Impagos y anécdotas de taxistas de A Mariña que dan para escribir libros

Profesionales del sector afirman que viven «aventuras» prácticamente a diario

Las paradas de taxi de A Mariña, en imagen una de Viveiro, mueven a diario a centenares de personas
Las paradas de taxi de A Mariña, en imagen una de Viveiro, mueven a diario a centenares de personas

viveiro / la voz

El caso de una joven que no pagó a un taxista de Viveiro 150 euros por traerla desde Santiago hasta A Mariña, donde tenía intención de reunirse con un supuesto novio «rico, famoso e instagramer», que finalmente resultó ser un crío de San Cibrao, es solo una de las múltiples anécdotas que acumula el sector en la comarca, como aseguran a La Voz profesionales de varios municipios que prefieren ocultar su identidad real para garantizar la discreción de la que hacen gala en su trabajo. Afirman que viven «aventuras» prácticamente a diario, relacionadas sobre todo con gente que no quiere pagar. Cuentan que hay personas que al subir al vehículo de alquiler aseguran que tienen que ir al cajero automático para abonar la carrera. «Pero cando chegas, en vez de ir ao caixeiro, escapan correndo, ou mándanche parar nunha calella onde saben que non tes opción de meterte, e entre que sacas o cinto de seguridade e baixas do coche xa non os encontras», sostiene uno de los taxistas más veteranos.

Lo que peor llevan es que la gente no aparezca y que no avise. Uno señala que en una ocasión viajó hasta Oporto para buscar a un mariñano que finalmente se había «embarcado» con otro taxista y lo dejó colgado. Con la movida nocturna, a veces ocurre. «Despois algúns rapaces quéixanse de que os taxis non os queren ir buscar, pero é que moitas veces chámannos e nin sequera aparecen», comenta.

«Que quixera ir ata A Coruña deitado detrás fíxome sospeitar de que non me quería pagar»

Los miles de kilómetros de carretera y los años de experiencia potencian en los taxistas una especie de sexto sentido que, salvo excepciones, que siempre las hay, les hace identificar rápidamente situaciones de riesgo. «Que aquel home, alto, ben vestido e ben parecido quixera ir ata A Coruña deitado no asento de detrás porque, segundo el, estaba canso de traballar, fíxome sospeitar de que non me quería pagar. Pensei: “Ui, este en canto cheguemos á Coruña báixase nun semáforo ‘e hasta luego Lucas’”, así que lle dixen que lle ía cobrar por adiantado. “Prefiro cobrarche 10 euros menos, pero que me pagues agora, díxenlle. E claro, non pagou, e as sospeitas confirmáronse», explica un veterano taxista mariñano.

Pocas denuncias

Varios profesionales explican que pocas veces presentan denuncias puesto que creen que no compensa. «Se presentas denuncia, outro día tes que ir ao xulgado, e gastas máis ou perdes de gañar máis ese día do que che van pagar», lamentan. De ahí que la mayor parte de esos impagos en el taxi se queden en «anécdotas» que podrían dar para escribir libros y más libros.

Dicen que cobrar por anticipado genera malestar en los clientes que sí son pagadores

Los recortes presupuestarios y el auge de las reuniones por Internet, que evitan viajes de directivos y gastos de alojamiento y desplazamiento, entre otros, también han afectado al sector del taxi en A Mariña. «Directivos de Alcoa, por exemplo, aos que antes había que ir buscar e levar ao aeroporto, agora fan as reunións por videoconferencia para aforrar», comenta un conductor de pago. Indican que cuando se trata de una carrera «longa», cuyo montante supera los cien euros, por ejemplo, están encantados cuando son las mutuas o las compañías aseguradoras las que las abonan. «Se paga o cliente, ás veces bótase para atrás, e é normal, porque son moitos cartos, aínda que ás veces hai que ir buscar xente a Bilbao, a Madrid... Pero se paga a mutua ou o seguro o taxista sabe que cobra, e o cliente o que quere é chegar tranquilo á casa, sen preocupacións, porque ao mellor tivo un accidente ou unha avaría», apunta.

Apariencias que engañan

Los taxistas reconocen que cobrar siempre por anticipado es una posibilidad que se lleva barajando años, pero ven difícil aplicarla. «É complicado, porque se unha persoa se sente pagadora tampouco lle gusta que lle cobren por anticipado», señala otro profesional, que cuenta una anécdota de sus inicios. «Un día chamáronme varias rapazas que traballaban nun club de alterne para que as levara buscar a unha amiga ao aeroporto da Coruña. Díxenlles que me pagasen antes, e entón decidiron baixar e ir noutro taxi, pero antes abriron a carteira e levaban moitos cartos. Quedei moi cortado», reconoció.

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