«Para mí siempre fue importante que los niños vinieran contentos a clase»

Hoy es un día especial para ella, pues es su cumpleaños y se jubila como profesora en el CEIP de Covas, en Viveiro


viveiro / la voz

Procedente de una familia dedicada en gran parte a la docencia (su abuelo, su madre y todos sus hermanos), a los 21 años aprobaba a la primera las oposiciones. Para esta maestra del CEIP de Covas en Viveiro, el de hoy es un día singular y especial en su vida. Es su cumpleaños y se jubila. Alguna que otra sorpresa, que no puede ser desvelada obviamente, recibirá María del Carmen López Saavedra, viuda de Melchor Roel. «Todo el mundo me conoce por Maca», especifica sentada en el despacho de Dirección de este centro, asiento que también que ocuparía ahí durante dos décadas, desde 1991.

-¿Dónde nació?

-En Ferrol. Mi padre era militar. Cuando ascendió a comandante nos fuimos para Lugo y allí fue donde hice Magisterio.

-¿Recuerda su primer colegio?

-Estuve primero en Fiais (Quiroga) y tenía solo dos niños. Al año siguiente cerró la casa escuela porque no le compensaba a Educación pagarla. Les daba clase en la cocina; los niños traían la leña y la encendíamos. La escuela tenía vivienda pero yo vivía con una señora encantadora que esperaba a algunos lunes cuando llegaba yo a hacer la empanada de chorizo, tocino... de todo. Como sabía que me gustaba... Yo les llevaba cosas que no tenían. Después, fui a la Aneja de Lugo (había la masculina y la femenina) y estuve dos años. Y luego, otro año en la unitaria de Covas pero luego me mandaron definitiva forzosa a Canarias, a Santa Lucía de Tirajana, que era como el Caurel pero en caliente, es decir, un pueblo muy pequeño que quedaba a bastantes kilómetros de Las Palmas y todo por la que llamaban la ‘carretera de los cuchillos’. De aquella, ya me casé con Melchor y él vino conmigo a Canarias. Allí estuve un año y pedí para Celeiro, donde estuve después diez años. Entonces, pedí para Lugo, para Castro de Rei, donde pasé dos años y volví para Covas, donde me nombraron directora, al entrar en el año 1991.

-Un cargo que ocupó durante 20 años en ese centro, ¿verdad?

-En la etapa en la que Melchor era alcalde, para mí era mucho peso. Yo necesitaba dejar la dirección, estaba un poco saturada. Al principio, sí estaba contenta porque piensas que puedes cambiar el mundo pero después ves que hay cosas que no pueden cambiar porque no dependen de ti. Dejé la dirección porque quería estar más relajada y centrarme en dar clase, que era lo que más me gustaba a mí.

-¿Cómo se siente estos días?

-Hasta ahora bien, pero esta noche lo pasé fatal. No por la entrevista, no sé por qué... Son cosas que no puedes controlar, no sé si me explico. Mañana [por hoy] sé que vamos a ir comer fuera todos. Creo que mis compañeros del colegio de Covas me tienen una sorpresa preparada. También estoy un poco nerviosa por ello.

-Como profesora en tantos años, debe recordar a todos los niños que pasaron por su clase...

-Yo me acuerdo de todos los niños. Algunos de los que tengo ahora querían que siguiera. Siempre di clase en quinto, sexto, tercero y cuarto de Primaria. Por ejemplo, ahora estoy dando tercero y me da pena dejarlos.

-¿Cuál cree que ha sido el mejor regalo que les haya podido dejar como profesora, más allá del aprendizaje en si mismo?

-El mejor regalo que se puede dar es enseñarles a que sean mejores personas. Para mí, siempre fue muy importante que los niños vinieran contentos a clase, que lo que hicieran aquí lo hicieran a gusto, aunque hay que inculcar el respeto a las normas. Es muy importante que vengan a gusto porque tú también estás a gusto y sus padres también lo están.

-Algunos profesores comentan lo mucho que cambiaron las generaciones y la enseñanza.

-Es que la educación cambió en todos estos años. En cuarenta y pico años cambió mucho.

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