De dirigir cruceros de lujo en el Caribe a planear un hotel en una aldea de Ourol

La pareja prevé alquilar en el futuro alguna de las casas que va a restaurar en Xerdiz


ourol / la voz

De dirigir cruceros de lujo en el Caribe, a proyectar un hotel rural en una recóndita aldea de Ourol. De esta forma se podría resumir el cambio de vida que están haciendo realidad Jeff y Claudia, una pareja de extranjeros que ha comprado cinco casas deshabitadas en el lugar de Vilachá, en Xerdiz. Hasta hace poco, y durante muchos años, su día a día transcurrió a bordo de un catamarán de lujo en el que, él como capitán y ella como cocinera, atendían a ricos turistas de Estados Unidos que recorren de una manera exclusiva las islas de Anguila (Reino Unido), San Martín (Francia y Holanda) y San Bartolomé (Francia). Cansados del calor, los mosquitos y la falta de espacio e intimidad, en el 2016 decidieron adquirir este pequeño pueblo que en tiempos llegó a tener más de 40 vecinos. «El último español que vivió aquí se llamaba Eduardo», comentó este londinense de 60 años días atrás mientras mostraba con orgullo una de las casas que les quedan sin restaurar, y que conserva una espectacular lareira con horno, escanos (bancos) y gramalleira (cadena de la que cuelga el pote sobre el fuego). «Vamos poco a poco, pero quizás en el futuro alquilemos una o dos casas», avanzó la pareja, que va restaurando paso a paso los inmuebles.

«Aquí el agua es más clara, los árboles más grandes y la gente más amable; Galicia es un secreto»

Disfrutar de la naturaleza, hacer ejercicio y yoga de una manera habitual para cuidarse y alimentarse bien a diario -son veganos- son algunos de los ideales que llevan a la práctica Jeff y Claudia. La pareja, que se enamoró en Grecia hace casi dos décadas, confiesa que vive feliz en Xerdiz, aunque viaja con frecuencia al Reino Unido, a Alemania y al sur de España para visitar a familiares y amigos. Para ello utilizan una autocaravana en la que Charly, una cariñosa perra que encontraron abandonada cerca de su domicilio, se ha convertido en pasajera imprescindible. «Aquí el agua es más clara, los árboles más grandes y la gente más amable; Galicia es un secreto», revela la pareja, que disfruta al máximo del silencio y la tranquilidad que se respira en Vilachá. Aunque se desplazan a menudo a Viveiro, donde tienen amigos, indican que Ourol es su lugar de referencia a la hora de hacer compras. «El problema de aquí es que no hay casi gente para practicar español», indica la mujer, que nació en la región de Baviera, cerca de Núremberg, hace 48 años.

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