Inés Rivadeneira, una mezzo que voló muy alto

La lucense se trasladó a Madrid a los 18 años para comenzar sus estudios musicales en el conservatorio


LUGO / LA VOZ

Inés Rivadeneira (Lugo, 1928) es una mezzosoprano que pasó su niñez en Valladolid. Desde pequeña escuchó y aprendió música popular gallega que luego repitió en el colegio. Fue entonces cuando nació su pasión y amor por el canto. Formó parte del coro de las Dominicanas de San Pablo, cuyo director descubrió la clara vocación musical de esta lucense. Fue entonces cuando empezó a aprender. Al ser hija de militar no recibió apoyo familiar puesto que nadie entendía que Inés quisiera hacer teatro. Su gran fan fue su hermano Manolo, que la animó a seguir su vocación en unos años en los que las mujeres estaban relegadas al ámbito doméstico y de la crianza. Rivadeneira demostró que ella sola podía desarrollarse como mujer y como música. Y no dudó en enfrentarse a sus miedos para conseguirlo. Aún sin saberlo, ella formó parte de ese grupo de mujeres que asentaron los pilares de un feminismo que reivindicaba el desarrollo de las mujeres en el ámbito artístico.

A los 18 años se trasladó a Madrid pensionada por la Diputación de Valladolid y empezó a estudiar en el conservatorio. Aprendió de Angeles Otrein y Lola Rodríguez de Aragón. Culminó con un Premio Fin de Carrera. Su debut fue en 1951, en Valladolid, cantando páginas de Verdi, Giordano y Bizet. Un año después se estrenó en el Liceo de Barcelona con la ópera Soledad, de Juan Manén.

Sería difícil resumir la historia de Inés en tan solo una página, pero es imprescindible recordar que participó en la reapertura de la Zarzuela, en 1956. Su carrera transcurrió por muchos lugares y se retiró en 1973, a los 45 años. Su última actuación fue en el Albert Hall de Londres.

Una mujer con calidad humana

Julián Jesús Pérez acaba de publicar una biografía de la artista bajo el título de Inés Rivadeneira, una vida para el canto. Si Julián tuviese que definir a esta mujer con dos palabras elegiría generosidad y seriedad profesional. «También su calidad humana, su honestidad, sus altos principios». Ella le enseñó mucho más que canto. Recibió sus enseñanzas durante diez años. «Me enseñó muchas cosas sobre el mundo profesional de la música, pero también sobre la vida misma», explica Julián, que la considera como una segunda madre en lo referente a muchos aspectos.

Elisa Moscoso es prima de Inés y profesora de Lenguaje Musical. La conoce muy bien, en parte por el gran aprecio que le tiene y por la convivencia que desempeñaron las dos. «Es expresiva y alegre. Yo soy pianista. Vi todas las actuaciones de Inés, que marcaron mucho mi vida. Todos los años venían a casa», cuenta Elisa, que admite que las dos siempre han encajado muy bien. Algo que comprobó durante las largas temporadas que pasó en Madrid con su tía, «una pedagoga extraordinaria y una persona abierta, respetuosa con todos».

Una historia de vocación

Si en algo coinciden historiadores y músicos es en que Inés Rivadeneira es una de las mejores cantantes españolas del siglo XX. Su trayectoria internacional es impecable y, después de jubilarse, ocupó una cátedra en la Escuela Superior de Canto de Madrid hasta su jubilación, formando a nuevos alumnos apasionados por el mundo musical.

Con 25 años recibió el Premio Nacional de Lírica y nunca se apartó de su gran pasión. Decía que cantar con naturalidad y como si estuviese hablando era su mejor truco y que la relajación es algo fundamental en este oficio, evitando la tensión y el esfuerzo vocal constante.

Inés participó en la reapertura de la Zarzuela, después de su reforma en el año 1956

Su familia la define como una persona alegre y honesta y como una pedagoga extraordinaria

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