Los furtivos se las saben (casi) todas

Cuatro pillados por la Guardia Civil en Ribadeo se enfrentan a multas de 7.200 euros


viveiro / la voz

A punto de cumplirse cuatro años desde que el furtivismo pasó de ser una infracción administrativa a un delito penal, los mariscadores ilegales se han adaptado para mantener un negocio ilegal lucrativo. Se las saben todas, cuentan dirigentes del sector pesquero mariñano. En realidad casi todas, porque fuerzas de seguridad y vigilantes de las cofradías están al tanto de todas sus estratagemas para escurrir el bulto. Aunque cada vez parezca más complicado sorprenderlos, no todos escapan. Por ejemplo, cuatro de un grupo de cinco sorprendidos por la Guardia Civil en la costa de Ribadeo se enfrentan este martes en el Juzgado Penal 1 de Lugo a 7.200 euros de multa.

«Que si sigue o furtivismo? Como sempre ou peor!», lamentan al unísono tres conocidos profesionales del mar de A Mariña que piden que se preserven sus identidades públicamente. Entre otras razones, porque «todos nos coñecemos» y cada poco se repiten las amenazas de los que llaman «furtivos profesionais» a los legales y a sus dirigentes.

Vigilantes vigilados

El percebe es el botín más atractivo para los furtivos que operan en la costa lucense. Desde que el marisqueo ilegal está tipificado como delito penal, no ha trascendido ninguna condena a prisión, el castigo máximo imponible. Se les ha complicado lo de eludir las sanciones económicas escudándose en insolvencias, pero ni así los disuaden.

Sí han extremado las precauciones, que conocen mariscadores con licencia, guardas de las cofradías y fuerzas de seguridad como la Guardia Civil. Es más difícil pillarlos, porque en su afán de no ser detectados procuran no extraer marisco por las mañanas; prefieren las tardes porque no hay profesionales faenando que puedan verles. Por esa misma razón y aunque el riesgo de lesionarse aumenta, también se amparan en la oscuridad del atardecer o de la noche, alumbrándose con linternas. Quienes saben de sus andanzas también explican que tienen por norma moverse cuando las fuerzas del orden están en los cuarteles por los cambios de guardia. Sus métodos de protección incluyen controlar quienes a los vigilan, con al menos uno del grupo pendiente y preparado para avisarlos por móvil.

De momento no han cambiado sus «herramientas de trabajo»: trajes de neopreno para protegerse de la humedad y del frío, panferras para sacar los percebes de las rocas y bolsas de red para guardarlos. Complementos indispensables, coches de escaso valor e incluso alquilados, para que no les incauten los suyos si los sorprenden «in fraganti».

Y eso es justo lo que les pasó a cuatro que este martes por la mañana se sientan en el banquillo de los acusados del Penal 1 de Lugo. Tres años atrás, entre las once y media de la noche y poco después de la una de la madrugada, la Guardia Civil los localizó «recogiendo percebes en las rocas de la zona denominada Punta Corva Mariña, en las proximidades de Ribadeo». Según la acusación pública, los observaron «claramente mariscando por las rocas», pese a «carecer de cualquier tipo de licencia».

Contra los recursos naturales

Para la Fiscalía, cometieron «un delito contra los recursos naturales». Por eso solicita para cada uno una condena de seis meses de multa con diez euros diarios cuota, lo que les sale en unos 1.800 euros por cabeza. También les pide tres años de inhabilitación «especial para el ejercicio del derecho a cazar o realizar actividades de marisqueo». El escrito de la acusación pública no indica si les incautaron percebe.

Queda por ver si cuando comparezcan en el juzgado de Lugo alegarán lo mismo que otros que los precedieron: se declaran furtivos por necesidad; o sea, extraen ilegalmente marisco para subsistir. La Ley dice que pueden ser condenados a multas de entre cuatro y ocho meses y, en los casos más graves o de reincidentes, incluso cabe la posibilidad de que acaben en prisión, con penas de seis meses a dos años.

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