«Só quería saír viva», dice la mujer del hombre juzgado por maltrato y agresión sexual

La fiscalía pide 26 años de prisión para un vecino de Ferreira do Valadouro


lugo / la voz

En el banquillo de la Audiencia Provincial se sentó en la mañana de ayer un hombre acusado de malos tratos, agresión sexual, lesiones y coacciones, para el que la acusación pública pide 26 años de cárcel, y la privada, alrededor de 30. El procesado está acusado de haber maltratado en su domicilio en Ferreira do Valadouro a su mujer y a sus niñas, violado a su mujer y coaccionado en numerosas ocasiones para que le diera dinero para la compra de cocaína, de la que es consumidor desde que era muy joven. Aseguró que cuando se produjeron los hechos llegaba a consumir dos gramos diarios, por lo que tenía alucinaciones, paranoias y ataques de ansiedad. El procesado trató de justificar su proceder en que había perdido el control por el excesivo consumo de droga, si bien negó algunos de los aspectos más escabrosos.

La declaración de la mujer, por videoconferencia, fue especialmente dura. Tuvo que interrumpirse varias veces debido al llanto; el presidente del tribunal tuvo que pedirle que tratase de serenarse y continuase cuando le fuese posible, de modo que se pudiese entender con claridad lo que decía. Lo que relató, pintó con claridad el infierno que supuestamente vivió durante los dos últimos años de matrimonio. Se casó en 2002 y el acusado lleva en la cárcel desde julio de 2017. En su relato fue desgranando las amenazas y coacciones sufridas, y dos agresiones sexuales, una de ellas después de haber sido golpeada con un palo en el sótano de la casa y obligada a arrodillarse; la otra en la habitación, donde, dijo, fue poseída tras ser derribada sobre la cama, boca abajo. «Era maquiavélico», afirmó la víctima. En otro momento, declaró: «Só quería saír viva».

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En un momento de su declaración aseguró que su propia suegra le recomendó que acudiese a la Guardia Civil. Lo hizo por fin cuando ya no soportó más la situación, tras huir en el coche con las niñas y buscar el amparo de una familia amiga. Poco antes de que los agentes de la Benemérita detuvieran al ahora acusado, este golpeó a su suegro y a su cuñado.

En otro momento de la declaración explicó que en una ocasión, el hombre se quedó con las niñas mientras le contaba los minutos para que fuera a conseguir dinero para dárselo: «El tiempo corre: tic-tac, tic-tac», le decía.

Dura fue también la declaración, igualmente por videoconferencia, de la hija mayor de la pareja (12 años). La niña dijo: «Agora estou ben», porque, con su padre en prisión, puede estar tranquila en casa. «Cando estaba meu pai, con medo; enfadábase e pegáballe a miña nai e a min ás veces. Un día pegoume a min contra o armario». Relató también que su padre pedía dinero muchas veces a su madre, «primeiro ía de boas e despois ía de malas». Aseguró que en varias ocasiones le dijo a su madre que se divorciase. Explicó que hizo partícipe de sus problemas a su mejor amiga y a su abuela.

La abuela, en su declaración, dijo que la niña le contó lo que pasaba en su casa, con este aviso: «Abueliña, non digas nada, que me mata». Afirmó que la esposa del hombre sentado en el banquillo siempre llevaba blusas de manga larga, por lo que no era posible ver si tenía moratones. A la niña sí le vio «unha marca na cabeza cando a estaba peinando».

La hermana del acusado aseguró, en cuanto a la situación de su cuñada, que «sabía que había maltrato físico porque o dicía ela, e psicolóxico, polo que vía eu». Señaló que la víctima tenía «pánico a su marido». De ella dijo: «Nunca vin unha persoa humillarse de tal xeito».

El abogado del acusado llegó a la Audiencia indicando que pedía la libre absolución de su defendido. Apuntó que debido al excesivo consumo de cocaína, durante más de veinte años, la capacidad volitiva de su patrocinado se encontraba bastante afectada. El acusado aseguró que tras su ingreso en prisión empezó a darse cuenta de la situación que había creado.

La petición de pena por la acusación pública incluye una indemnización de 13.000 euros por las lesiones y los daños morales, y de 10.000 euros para su hija mayor por los perjuicios psicológicos.

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