El asesinato de García Mon, el médico de Viveiro que cobraba por librar de la mili

Socio fundador y de honra, y representante de Chavín en la sociedad de los emigrantes viveirenses


En 1923 un crimen conmocionó A Estrada. Los hermanos José y Antonio Morlán fueron asesinados a navajazos en una reyerta por un vecino de la parroquia estradense de Moreira. El criminal huyó a La Habana y el padre de las víctimas, Manuel Morlán Barreiro, marchó tras él, ávido de venganza y de justicia, para localizarlo, denunciarlo y ponerlo a disposición de la Ley.

Dos años después, el 30 de marzo de 1925, el doctor Ramón García Mon, natural de Boimente (Viveiro), médico de la Embajada de España en Cuba y presidente de la Asociación Iniciadora y Protectora de la Academia Gallega, cayó asesinado a tiros junto a su chófer, Manuel Iglesias Rodríguez, a la salida de su consultorio en la calle Sol esquina a Aguacate, en La Habana.

Ambas muertes ?de las que informan ampliamente ABC, el Diario de la Marina, Eco de Galicia y el Boletín de la Academia Gallega, entre otros- no tenían, en principio, relación alguna. Pero a la vida le gustan las simetrías, los circunloquios, las sorpresas.

Morlán, el justiciero padre, llevaba dos años pateando calles, garitos y arrabales de La Habana en busca del fugitivo. Y cuando ya había agotado los medios y perdidas las esperanzas, de repente se encontró en los periódicos con la foto de Antonio Gómez Sar -alias El Legionario y El Mulero-, el criminal de Moreira que liquidara a sus hijos. Aparecía en los papeles como autor de la muerte del médico viveirense y de su chófer.

De inmediato, se presentó a las autoridades, denunció lo sucedido en A Estrada dos años antes, reconoció a Gómez como el homicida de sus hijos e inició los trámites para pedir su extradición y juzgarlo en España. Pero las cosas no suceden como uno quiere sino como se producen. Y aquello no cuajó…

Un criminal obstinado

El asesinato de García Ron fue todo un suceso en La Habana y entre los emigrantes gallegos. La sentencia relata que El Legionario se presentó aquel 30 de marzo de 1925 en la consulta del doctor y con una pistola le hizo dos disparos fallidos. El viveirense no se arredró y lo persiguió escaleras abajo del edificio. Al oír las detonaciones y el griterío, su chófer, Manuel Iglesias, acudió en su auxilio y, tras un violento forcejeo, desarmó al Mulero pero este sacó de su chaqueta un revólver calibre 38 y se dirigió hacia García Ron amenazándolo de nuevo.

El chófer estaba paralizado, con la pistola que le había quitado a Gómez Sar, inmóvil y preso de gran nerviosismo. Pero un transeúnte, dándose cuenta de lo que ocurría, asestó varios golpes en la cabeza a El Legionario y posibilitó que García Ron quitase al agresor la segunda arma que esgrimía antes de que pudiese usarla.

El criminal quedó tirado en la acera doliéndose de los golpes. Y de repente, se levantó y cruzó la calle en actitud de marcharse. No lo hizo. Había ido a buscar un tercer revólver a un coche que estaba aparcado enfrente, regresó y disparó primero contra Iglesias y luego contra el doctor García Ron, por dos veces. Esta vez ambos cayeron y no se levantaron más, abatidos por las balas del obstinado criminal…

Un déspota y la desvergüenza en la Embajada de España

El móvil del doble crimen nunca se probó. Pero todos los indicios conducían a una certeza. García Mon se había comprometido con el homicida a eximirlo del servicio militar en España previa entrega de cierta cantidad de dinero. Pero ni cumplió su compromiso ni devolvió el dinero. Y el El Legionario decidió matarlo.

Un editorial de Eco de Galicia del 5 de abril de 1925 resulta esclarecedor. El autor condena la muerte del doctor y su chófer y dice no querer analizar el móvil pues “para eso está la justicia”. Pero advierte de que “conocedores de la actuación que el doctor García Mon vino desempeñando dentro de la Embajada de España y del carácter despótico con que trataba a quienes tenían necesidad de acudir a él, nos inclinamos a creer que los motivos que armaron el brazo del criminal hay que buscarlos, precisamente, dentro de la actuación de esa oficina consular donde tantas y tan grandes desvergüenzas se cometieron con los infelices españoles, sobre todo con los comprendidos en el servicio militar”.

El cronista desea que los hechos no se repitan pero “también es de desear que los que han sido nombrados para defender y dirigir los intereses de los españoles no se constituyan en sus explotadores”. Así que parece que la corrupción estuvo detrás del crimen...

En el juicio, se condenó a Gómez Sar a 29 años, 1 mes y 2 días de cárcel como autor de dos homicidios. Pero al poco tiempo los médicos ?basándose en las actitudes del reo durante la causa- diagnosticaron que mostraba signos de locura. Y un informe del jefe del presidio ratificó su alteración mental y destacó su buena conducta... De nada sirvió que un magistrado dijera que era “un gran simulador”. Se le aplicó una amnistía y se le redujo la condena a 60 días de reclusión en un siquiátrico…

El gobierno español no pudo extraditar al criminal. Y finalmente Manuel Morlán Barreiro regresó a A Estrada sin hacer las Américas y sin saciar su sed de justicia y venganza... Seguro que hubiera preferido la “justicia catalana”, la que se aplicaba sin dilación ni miramiento de reglas procesales en Cataluña antes de que la nueva planta judicial implantada por Felipe V acabara con los tambien corruptos tribunales catalanes de origen medieval…

Socio fundador y de honra, y representante de Chavín en la sociedad de los emigrantes viveirenses

Ramón García Mon formó parte de la gestora que, en 1910, elaboró el reglamento de Vivero y su Comarca en Cuba y convocó las primeras elecciones para su directiva. Además de él, la formaban Justo Taladrid, Amando Cora, Tomás Ramos Riguera, Jesús Fernández Victorio, Antonio Pernas Corral, Eusebio Balseiro, Manuel Cabaleiro, Segundo M. Timiraos, Francisco Rodríguez, Pedro Pernas, Antonio Pedreira, Luis Martínez, Silvestre López Veiga, Benito Lage y Perfecto Cao. Todos fueron nombrados Socios Fundadores y de Honra.

En la primera directiva, elegida el 16 de abril de 1911, la directiva quedó formada por Justo Taladrid, presidente; Manuel Cabaleiro, vicepresidente; Tomás Ramos Riguera, secretario; José del Valle Moré, vicesecretario; Amando Cora, tesorero; y Jesús Pernas González, vicetesorero. Como vocales figuraban representantes de todas las parroquias del distrito y Ramón García Mon aparece como representante de Chavín.

Además de Vivero y su Comarca, García Mon participó también en la sociedad Hijos de Boimente, según consta en el número 152 de Eco de Galicia del 9 de octubre de 1921 y cuya fiesta de la patrona, celebrada en La Tropical, se reproduce en estas páginas.

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