Mamerto Infanzón, de Ribadeo, y otros masones de A Mariña en Las Antillas

La masonería en Cuba fue fundada por Vicente Antonio de Castro y Bermúdez y tuvo 40 logias por el país


viveiro/la voz

Cuando Juan de Mairena le pidió a un alumno que escribiera en lenguaje poético «los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa», el muchacho anotó «lo que pasa en la calle»... De la masonería puede decirse que es una sociedad cerrada, de apoyo mutuo, religiosa e iniciática, que persigue convertirse en una influyente y tolerante élite para poder alcanzar, mediante la superación y mejora ética del individuo, su cosmopolita utopía final de lograr una humanidad perfecta gracias a la generalizada expansión de la auténtica fraternidad. El niño de Mairena podría traducirlo así: un masón es una piedra bruta que hay que trabajar y pulir para hacerla cuadrada o cúbica de modo que pueda ser pegada con otra y poder así construir (en este caso) una humanidad y un mundo mejor, con valores de libertad, igualdad, fraternidad.

Para los emigrantes gallegos fue eso y más. Fue un decisivo apoyo en tierra extraña. Un sistema de perfeccionamiento y mejora individual, responsable último de la filantropía, la creación de escuelas o la personalidad de muchos que llegaban a Cuba desde una sociedad atrasada y opresora y se encontraban con otra plural, abierta, tolerante, regida por principios libres y liberadores.

La masonería en Cuba fue fundada por Vicente Antonio de Castro y Bermúdez al crear, en 1862, el Gran Oriente de Cuba y las Antillas que, en 1879, tenía 40 logias por todo el país. Alberto Valín ?en el libro Entre Nós, coordinado por Xesús Balboa y la burelesa Herminia Pernas- dice que de 5.745 masones cifrados en el Archivo de Salamanca, 1.016 eran españoles (el 17,6%), 509 cubanos (8%) y 40 chinos (0,7%), desconociéndose la procedencia del resto 4.180 (73,7%).

 Cigarrillos La Habanera

De los españoles, la mayoría eran gallegos y asturianos. Los gallegos tuvieron gran fuerza y ascendiente en las logias cubanas como lo demuestra el hecho de que 17 de ellas donaron en 1883 la elevada cantidad de 1.223 pesos para crear el Colegio de Niñas Pobres que el Centro Gallego edificó y costeó en La Habana. Eran comerciantes, empleados, tabaqueros… que usaban nombres simbólicos como Coruña, Santiago, Ferrol, Vivero o Ribadeo, o propios de Galicia como Pardo de Cela o María Pita.

Notables masones gallegos en Cuba fueron Fontenla Leal ?fundador de la Real Academia-, Curros Enríquez, García Barbón, Lugrís Freire, Fuco Gómez, Pedro Murias, etc. Y en Puerto Rico uno de los primeros fue Mamerto Infanzón Méndez, natural o residente en Ribadeo. Participó en la Guerra de Cuba en 1880 y cuatro años después fue destinado a Luarca como capitán. En 1890 vivía en Ribadeo y era miembro de la logia local La Fortaleza. En 1894 estaba retirado como capitán en Mayagüez (Puerto Rico) donde fue juez en 1897 y tenía una fábrica de tabacos llamada La Habanera para la que solicitó en 1899 el registro oficial de las marcas que usaba.

Ideas como filantropía, educación o formación de élites y nombres como Ribadeo y Viveiro

Introducirse en la masonería era una forma que tenían los emigrantes gallegos de sentirse amparados, apoyados, en un mundo nuevo y hostil, de penetrar en la sociedad cubana y de mejorar su formación con novedosas ideas de signo tolerante y liberal que, al regresar a Galicia, desembocaban en el republicanismo...

Buena parte de los fundadores de sociedades de emigrantes eran masones, como lo fueron el presidente de la Alianza Aresana, Antonio Bugallo, los iniciadores de la sociedad de beneficiencia Naturales de Galicia (Armada, García Casariego, Murias…) y tantos otros no sólo de Cuba sino en Argentina y Uruguay como, entre otros, el cervense Cao Luaces, Castro López, director de Eco de Galicia, El Viejo Pancho o el naviego Rafael Calzada. Conceptos masónicos como la fraternidad fundamentaron la labor filantrópica de muchos emigrantes; el valor de la educación, la creación de escuelas; la formación de élites, la introducción de sindicatos, partidos políticos, ligas agrarias etc. etc.

En Cuba fueron muchos los emigrantes de A Mariña que militaron en distintas logias esparcidas por la isla a tenor de los nombres simbólicos que, siguiendo la costumbre de discreción y secretismo de la masonería, utilizaron como, entre otros, Ribadeo, Mondoñedo, Vivero o Barreiros.

En algún caso, se asocia el nombre simbólico con el real como recuerda el estudioso Carlos Pereira. Ese fue el caso de Clemente Rodríguez Rodríguez, natural de Sante (Trabada), que en 1899 militaba en la logia Estrella de Villarino, de La Habana, con el nombre simbólico de «Ribadeo», o el de Antonio Mariño Doval, que estaba afiliado a la logia cubana Zaragoza con el alias «Viveiro».

Logias cubanas ayudaron a la familia de Servando Trigo

Un caso revelador de lo que supuso la masonería para algunos gallegos es el de Servando Trigo Rouco y su esposa, Francisca López Sánchez, ambos nacidos en 1895 en Miñotos (Ourol). Un hermano de ella, Ricardo, residía en La Habana y los reclamó. Se casaron en 1924, y tuvieron dos hijos, Julio (1925) y Pedro (1928), con el tiempo héroes de la revolución castrista al asaltar, con Fidel, el Cuartel de la Moncada.

Servando trabajó de cochero y Francisca, de sirvienta. Al nacer Pedro, la mujer quedó muy débil y regresó a Miñotos con los niños para reponerse mientras el padre quedaba en La Habana para trabajar y enviar un dinero que nunca llegó. Así que Francisca fue madre y padre. Y tuvo una vaca, una leira, ayudaba en la casa de Ricardo Pita, cosía...

En La Habana, Servando se afilió a la logia Unión Ibérica y en 1930 fue maestro masón. La masonería tenía gran prestigio tras apoyar la insurrección mambisa en 1868 y pertenecer a ella padres de la patria como Martí, Maceo, Agramonte, Céspedes… Servando se hizo amigo del marino y político, Salvador Menéndez Villoch, y un día ambos fueron tiroteados al salir de la logia. Tiempo después, Menéndez fue Jefe de la Marina de Guerra en el primer gobierno de Grau Sanmartín (1933-1934) y Ministro de Defensa en el segundo (1944-1948).

En España, Francisca y sus hijos malvivían cuando Franco dio el golpe contra la República. Y entonces Servando Trigo recurrió a los masones y a su amigo Salvador para sacarlos de Miñotos. Consiguió dinero y los cotizados permisos especiales y en diciembre de 1936 la familia se reagrupaba en La Habana.

Poco duró la felicidad. En 1938, el padre de los Trigo, que trabajaba en la vaquería Munguía Alejo y Hermanos, fue corneado por un toro y falleció. De nuevo la familia quedó a la intemperie y otra vez Salvador Menéndez, entonces Ministro, ayudó a la viuda y a los huérfanos y la Gran Logia Masónica concedió una beca para que el mayor, Julio, pudiera estudiar. Aún lo recuerda su hermano Pedro, que hoy vive entre Cuba y España...

martinfvizoso@gmail.com

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