Pepe Rivera, el emigrante de Viveiro que fabricaba las ilusiones del Teatro Martí

La Voz

A MARIÑA

DAVID F. VILLAR

Había nacido en 1878 en Viveiro en una familia de labradores

10 ago 2019 . Actualizado a las 22:39 h.

El 19 de mayo de 1957, en la sección Gente Desconocida, la prestigiosa revista cubana Carteles publicaba un reportaje de seis páginas con el título «Pepe Rivera, el fabricante de ilusiones». El texto era de Onelio Jorge Cardoso, famoso periodista y escritor, y las fotos de José Tabio, luego director del Instituto Cubano de Cinematografía. Pepe Rivera, en efecto, fabricaba ilusiones. Tenía entonces 79 años y llevaba en Cuba 50. En los últimos 30, había sido el encargado de confeccionar los más variados objetos que servían de atrezzo a las obras que se representaban en el gran Teatro Martí de La Habana.

Había nacido, según decía, en Viveiro (Lugo) en 1878 en el seno de una familia de labradores. De niño, trabajó la tierra pero no le gustaba y pronto aprendió a coser con un sastre que iba de casa en casa haciendo arreglos o ropa a medida. Luego fue carpintero y en 1907 emigró a Cuba. Apenas ganaba para sobrevivir pero sabía manejar con destreza el cantil, a eixola, el serrón, la cepilladora… Con ese bagaje llegó a La Habana. Y no le resultó difícil encontrar trabajo de ebanista en un taller. Supo adaptarse a las modernas herramientas, a la nueva realidad y a un país diferente. Nacía la República de Cuba, el futuro era alegre y confiado, y todo estaba por hacer.

Rivera se integró de lleno en esa emergente sociedad. Vestía guayabera o traje blanco, fumaba puros, usaba sombrero Panamá. Le gustaba bailar el son, los aguacates, las mulatas. Se enamoró de una, llamada Sara, con la que tuvo ocho hijos ?Neira Vilas dice que eran cuatro- de los que sólo sobrevivió uno, Alberto. Con ella vivió lunas de miel y de hiel pues, antes de morir, permaneció inválida en cama durante 18 años...