«Queremos crear un evento que haga de A Mariña una referencia cultural»

Siete concellos mariñanos acogerán este verano conciertos con medidas seguras

s. c.
VIVEIRO / la voz

«Ha sido un año muy difícil para llevar a cabo el festival, el apoyo de nuestros patrocinadores y amigos nos ha puesto las cosas mucho más fáciles». Agradecida, Alba Rodríguez afronta una nueva edición del Festival Bal y Gay, del que es directora. Centrado desde siempre en la música clásica, este año el festival se presenta «más ambicioso que nunca». Cuentan, en su primera jornada del 12 de agosto, con la Real Filharmonía de Galicia, que hará historia al ser la primera agrupación sinfónica que toca en el Bal y Gay. Pero la edición de este verano, no solo por esto y a pesar de articularse bajo un «formato reducido tanto de público como de artistas», será una de las más especiales hasta la fecha.

Se debe destacar, antes de nada, que «este año nos moveremos por toda A Mariña, acercando hasta a siete de sus municipios nuestros eventos». De esta manera, desde la dirección buscan «crear un certamen de excelencia con base en toda la comarca, para que todos sus vecinos disfruten de la música clásica». No es solo por esto, ya que también pretenden hacer de A Mariña un destino de «turismo cultural», con el fin de contribuir a la reactivación económica de la comarca. Su objetivo final, por tanto, es el de «involucrar a la gente, acercándole la música clásica, para que así quede claro que es algo de lo que todas y todos podemos disfrutar».

Con este fin, además de conciertos ofrecerán charlas y documentales. «De hecho, una de las ponencias es precisamente sobre las transformaciones que la música origina en las sociedades», un coloquio dirigido por Nathaly Ossa Alzate, coordinadora de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas.

Tocando en clave de seguridad

Como nunca hasta ahora, el festival mariñano también se blinda sanitariamente. «La pandemia era, como es de suponer, el principal obstáculo con el que nos topamos este año, hasta el punto que puso en duda la realización de la edición, aunque logramos superarlo».

Para ello han tenido que desarrollar un protocolo de medidas de seguridad con el que cumplen las exigencias sanitarias y atajan cualquier problema. «Además de las ya imaginables mascarillas, distancias de seguridad y geles hidroalcohólicos, para este año las entradas se emitirán en formato de código QR», apunta Alba Rodríguez, que de este modo deja claro que no habrá ninguna preocupación por las entradas, al no requerirse contacto físico. De esta innovación se nutre también la web, con diseño renovado y preparada para albergar los conciertos, «que podrán verse en directo a través de ella y de YouTube». Insiste la directora en que «es necesario perder el miedo» para así poder disfrutar de la mejor música clásica en directo.

Con patios de butacas que «no superarán las 200 personas de aforo», el Bal y Gay pondrá sus abonos a la venta a partir del 24 de este mes. El abono garantiza un precio más bajo en las entradas de los conciertos de pago, así como preferencia para hacerse con los mejores asientos en los gratuitos. Las entradas, por su parte, estarán disponibles desde el 31 de julio y serán necesarias para entrar a cualquier evento, más aún al estar las plazas numeradas y controladas.

Suena la partitura del futuro

La apuesta de continuidad que la directora del Bal y Gay realiza pasa por la apertura de una fundación «que busque visibilizar al festival y formar musicalmente a quien lo desee». Quieren, así, llegar a todo tipo de personas, «de niños a adultos, sin olvidar a las personas mayores». Para ello lanzarán sus proyectos «tanto en colegios como en residencias de la tercera edad, asegurando que estén disponibles para todos.»

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