El expárroco Silvaje Aparisi regresará seis años después para ser juzgado

La vista por la desaparición de piezas en iglesias se celebrará el día 19 en Lugo


ribadeo / la voz

Seis años después de irse de A Mariña, el expárroco valenciano José Emilio Silvaje Aparisi regresará a Lugo para ser juzgado por el caso de las piezas y objetos de culto desaparecidos en iglesias que el atendía en Ribadeo y Trabada. La vista debía haberse celebrado el pasado mes de abril, pero fue aplazada por la huelga de funcionarios de la Justicia. Finalmente, se celebrará el día 19 en la Audiencia Provincial de Lugo. Silvaje está acusado por el ministerio fiscal (el único que finalmente se personó en la causa, tras desistir el Obispado de Mondoñedo-Ferrol) de un delito de apropiación indebida, mientras que el coleccionista mindoniense José Jaime de Orozco Sánchez será juzgado por un supuesto delito de receptación.

El fiscal pide para Silvaje una pena de cuatro años y medio de prisión y una multa de diez meses a razón de diez euros diarios, y para Orozco una pena de 18 meses de cárcel. También pide el fiscal que ambos se repartan las costas del juicio. Y finalmente, solicita que Silvaje indemnice al Obispado por los efectos no recuperados, que Orozco devuelva las piezas sustraídas que tiene en su poder y que se entreguen al Obispado todo lo que se recuperó y que está en depósito.

Se juzgará uno de los sucesos más controvertidos, que más dio que hablar y titulares de prensa acaparó en el año 2012.

José Emilio Silvaje Aparisi llegó a A Mariña a finales de 2008 y estuvo ejerciendo hasta principios de 2012, llegando a atender quince parroquias de Ribadeo y Trabada.

Pronto comenzó a hacerse popular por actuaciones que levantaban controversia, ganándose legiones de seguidores y después de detractores profundamente desencantados. Así, acaparó titulares de prensa por cuestiones que iban desde la revuelta de los campaneros de Covelas (Ribadeo), tras negarse a que cobrasen las tasas que tenían establecidas, hasta por una plaga de termitas que invadió el templo. También fue noticia su decisión de no cobrar misas, en contra de lo que venían haciendo todos los sacerdotes. Y lo fueron sus gestos humanitarios.

El caso estalló en Sante

Hasta que llegó el escándalo de las piezas desaparecidas. Primero fue el robo y posterior aparición de dos tallas en la iglesia de Sante (Trabada). A partir de ahí comenzaron a echarse en falta piezas y objetos en diferentes templos. La situación estallaba en Ribadeo y Trabada, pero el Obispado reconocía las carencias generalizadas en sus inventarios.

Silvaje se explicó diciendo que había decidido guardar muchas piezas (que tiempo después devolvió al Obispado) y que otras las había mandado a restaurar sin pedir autorización previa, al considerarse custodio del patrimonio de las iglesias que atendía.

Algunas las regaló, al considerar que no tenían ningún valor. Y de otras que faltaron dijo no saber nada. Silvaje siempre ha proclamado su inocencia. De hecho, en su escrito de defensa afirmó que aportó importantes cantidades de dinero para la conservación y restauración de obras de arte, destinó patrimonio personal y familiar a la Iglesia y logró donativos para parroquias que él regía. Todo ello será juzgado ahora en la Audiencia Provincial.

 

José Emilio Silvaje se crio en el seno de una conocida y pudiente familia de Gandía, ganándose el apodo mediático del cura noble. Esta circunstancia trascendía en sus hábitos, modales e incluso en su coche, así como en algunas salidas de tono que no cuadraban con la humildad que predicaba (llegó a presumir de usar unas gafas de la marca Prada) y era evidente el gusto que tenía por codearse con cierta élite de la sociedad. Pero ceñirse a esa imagen de Silvaje sería injusto, pues también protagonizó acciones humanitarias y fundó una fundación (Benignita) para promocionar social y culturalmente colectivos desfavorecidos. Esta bipolaridad le permitía, por ejemplo, acceder a ser investido como miembro de la Sagrada y Militar Orden de Constantiniana de San Jorge por el infante Don Carlos, duque de Calabria y jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias.

Inició su andadura eclesial ayudando al obispo emérito de Mondoñedo-Ferrol, Gea Escolano, en su misión en Perú. Llegó a A Mariña en lo que se interpretó como un destino de realidad más mundana. Y no duró cuatro años. Su salida, tras colgar el hábito, tampoco fue silenciosa. Se fue publicando un escrito en el que atacaba al entonces obispo Sánchez Monge, por no haber salido en su defensa cuando fue acusado de haber robado: «Deje el báculo y coja la escoba», escribió.

Y así llegó su salto a las páginas de la revista Interviú, posando en una casa señorial de Valencia que decía ser suya. Ahora, casi seis años después, vuelve a ser noticia.

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