Una merienda entre hortensias y geranios para olvidarse del virus

A Cortiña de Cantalarrana abre todas las tardes un sugerente espacio alternativo


ribadeo / la voz

A Cortiña de Cantalarrana, un establecimiento hostelero con maneras de casa rural en las afueras del casco urbano de Ribadeo, abre cada tarde una ventana al sosiego, la tranquilidad y la serenidad en tiempos del covid-19. Su jardín se transforma en un espacio alternativo en el que, aún respetando todas las medidas de distancia, seguridad e higiene con las que se está obligado a convivir, durante unas horas se pasa página del covid-19 entre la fragancia de macizos de hortensias, geranios, begonias o agapantos.

«Como el jardín es muy agradable, daba pena no abrirlo a la gente de Ribadeo», explica Pepa Alonso, que se encarga de elaborar y servir las meriendas.

La idea de abrir este espacio del establecimiento al público en general surgió el año pasado, como algo casual, cuando gente que acudía a coger el tren hacía un alto para tomar un café o un te. Desde entonces se ha hecho con una clientela fiel, que acuden a degustar las tartas caseras que se elaboran a diario.

Es el encanto de la tranquilidad, de la sencillez y el gusto por los detalles, en un espacio natural muy sugerente. Abre a diario, de 17.00 a 20.00, para un máximo de quince personas, una exigencia autoimpuesta para preservar la tranquilidad y la confortabilidad del espacio, con mesas de uno a varios comensales.

Oferta variada de exquisiteces

El cliente tiene oportunidad de tomar fruta, macedonia, brochetas con queso, las celebradas tartas caseras bajas en azúcar y mantequilla (por ejemplo, de zanahoria y manzana, las predilectas en estos momentos), bizcochos de varios tipos... y degustar variedades de te que los responsables de A Cortiña adquieren a granel y después envasan en el establecimiento, con variedades clásicas y exóticas (bergamota y roibos de naranja, por ejemplo). Por supuesto, no falta en la carta el café. Y no se sirve alcohol. El precio medio de la merienda, que siempre se sirve en el jardín exterior, es de seis euros por persona.

Para buscar los orígenes de A Cortiña de Cantalarrana hay que remontarse casi trescientos años atrás, a finales del siglo XVIII, como casa de labranza que con el tiempo fue transformándose en finca de recreo, hasta su apertura, hace 22 años como establecimiento hostelero. La familia que la regente vive en la propiedad, ejerciendo como anfitriones en un espacio que recrea una atmósfera entre burguesa y rural.

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