Fundas y cascos de trabajo tomaron la Puerta de Carlos V al son de tambores

La cantidad de niños de corta edad que había en la protesta prueba la «juventud» de los afectados por la crisis de Alcoa

Con fundas y cascos de trabajo (operarios) y de luto (el resto), pasadas las doce del mediodía del domingo los manifestantes cruzaron la Porta de Carlos V en dirección a la Praza Maior de Viveiro
Con fundas y cascos de trabajo (operarios) y de luto (el resto), pasadas las doce del mediodía del domingo los manifestantes cruzaron la Porta de Carlos V en dirección a la Praza Maior de Viveiro

viveiro / la voz

El reloj marcaba las 12.10 horas cuando los tambores que encabezaron la protesta convocada por el comité de empresa de Alcoa entraban por la puerta de Carlos V. Detrás de ellos, cientos de obreros de la factoría aluminera y de las auxiliares con fundas, chalecos y cascos de trabajo. Y a continuación, miles de personas entre las que sobresalían cantidad de bebés en sus carritos y niños de corta edad a hombros o en el colo de sus padres. Una prueba más de que el futuro de A Mariña está en juego debido a la «juventud» de buena parte de los afectados por el posible cierre de la planta aluminera.

«Quería comprar un piso, pero es imposible asentarse estando con miedo todos los meses». Abel, natural de Cariño, de 32 años, y Alejandro, de 26, de San Cibrao, trabajan en Alúmina
«Quería comprar un piso, pero es imposible asentarse estando con miedo todos los meses». Abel, natural de Cariño, de 32 años, y Alejandro, de 26, de San Cibrao, trabajan en Alúmina

«A situación vémola mal porque os políticos non ofrecen solucións, só se lanzan a pelota dun tellado a outro. E se a fábrica pecha, aquí non hai nada», indicaron Alejandro, cervense de 26 años, y Abel, que tiene 32 y es de Cariño. Tras varios años trabajando en Alcoa, ven el futuro «negro total».

«Agora que tiña traballo na casa para ver medrar un pouco aos fillos, pasa isto». Ángel Cora (con casco blanco), viveirense de 42 años y padre de un joven de 18 y una de 14, lleva dos en Reymogasa tras 17 fuera, en los eólicos. A su lado, Felipe Fernández, de 41, operario de alúmina, con su mujer y su hija de 6.
«Agora que tiña traballo na casa para ver medrar un pouco aos fillos, pasa isto». Ángel Cora (con casco blanco), viveirense de 42 años y padre de un joven de 18 y una de 14, lleva dos en Reymogasa tras 17 fuera, en los eólicos. A su lado, Felipe Fernández, de 41, operario de alúmina, con su mujer y su hija de 6.

«É todo unha cadea. Se a fábrica desaparece, haberá que volver a emigrar», expusieron con tristeza Felipe y Ángel, viveirenses que trabajan en Alcoa (el primero) y Reymogasa (el segundo). «E detrás irá o resto porque é todo unha cadea», reflexionaron.

Dani Villarmea, el viveirense de 12 años que se está conviertiendo en símbolo de la lucha

«Unhas cantas persoas queren pechar a nosa fábrica e botarnos da nosa terra. Se pensan que o van conseguir, están moi equivocados», exclamó este domingo en la Praza Maior de Viveiro vestido con un chaleco y un casco de Alcoa, y megáfono en mano, Dani Villarmea Fernández, el viveirense de 12 años que va camino de convertirse en uno de los símbolos de la lucha de la comarca mariñana por su futuro. Hijo de un operario de la planta de aluminio, el pequeño saltó a la luz pública días atrás por un vídeo colgado en Youtube que dirigió al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pidiéndole que solucione la crisis de Alcoa. Ayer, el presidente del comité, José Antonio Zan, quiso agradecer públicamente la acción del chaval, e incluso se animó a cambiar la letra de una de las frases más coreadas estos días. Del «Madrid, escoita, A Mariña está en loita», al «Madrid, escoita, Dani está en loita».

Una pandilla de Xove

No en vano, con el futuro de Alcoa también se pone en juego estos días el futuro de las próximas generaciones de mariñanos, como destacaron Sofía, Marga, Mateo, Nerea, Paula y Natalia, un grupo de amigos de Xove, de entre 18 y 19 años, que participaron en la protesta. Ellos todavía están estudiando, pero temen que las oportunidades laborales se vean reducidas al máximo en la zona donde han nacido y donde les gustaría vivir. «Se a fábrica pecha, moita xente vai ter que marchar porque aquí non hai traballo», indicaron los jóvenes. Casi todos tienen familiares o amigos trabajando en la factoría situada en el límite entre Xove y Cervo.

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