Lourido Cabanas, un panadero poeta en la ley de industria molinera argentina

Martín Fernández

A MARIÑA

ARCHIVO MARTÍN FERNÁNDEZ

30 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Se llamaba Constantino Lourido Cabanas. A los 19 años marchó a la Argentina y tres después era dueño de una panadería. Su vida no transcurrió por sendas trilladas sino por campos abiertos e inciertos caminos que él mismo construyó. Viajó, aprendió, innovó. Supo adaptarse a entornos cambiantes y planto árboles que aún florecen. Hoy, en Villa Devoto y Buenos Aires, las Confiterías y Panaderías Lourido son sinónimo de calidad y buen hacer. Amaba a Galicia y le dedicó un libro. Y promovió la ley de la industria molinera argentina. Nunca fue funcionario.

Había nacido el 14 de febrero de 1900 en Santa María de Galegos, parroquia de Orrea (Riotorto). Cuando llegó al Río de la Plata, empezó a trabajar de operario de panadería con su primo José Loureiro Cabanas. Y tres años después ya disponía del dinero suficiente para abrir una de su propiedad.

Un reportaje de la revista Caras y Caretas del 3 de diciembre de 1938 dice que ese negocio inicial le fue mal pero que “el contratiempo no le desalentó porque tenía fe”. Y al poco tiempo lo intentó de nuevo en un local de la calle Moreno 334 donde abrió la Confitería Savona. Cuando acreditó y dotó de prestigio al negocio, lo vendió y con las ganancias amplió horizontes...

En 1927 ?ya casado con Querubina Llousas Llousas, una emigrante de Sadrarín (Ribeira de Piquín) que le dio tres hijos: Amalia, Laura y Querubina, fallecida prematuramente- se instaló en Villa Devoto, hoy barrio residencial de Buenos Aires pero entonces ciudad próxima a la capital. Allí, en la calle Segurola 2381, construyó un edificio que habría de ser la base de sus futuros adelantos industriales. Faltaban dos años para el primer decenio de su llegada a la Argentina y ya Constantino y su mujer regían varios negocios de repostería con la marca Lourido.

Ley de la industria molinera

Su segunda panadería la abrió en la Avenida Tres Cruces 4271, la tercera en Lope de Vega 1864, la cuarta en Bermúdez 2476 y la quinta en Nueva York 4977. Así, hasta la treintena que llegaron a tener entre Villa Devoto y la capital… Cuando las cosas le empezaron a ir bien, Lourido viajó a Estados Unidos y otros países de América y Europa para aprender, mejorar e innovar. En 1933 visitó la fábrica Krupp, en Alemania, y compró moderna maquinaria que lo convirtió en un impulsor y un pionero de la mecanización de la fabricación del pan en Argentina. Su prestigio y su conocimiento del sector eran altos. Y por eso promovió ese mismo año ante el Ministro de Agricultura, Miguel Ángel Cárcano, la tipificación de la harina en base a la calidad. El gobierno acogió muy bien su propuesta y el periódico La Nación recogió así, a doble página, el resultado: “A raíz de las gestiones de don Constantino Lourido se promulgó el decreto que reglamenta la industria molinera”.

Donó una sala de maternidad y ayudó a las 9.000 víctimas del terremoto de San Juan

Constantino Lourido cuidó mucho la labor social y humanitaria y fue un reconocido filántropo. Donó una Sala de Maternidad para el hospital de ciudad de Pilar, en sus panaderías siempre ayudó a los desfavorecidos, promovió iniciativas sociales en Villa Devoto y en 1944, con ocasión del terremoto de San Juan que provocó 9.000 víctimas y la práctica destrucción de la ciudad, el propio gobierno destacó los cheques de socorro que Lourido había aportado para los damnificados.

Si Galicia iba con él y siempre transmitía ese sentimiento a quienes le rodeaban, Argentina era su patria adoptiva. Por eso se implicó a fondo en su sociedad y en sus entidades civiles. Fundó y presidió la sociedad de patrones panaderos de Villa Devoto, fue miembro del Centro Industrial de Patrones Panaderos, de la Bolsa de Cereales y de la Bolsa de Comercio, y accionista y directivo de varias sociedades mercantiles.

En la exposición de Florencia (Italia) de 1927 obtuvo la Medalla de Oro por la excelencia de sus productos y en la primera exposición argentina Del trigo al pan de 1938 recibió una Mención Honorífica. Para estar atento a las tendencias y novedades internacionales de su sector, se vinculó al Consorcio de Panaderos de Madrid y al Sindicato de Patrones Panaderos de París.