Los que somos de la costa nada más llegar a una ciudad porteña, no podemos irnos sin visitar el puerto, su ambiente. Siempre nos quedará la mar. Siempre nos quedará la asignatura que nos permita la emoción de emprender una singladura entre un puerto y otro. Y si allí buscamos, encontraremos respuestas al presente industrial.

En 1986 las inversiones del Estado mejoraban las instalaciones de los puertos-muelles en Burela, Portocelo y San Ciprián. Todavía se mantenían los equilibrios para mantener los antiguos puertos naturales con sus limitaciones para él calado y los nuevos fruto de la ingeniería, sitos en Burela y Celeiro. Eran la mejor expresión para la Galicia norteña-Cantábrica. En Celeiro no sólo la merluza como producto de consumo para todos los mercados nacionales, también esos mariscos que la Agrupación Santiago Apóstol recibía por la faena de mariscadores entre Abrela y San Tirso de Portocelo. Eran tiempos en que las gentes valoraban la relación con la mar.

Gentes de mar

Este verano incierto, entre la lluvia y la pandemia, podremos viajar por nuestra provincia de Mondoñedo, recordando lo que fuimos y explorando lo que podemos volver a ser. Hagamos la ruta de los viejos puertos. Tenemos ese surgidero ballenero de Rinlo, con sus más de 500 años de antigüedad, histórica cofradía de pescadores, y un banco dónde porfiaban lobos de mar poniendo a esta como testigo de sus narraciones. Nos contarán como los habitantes del norte eran gentes de mar.

Portiño de Nois, de antecedentes balleneros, con la huella de hermosos edificios que fueron conserveras y hoy podían ser escuelas talleres sobre las artes de pesca a lo largo y ancho de una costa que vivía de la mar, sin pensar en industrias que no fueran las derivadas de tal despensa entre salseiros.

Por cierto. ¿A ninguno de los «gudaris» -soldados por Alcoa- se les ha ocurrido que el mayor activo de la costa es el puerto de San Ciprián?. Si, ese que tiene concedido la factoría aluminera hasta 2025 y que está infrautilizado, pero sostiene un gran activo para constituir ese centro nodal motor capaz de desarrollar un ingente polígono industrial basado en el transporte marítimo y la pesca, adecuando las comunicaciones desde y con tal núcleo, fomentando el nacimiento de empresas y creando empleo de calidad. Por eso alguien debería gritar: ¡Que lo devuelvan de inmediato o que el Estado lo expropie!.

Pasaporte, documento de 1168

Mientras, les invito a leer un documento. Pasaporte suscrito por el Emperador Carlos con fecha febrero de 1668, regulando las singladuras de los buques entre destinos para ida y vuelta, por los puertos del Imperio, absteniéndose de extravíos y arribadas en otros puertos, islas, tierra firme, salvo accidentes no remediables. Regulando la tripulación mediante matrícula, certificado y libro de faltas, con arreglo a la Ordenanzas Marinas. En Consejo de Ministros del 30 de junio acordó la aplicación del Convenio de la OIT formalizando los contratos de trabajo para los pescadores.

La Cofradía de San Ciprián, con sus puertos de Morás y Portocelo, cargados de historia, como esas canteras graníticas de la ribera entre La Atalaya y el Mingarolo, que sirvieron para construir casas o la cetárea para langostas en Cubelas.

Mientras tanto recordemos como en el portiño de Morás, se culminan las gestiones que desde 1948 realizan sus gentes de mar, dedicadas a la captura de langostas, inaugurando en 1951 su cetárea. Otro logro tiene lugar en 1964, cuando el Alcalde de Xove, Elías Rúa Pardo, da toda suerte de facilidades a la empresa Gaspar Massó y que culmina con la inauguración de la factoría ballenera en 1965.

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De puerto en puerto, por el presente industrial