El patrimonio religioso de A Mariña peligra por el abandono del rural

En los últimos meses se han sucedido los robos en distintas iglesias parroquiales


viveiro / la voz

El valioso patrimonio religioso que atesoran las iglesias parroquiales de A Mariña está en peligro debido al abandono del rural. La ausencia de casas habitadas en el entorno de unos templos que antaño estaban llenos de vida y de feligreses «favorece» que se produzcan sucesos como los que se han registrado en los últimos meses en varios templos rurales de la unidad pastoral de Viveiro. El más reciente tuvo lugar la semana pasada de madrugada en la iglesia parroquial de Santiago de Bravos, en Ourol, cuando los ladrones robaron alrededor de 60 euros en monedas de los lampadarios después de revolver toda la sacristía tirando al suelo ropa, libros y otros objetos. Pero más que el dinero en sí, los sacerdotes que se ocupan del templo lamentan los importantes daños que causaron los vándalos para acceder al interior del templo, puesto que rompieron una puerta antigua situada a la derecha de la principal.

Según información facilitada, este modus operandi se repite con frecuencia, y en los últimos tiempos ha habido robos de similares características en iglesias como las de Santa María de Magazos, San Andrés de Boimente y Santa María de Chavín, en Viveiro; o en la de Santa Eulalia de Merille, en Ourol. En casi todos los casos, los robos suponen importantes agresiones al patrimonio puesto que los costes de reparación de estas puertas de madera tan antiguas superan con facilidad los trescientos euros.

«O problema é que as parroquias quedan sen xente e a pouca que hai non sae fóra de noite»

Profundo coñecedor das igrexas rurais mariñanas, un dos sacerdotes da Unidade Pastoral de Viveiro, Román Escourido Basanta, destaca que os roubos acontecidos ao longo dos últimos meses nesta zona van máis alá «da simple anécdota». «A xente debe ser consciente de que se está danando o patrimonio. En Bravos é a terceira vez que entran na igrexa consecutivamente, e sempre rompendo as portas...», comenta o relixioso, que indica que, dun tempo a esta parte, rara vez se deixan nas igrexas os «escasos» cartos das boetas, as caixas ou bolsas nas que se recollen as esmolas, ou dos lampadarios despois da celebración das misas por temor á actuación dos amigos do alleo. O sacerdote viveirense destaca o traballo dos axentes da Garda Civil, pese á escaseza de medios que ten o corpo para cubrir con garantías o rural. «O problema é que as parroquias quedan sen xente, e a pouca que hai non sae fóra de noite, ou porque é maior ou porque ten medo porque non queda ninguén. E así as igrexas están soas, abandonadas», reflexiona.

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