García Ron, el mindoniense artífice del Materno-Infantil de Santiago de Cuba

«Si moría un gallego sin familia, iba yo y le cerraba los ojos»


En Vista Alegre, la mejor y más cotizada zona de Santiago de Cuba, se ubica el Hospital Materno y Hogar Nutricional del Este. Es un orgullo del Régimen por sus equipos y por los servicios que presta a cerca de 1,5 millones de habitantes. Pero si el viajero se adentra en el edificio pronto se percata de viejas huellas, de restos de un naufragio esplendoroso: la lápida de la primera directiva; pabellones dedicados a Concepción Arenal, Rosalía de Castro o la Inmaculada; una vieja farmacia; escaleras que un día fueron majestuosas; el escudo en el suelo… Y si habla con los pacientes comprueba que, para ellos, es el Hospital del Centro Gallego. Así que podrán borrar las huellas pero nunca la memoria. El recuerdo de su fundación en 1914 y de sus muchos años de servicio siguen presentes entre los santiagueños. Fue la gran obra de los gallegos en la ciudad.

Y uno destacó por encima de todos: su gran artífice, Arturo García Ron, nacido en Mondoñedo en 1877. Su historia no difiere mucho de la de tantos emigrantes. Marchó con 17 años. Estudiara en el Seminario y se dedicó, con éxito, al comercio. Regresó dos veces a su ciudad, la última en 1920. Y, cuando logró una gran solvencia económica, buscó el brillo social con cargos directivos en el Centro Gallego, que presidió en varias etapas, en la asociación La Inmaculada, gerente del hospital y en la Unión de Detallistas e Industriales.

Un buen presidente

No fue un mal dirigente. La prensa de la época ?Eco de Galicia, Heraldo de Cuba- dice de él que “su reelección ha traído el nuevo resurgir de la personalidad necesaria para la obra de progreso social”, destaca que “trajo la paz y la regeneración en medio de disputas y acabó con las irregularidades” y subraya que “fue un ejemplo de gobernante y modelo de tenaz luchador y defensor de los intereses de los gallegos”.

El norte de su actividad fue el servicio y la asistencia a sus paisanos que, en 1920, eran 4.000 los afiliados al Centro. En 1910, le dieron plenos poderes para comprar los terrenos donde construir una Casa de Salud y aprobar los planos necesarios. Las obras comenzaron en marzo de 1913, con él en la presidencia del Centro, y concluyeron al año siguiente. El sanatorio costó 45.030 pesos y se inauguró el 22 de enero de 1914 en un acto al que asistió el cónsul de España, Julio Soto, y en el que hablaron Eugenio Mañach, presidente de los gallegos de La Habana, el empresario Emilio Bacardí y el licenciado González Manet. Debutó el Orfeo Galaico y en la gran cena-baile el mindoniense actuó de anfitrión e “hizo derroche de gentilezas”, según Eco de Galicia. Al día siguiente, el hospital inició su andadura bajo la dirección del doctor Donato González Mármol que acababa de regresar de un viaje de estudio por Francia y España. El camino llegó hasta hoy y resultó fructífero y trascendente.

Un negocio de importación, una brillante gestión en el centro gallego y un concierto de Teresa y Pura Maseda

Santiago de Cuba fue una de las ciudades que más gallegos acogió. La razón estriba en que su gran puerto generaba una intensa actividad y era puerta de entrada de emigrantes y mercancías de todo el mundo. Esa situación favoreció la prosperidad y buena marcha del negocio de Arturo García Ron. Compraba productos y manufacturas en ciudades fabriles de Europa, los trasladaba por barco y los distribuía en comercios y almacenes de Cuba. Su empresa tenía gran prestigio y en 1920 formó parte de la Unión de Detallistas e Industriales junto a otros gallegos residentes en Santiago -posteriores presidentes del Centro Gallego- como fueron Vicente Mazorra, Generoso Lodos y el también mindoniense José Maseda López (Graña de Villarente, 1877), propietario de la fábrica de mosaicos y productos de aluminio Casa Maseda. La labor de García al frente del Centro Gallego se caracterizó por una brillante gestión económica ?el valor de sus propiedades alcanzó los 100.000 pesos y el número de socios llegó a los 4.000, según una entrevista publicada en Eco de Galicia- y por un notable aperturismo social y político. En este sentido, promovió el 13 de enero de 1913 una famosa charla del “paladín del pueblo gallego, el presbítero y líder agrarista Basilio Álvarez” y otra del escritor, senador perpetuo y académico coruñés Linares Rivas. En esta última, las niñas Teresita y Pura Maseda “deleitaron al público con una brillante interpretación de Unha noite na eira do trigo, Dous amores a vida gardar me fan y la Alborada de Veiga, con Teresita al piano”, según la prensa emigrante.

«Si moría un gallego sin familia, iba yo y le cerraba los ojos»

El hospital resultó trascendente en la historia de la mujer en Cuba. El Centro Gallego de Santiago abrió sus puertas a las mujeres en 1930 al fundar una clínica, que estaba bajo el patrocinio de una entidad llamada La Inmaculada, y en calidad de dependencia y/o expansión del propio centro.

Dicha sociedad estaba presidida por Arturo García Ron y, por primera vez, se incluían en ella mujeres como María V. Gómez de Piñeiro, vicepresidenta, y Catalina García Rego y Juana Cabrera de Zapico, vocales. Las féminas estaban en cargos de segundo grado pero que les daban una visibilidad hasta entonces negada. La creación de esa sociedad fue un primer paso, muy innovador entonces pero limitado. Respondía, en todo caso, más a la preocupación por la atención sanitaria de los niños y las mujeres ?que debían ser blancas-, a su instrucción, auxilio y amparo, que a la voluntad de incorporarlas como seres sociales a un Centro Gallego entonces solo para hombres. Desde sus inicios, la clínica tuvo especialidades de Medicina General, Pediatría, Maternidad, Angiología, Dermatología, Cirugía, Laboratorio, Estomatología y Rayos X. En 1943 se levantó la planta superior y se ofrecieron servicios de dentista, comadronas y farmacia social. Las 50 camas iniciales son hoy 200 y el sanatorio aún conserva en funcionamiento varias máquinas y equipos originales. Un viejo emigrante gallego, Nemesio Trapero, que trabajó 33 años en el Laboratorio del centro, recuerda que “había una capilla donde velábamos a los muertos. Allí se vivieron etapas muy duras pues muchos de esos gallegos pobres y sin familia se morían sin que nadie le cerrara los ojos. Cuando me decían que se había muerto un gallego sin familia en Cuba, yo mismo iba y se los cerraba”, dice. Los ojos gallegos del hospital también se cerraron en 1959. El policlínico, sufragado por los emigrantes y por el que tanto luchó el mindoniense García Ron, fue incautado por el castrismo. Pero ahí sigue, con sus vestigios y también con su memoria…

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