Aluminio San Ciprián: ¡la fábrica es nuestra!


Nos ha costado, tanto a gobiernos como a trabajadoras y trabajadores, pero al fin hemos entendido que la multinacional Alcoa quiere cerrar Aluminio San Ciprián; una decisión que ahora responde más a una estrategia corporativa de la empresa que a las condiciones energéticas del país. ¿Qué nos queda entonces? Luchar como demonios, o renunciar a la última fábrica que produce aluminio primario de España y que las empresas que dependen de él pasen a hacerlo del aluminio importado: empresas de extrusión, industria médica, farmacéutica, alimentación, transporte, además de aquellas otras que por responsabilidad ecológica comienzan a sustituir el plástico por aluminio en sus productos.

Los españoles quedaremos subordinados al orden mundial y rezaremos (porque los políticos lo habrán dejado en manos de Dios) para que no se repita una pandemia, una guerra, o un conflicto diplomático con los países exportadores de aluminio, con lo que se paralicen las cadenas de producción de nuestro país y tengamos de nuevo un serio problema (como aquel de los respiradores y las mascarillas). Si esto, además de una comarca y más de mil familias desamparadas, no le plantea un problema a ninguno de los gobernantes de este país nuestro, podemos dar carpetazo al problema y que la vida siga su deriva. Justa metáfora con la que podemos comparar la existencia de A Mariña durante los últimos años: una agónica deriva en la que la población rema a brazo partido para alejarse del abismo, mientras en la orilla los políticos sostienen el salvavidas bajo el brazo y en lugar de lanzárnoslo, nos lo prometen. Y al otro lado de la corriente que nos arrastra está Alcoa que observa el espectáculo mientras nos despide agitando el pañuelo.

Después de la reunión multirateral del martes en la que el Ministerio de Industria presentó a la metalúrgica un plan industrial con dos propuestas de viabilidad, con la entrada de socios y el precio de la electricidad en torno a los 25 y 35 euros por megavatio, además de las ayudas europeas que prometió la Xunta para renovar la planta y hacerla más productiva, la respuesta de Alcoa sigue siendo NO. La disculpa: que no venía por escrito. La realidad: el jueves 25 de junio comienza el proceso formal de negociación del ERE para 543 trabajadores y trabajadoras de la planta de aluminio de San Cibrao. Los otros 500 de empresas auxiliares lo harán después, pero no en las mismas condiciones, ya que tendrán que negociar los despidos con sus respectivas

empresas; muchas de las cuales desaparecerán tras el proceso. Pues estas compañías nacieron con el único objetivo de dar respuesta a la reducción imposible de plantilla que Alcoa hizo tras comprar la planta de San Cibrao, cuando pasó de dos mil operarios a la mitad; no porque aquellos puestos de trabajo fueran innecesarios, sino porque le salía mucho más barato subcontratarlos.

¿Hay alguna solución para el problema que la multinacional plantea a la comarca y al país? Si la hay, parece lejana; sobre todo porque el tiempo solo corre en contra de los trabajadores. A partir del jueves, en esta negociación, se conocerán nombres: los 543 expedientes. Tal vez quiera llevarlo con discreción para no desanimar a los trabajadores; no abatir a los que se encuentren en la lista, y que no bajen la guardia los que no están. En definitiva, para que no se rompa esta unión espartana que ha sido capaz de poner en pie de guerra a toda A Mariña: la resistente y osada comarca que se ha hartado de perder siempre. Aún así, tal vez acabemos conociéndolos por alguna filtración de la multinacional; más que interesada en romper la alianza comarcal y acallar las voces que gritan una intervención pública.

Mientras, comienzan a oírse los primeros cantos de sirena sobre los brotes del virus, y el gobierno amenaza con decretar otro estado de alarma que nos encerraría en casa. Para la gente del aluminio sería fatal. Un proceso de negociación de los ERE en San Cibrao con todos encerrados, sin poder manifestarse y perdiendo el único medio de presión que les queda, crearía la tormenta perfecta para que el aluminio español fuera definitivamente desmantelado y zanjado. Tal y como están las cosas, las 474 cubas que quedan activas en electrolisis son ahora mismo el corazón de la comarca.

Si las cubas se paran, A Mariña muere. Así que mientras el gobierno de España no decrete el Aluminio como un sector estratégico para el país, lo que impediría a Alcoa cerrar la última planta e irse, nuestro único y firme propósito como comarca es mantener vivas esas cubas en electrolisis al grito: ¡La fábrica es nuestra!

Por Rita Morrigan Escritora y socióloga

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