David Díaz, anarquista de Lourenzá expulsado de Cuba y asesinado en el 36


David Díaz Rodríguez nació en Lourenzá un 7 de noviembre de 1896. Era hijo de humildes jornaleros y estudió en el Seminario de Mondoñedo. Tuvo una vida aventurera, emigró a Cuba y lo expulsaron por anarquista. Fue profesor, fundó periódicos y fue perseguido y represaliado por sus ideas. Militó en el Partido Radical de Lerroux y, desencantado por su alianza con la derecha, se pasó a la formación de Manuel Azaña en 1933. Fue nombrado depositario de fondos del Ayuntamiento de Cañete de las Torres (Córdoba) y en 1936 cayó víctima de la sinrazón, la mezquindad, el resentimiento y la violencia. Esta vez fue un grupo de republicanos incontrolados los que dejaron a un inocente en la cuneta con un tiro en la nuca…

Era el menor de cuatro hermanos y a los 11 años ingresó en el Seminario gracias al “cupo de pobres”. Su nieto, David Sánchez Díaz, recuerda a su abuelo en su libro Memorias desde el corazón y dice que su estancia en el centro le permitió conocer la obra de ilustrados como Diderot, Montesquieu o Rousseau que resultaron determinantes en su educación.

Dejó el colegio a los 18 años y se incorporó al naciente mundo sindical, entonces radical e ideologizado. Desde las Juventudes Libertarias defendía ideas anarquistas, escribía crónicas y folletos, impartía mítines y charlas formativas. A los 20 años marchó de polizón a Cuba desde A Coruña con el seudónimo Delio Daniel.

Pueblonuevo del Terrible

Cuba era entonces una encrucijada de vidas y caminos, un hervidero de ideas novedosas y distintas. El anarquismo tenía gran influencia entre los trabajadores tras abolirse la esclavitud y acceder a la independencia. David Díaz prosiguió allí con sus actividades y colaboraba en medios de Argentina, Uruguay y Estados Unidos. En 1918, vivió un tiempo en Nueva York pero pronto regresó a la isla. Y en diciembre de ese año fue expulsado a España por “propagandista pernicioso”. A los gobiernos de la oligarquía cubana no les temblaba el pulso para conservar privilegios y reprimían sin piedad a inmigrantes de ideas “raras y disolventes”. David fue uno de ellos. Uno de los cientos de gallegos excluidos y devueltos a casa por su compromiso social y político.

Llegó a Algeciras y puso en marcha un semanario obrero. Pero fue reclamado por el Gobierno Civil de Lugo y trasladado a la ciudad por la Guardia Civil. Permaneció un tiempo encarcelado y, al salir, dirigió periódicos como El Combate o La Voz del Obrero en A Coruña y fundó las Juventudes y la Biblioteca Libertaria. Colaboraba en el semanario madrileño Nueva Senda ?que propugnaba el comunismo libertario contrario a los cenetistas adheridos a la Internacional Roja- y fue procesado por delitos de imprenta y contra el libre ejercicio del culto...

En las huelgas de los años 20, tuvo un activo papel y fue detenido y desterrado a Valdavia (Palencia) y a Pueblonuevo del Terrible (Córdoba), hoy Pueblonuevo-Peñarroya tras fusionarse ambas en 1927. La ciudad tenía entonces 24.000 habitantes y era el más importante polo industrial y minero de Andalucía con explotaciones de plomo, central térmica, talleres de desplatación, productos químicos, etc. Allí tuvo su hora alta, que fue también su trágica hora.

Un idealista que apoyó a Lerroux y a Azaña, y acabó de depositario de fondos de Cañete de las Torres

La política iba en el ADN de David Díaz. Su hijo Elías lo recordaba así: «Mi padre era alto, con lentes y elegante. Tenía esa personalidad innata que atraía y que hacía respetarlo sin miedo. Cuando hablaba, callaba todo el mundo y convencía aunque fueran de partidos contrarios. Tenía un gran poder de convocatoria. Y tuvo frecuentes problemas por lo avanzado de sus ideas pues era un idealista que terminó siendo de Izquierda Republicana de Azaña».

En efecto, en 1930, tras años de militancia anarquista, se afilió al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux del que fue secretario en Pueblonuevo. Al proclamarse la Segunda República al año siguiente, se incorporó a La Voz de Córdoba y fue un gran propagandista en defensa de ella y del gobierno republicano-socialista de Azaña.

Dos años después, Lerroux llegó al gobierno con el apoyo de la CEDA de Gil Robles (Confederación Española de Derechas Autónomas) y nombró a David Díaz Depositario de Fondos del Ayuntamiento de Cañete de Las Torres (Córdoba). Entonces, su esposa estaba internada en el Sanatorio del Neveral, en Jaén, aquejada de una grave enfermedad. A ese problema personal, el laurentino unió su desencanto político tras los sucesos de Casas Viejas ?asesinato de anarquistas- y de la Revolución de Asturias, machacada por el gobierno. Abandonó el Partido Radical y se unió al partido de Azaña.

En julio de 1936, al inicio del Golpe de Estado de Franco y los militares, el Comité Revolucionario de Cañete de las Torres, formado para defender la República, lo detuvo con vagas acusaciones personales y políticas. Fue asesinado al mes siguiente. Los esfuerzos del Gobernador Civil republicano de Córdoba, Fernando Carrión, y del diputado Eduardo Blanco no llegaron a tiempo para salvar su vida de la sinrazón, de la mezquindad, del resentimiento, de la violencia…

martinfvizoso@gmail.com

Fue profesor y creó un semanario con colaboradores gallegos

En Pueblonuevo del Terrible, David Díaz se alojó en la Pensión Calderón, en la calle San Pedro, y al poco tiempo se casó con una de las hijas de los dueños. Encontró apoyos y sacó a la luz un semanario republicano y anarquista llamado Don Quijote. El cronista oficial de Peñarroya-Pueblonuevo, Jerónimo López Mohedano, dice que era una publicación regeneradora y de calidad aparecida en 1924 y dirigida a un público progresista, culto y liberal. Tenía prestigio y se distribuía en Andalucía y Madrid.

Entre otros, escribían en ella Miguel de Unamuno, exiliado en Fuerteventura por sus críticas a la Dictadura y a Alfonso XIII; Servando Gerpe, periodista compostelano, luego director de Cosmopolita y Renovación y colaborador de La Emigración Española; el ferrolano Ramón Goy de Silva, novelista, dramaturgo y poeta vinculado al Modernismo; el riojano Armando Buscarini; y al también gallego Julio Camba, expulsado de Argentina por anarquista y uno de los más grandes periodistas españoles que, entre otros medios, trabajó para El Mundo, La Tribuna, El Sol o ABC.

Al tiempo que dirigía y editaba Don Quijote, David Díaz fundó un colegio, llamado Luz y Vida, con el también anarquista Aquilino Medina. Tenía seis hijos y precisaba ingresos, por lo que, además, pronunciaba conferencias, defendía el papel social de la mujer y escribía en revistas como El Pueblo, de Blasco Ibáñez (con quién se carteaba con familiaridad) o El Amigo del Pueblo y era corresponsal del periódico La Voz de Córdoba.

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