una ocupación turística del 30%, es fácil imaginar el enorme agujero que dejará esta crisis en el PIB español. Hablamos de unos 140.000 millones de euros. Para colmo de males, en la Unión Europa cada vez parece más claro que las políticas económicas que prevalecerán serán las de los países más austeros, que abogan por la reducción del fondo de reconstrucción, minimizando las ayudas directas y priorizando los créditos a cambio de ajustes en los países que accedan a la financiación.

Será después de un flojo verano y un duro otoño cuando nos encontremos, como país, con nuestras vergüenzas al aire y sin más ayudas que unas migajas a cambio de hipotecar nuestro futuro con severos ajustes. Será entonces cuando se den las circunstancias para que nuestra única salida sea la catarsis. Que todos y cada uno de los individuos que componen nuestra sociedad no tengan otra solución que alinearse para construir las bases de la sociedad del futuro, la que nos hará mejores. Es triste que haya que esperar a estar en semejante situación, pero será en ese momento cuando podré empezar con mi lista. Pediré que los cimientos de la sociedad los conforme la educación. Tanto la educación en valores inculcados en casa como la búsqueda del aprendizaje y la meritocracia en la escuela. Educar a profesionales con excelentes competencias y que, a su vez, sean ciudadanos ejemplares. Fomentar la honestidad y la búsqueda del bien por encima de todas las cosas. Que la necesidad de obrar de forma correcta, que nazca del interior del

individuo, sea superior al miedo por las medidas coercitivas, impuestas desde el exterior, para el caso de obrar de forma incorrecta. Que se devuelva la autoridad a padres, profesores, agentes y a todos los que velan

por una mejor convivencia. Que se dignifique la política y que en ella recalen los mejores, con intención de servir y no de servirse. Que se articulen las medidas necesarias para que haya igualdad real de oportunidades

para todos los ciudadanos. Que se entienda la disciplina, la jerarquía y el orden como valores necesarios para la vida en sociedad. Que se ensalce la generosidad y la empatía. Que se busque la eficiencia y la sostenibilidad. Y que consigamos, en la medida de lo posible, los mayores niveles de felicidad para la población.

Sé que es mucho lo que pido, que roza la utopía, pero en definitiva son peticiones a la altura de una carta a los Reyes Magos.

El futuro está en nuestras manos y será lo que nosotros queramos que sea. Sirva esta carta a los Reyes Magos de reflexión personal y para que cada uno haga la suya. Ojalá que estas crisis, por lo menos, nos sirva como última llamada para llegar juntos a la necesaria catarsis.

* David Gómez Rosa, de Viveiro Asesores.

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Un verano inusual con una economía que está sufriendo