Emigrantes de Viveiro y Ribadeo presidieron Hijas de Galicia en Cuba

MARTÍN FERNÁNDEZ

A MARIÑA

El hospital de Hijas de Galicia, en una imagen de 1925
El hospital de Hijas de Galicia, en una imagen de 1925 A.M.F.

Luis Fernández Albo y Luis Cotarelo Reinante estuvieron al frente de una sociedad que asistió a 60.000 mujeres

08 mar 2020 . Actualizado a las 21:25 h.

Hijas de Galicia fue una sociedad constituida en Cuba en 1917 para ayudar, asistir y defender a miles de mujeres emigrantes gallegas de los abusos y discriminaciones que sufrían. En 1924, abrió el Hospital Concepción Arenal que aún hoy es una referencia sanitaria y el más famoso del país. Y en 1938 construyó un gran Balneario social para ocio y reposo. No hubo sociedad igual de mujeres en el mundo. Llegó a contar con 60.000 asociadas.

Todo eso no lo levantó la nada, ni el Estado, ni un gobierno, ni una ministra de igualdad, ni un concejal de ocio y tiempo libre. Lo hizo la sociedad civil, los emigrantes gallegos. Mujeres y hombres sensibilizados y comprometidos desde un ejemplar sentido de la fraternidad y la justicia y con una generosa dosis de trabajo, de compañerismo y de lágrimas. A tres mariñáns -Antonio Bouso, de Riotorto, Luis Cotarelo Reinante, de Ribadeo, y Luis Fernández Albo, de Viveiro- les cupo el honor y la gloria de presidir esa entidad cima de la solidaridad humana y orgullo de Galicia y de la emigración gallega.

Desde su origen en 1879, el Centro Gallego funcionaba de manera jerárquica en torno a los hombres y dejaba muy poco espacio a las mujeres que eran excluidas de muchos de los servicios que prestaba a pesar de estar ellas, a menudo, en circunstancias de marginalidad y exclusión social. Periodistas como el barreirense Juan Ramón Somoza, Roberto Blanco Torres o Mercedes Vietto y pocos más denunciaron que las féminas eran marginadas por sus paisanos y abanderaron campañas en contra de la discriminación étnica y de género que sufrían.

Desamparo y marginalidad

La primera sociedad que apoyó la lucha contra ese atropello fue Solidaridad Pontevedresa de la que nació en 1917 Hijas de Galicia para ayudar a las gallegas emigrantes en Cuba. Mujeres que solían trabajar de criadas, sin derechos, en oficios mal pagados o arrojadas directamente de modo inmisericorde a la prostitución. La mayoría estaba en situación de total desamparo, tanto social como familiar.

Su primer dirigente fue Avelino Pérez Vilanova. Y de A Mariña fueron tres los presidentes: Luis Cotarelo Reinante (1933-1935), de Ribadeo; el riotortense Antonio Bouso (1942-1944 y 1946-1949) y Luís Fernández Albo, de Viveiro, (1949-1951).

Bouso era un emigrante de Riotorto que, en sus periodos al frente de la directiva de Hijas de Galicia, contó con dos convecinos también emigrantes, José y Andrés Bargueiras. Estaba casado con Manuela Alonso con la que en 1909 tuvo un hijo, Antonio Bouso Alonso, que fue gerente de Fernández Hermanos, una empresa de importación de víveres que, en los años 50, facturaba un millón de dólares. En su domicilio de Santa Clara 31, de La Habana, se fundó Emigrados de Riotorto que tuvo como primer presidente a Pedro Vila y que él mismo dirigió entre 1934 y 1936.

Un gran hospital, un equipo de voleibol campeón de Cuba y casos de abuso sexual

Las gallegas llegaban desprotegidas a Cuba y, a menudo, eran captadas por intermediarios que, haciéndose pasar por novios o familia, las obligaban a prostituirse. Según el historiador González Pagés, en los expedientes históricos de penales cubanos, de más de 2034 sentencias la mayoría eran de mujeres gallegas de 25 a 40 años, sin empleo fijo ni estudios, solteras y procedentes de Lugo y Ourense.

Pagés recuperó el caso de Blanca García Díaz, La Rapaciña. Su tio la violaba desde los 15 años y obligaba a mantener relaciones con él y con su primo. Cuando denunció, la echó a la calle y su vida se llenó de conflictos y enfermedades venéreas. La coruñesa María García Martínez fue utilizada para fotos y pornografía desde los 14 años. Terminó en la prostitución con un proxeneta que le cortó la cara por no poder pagarle.