«Los viveirenses quieren mucho al Resu, nos hacen sentir como en casa»

Elogios y agradecimientos se suceden en boca de los asistentes al festival

j.a.
viveiro / la voz

La multitud de asistentes al festival mariñano disfrutaron el sábado del último día de música de esta decimocuarta edición del Resurrection Fest. Venidos desde lugares de todo el mundo, en Viveiro se dieron cita miles de personas con un rasgo común: la pasión por el heavy metal, el rock, el punk y sus variantes.

Es el caso de Meri, Gerard y Esteve, de Girona. Coinciden al decir que «está muy bien organizado» y destacan el hecho de que el cámping sea gratis, algo que no pasa en todos los festivales. «Perdí el móvil el viernes y al momento ya me lo habían devuelto», dice Meri con una sonrisa en la boca. Esteve, por su parte, destaca la «movilización» que realiza todo el pueblo. Este catalán nota mucho «que la gente quiere al festival, te sientes como en casa». Además, piensa que el Resu «está a unos niveles musicales insuperables». En ello coincide Gerard, que añade que «la gestión de la crisis de la tormenta del jueves fue estupenda». Sin duda fue uno de los momentos críticos de esta edición del festival, saldado con nota.

Llegados desde Valladolid, Samuel y Sergio también hablan maravillas del Resu en este, su primer año. «Por poner un pero, quizás, el sonido del escenario principal», se quejan. Aunque asumen el problema con resignación: «Hay que saber colocarse en el lugar adecuado, no es nada más».

Conjura en Covas y peregrinaje por Lodeiro, los pasos previos antes de llegar a Celeiro

La principal necesidad de los acampados en el Parque Pernas Peón fue la de secar su ropa. Aunque la inestabilidad atmosférica de estos días diese pie a pensar que el parque podría haberse convertido en un lodazal, todo lo contrario. Poco más que unos charcos eran horas después el saldo que había dejado la lluvia del jueves, además de los incontables tendales que hacían confundir a las camisetas con las banderas. Desde los pocos árboles que quedan hasta los columpios o el tobogán, cualquier lugar era válido para secar las prendas que el día anterior habían acabado empapadas.

?Las fronteras del Pernas Peón fueron totalmente traspasadas. Una hilera de tiendas se extendía desde prácticamente Os Castelos hasta O Cembedo. Donde había campo, había lugar para clavar los ganchos de las tiendas que durante un largo fin de semana sirvieron de hogar a tantas personas en Viveiro.

En una perfecta combinación, los resus se fundían con las familias que paseaban por los aledaños de la playa de Covas sin mayor problema.

Llegadas las seis de la tarde, comenzaba la peregrinación. Porque, aunque no parezcan muy católicos, los de la religión del heavy también peregrinan. Así, caminando por Lodeiro hasta el campo de Lavandeiras se forjaron amistades que comenzaron bajo un toldo del Parque de Covas. Un recorrido que será recordado por muchos de ellos como un tránsito característico más del gran festival viveirense.

No tienen ninguna duda: A Mariña los ha cautivado y no solo por la música

Sergio y Samuel, vallisoletanos, tienen su caravana en Area, lugar que describen como «una maravilla». No se queda atrás Xilloi, en O Vicedo, donde están Gerard y sus compañeros. «El paisaje es impresionante, tenéis mucha suerte», comentan. Ya es el segundo año que acampan y, por supuesto, esperan repetir.

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