El triste final del yate Garoa

El caso del que fuera yate turístico en A Mariña y que acabó hundido en el cañón del sil, se enreda ahora en los tribunales


MONFORTE / LA VOZ

El yate Garoa, que fuera embarcación turística en A Mariña, que ofrecía recorridos por la costa a mariñanos y visitantes, acabó hundido en el cañón del Sil a finales del 2017 y ahora también se enreda en los tribunales. 

El barco turístico Garoa empieza el 2019 igual que empezó el 2018, hundido en el cañón del Sil. A pesar del riesgo de contaminación por fugas procedentes de su depósito de combustible, la embarcación sigue debajo del agua y ni sus propietarios lo han sacado de ahí ni las autoridades han sido capaces todavía de obligarlos a hacerlo. El expediente abierto en su momento por la Confederación Hidrográfica Miño-Sil está parado porque los responsables del barco tienen interpuesto un recurso legal.

El Garoa se hundió en algún momento del fin de semana del 16 de diciembre del 2017, mientras el barco estaba amarrado a la orilla, junto al puente de Abeleda y frente al embarcadero que usan en Doade los catamaranes de la Diputación de Lugo. Ocurrió durante el paso por Galicia de la borrasca Ana, que dejó en esta zona lluvias intensas y vientos fuertes. En todo caso, en aquel momento este barco ya llevaba un tiempo en mal estado. Resultaba evidente porque tenía la línea de flotación demasiado baja, así que parece probable que el incremento del caudal del Sil que provocó aquella borrasca metiese agua en el caso y lo hiciese zozobrar.

La Confederación Hidrográfica Miño-Sil abrió enseguida un expediente sancionador y a la espera de que ese procedimiento se resolviese, y como medida cautelar, ordenaba a los propietarios del barco que lo sacasen del fondo del río.

Pero los denunciados presentaron un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Superior de Galicia y la orden de retirada ha quedado temporalmente en suspenso. En la confederación hidrográfica están a la espera de que ese tribunal decida si tiene que suspenderse o no esa orden en tanto no se resuelve el contencioso.

En los primeros días tras el hundimiento aparecieron en ese tramo del río manchas irisadas provocadas probablemente del combustible que llevaba el barco.

Cinco años en el río sin entrar en servicio antes del hundimiento

El Garoa es un barco de veintidós metros de eslora, pesa 33 toneladas y tiene capacidad para noventa pasajeros. En los años 90 tuvo su base en Viveiro, desde donde realizó durante seis recorridos turísticos por las Rías Altas. Cuando su propietario se jubiló lo puso en venta y en el 2010 acabó en Portomarín. Su nuevo propietario quería reformarlo por completo, pero la embarcación se encontraba en peor estado del que él pensaba y acabó por desistir. En el 2013, el barco fue adquirido por Casa Felisa, una casa de turismo rural situada en la parroquia monfortina de Marcelle. Sus nuevos dueños lo trasladaron el 25 de marzo de aquel año al embalse de Santo Estevo, pero cuando cinco años más tarde se hundió no había llegado a entrar en servicio ni un solo día.

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