«Gravando en cristal monumentos de Viveiro ás veces danme as tres da mañá»

Familias de Gijón, Zamora, Bilbao o Vigo han recibido cuadros suyos como regalo


Viveiro / La Voz

Hace tres años que José Parapar (Viveiro, 1955) comenzó a practicar una afición que le reporta grandes satisfacciones a nivel personal, y que llama la atención de quienes lo conocen, ya que consiste en grabar en cristal todos los rincones emblemáticos de Viveiro: desde la Porta de Carlos V a la Gruta de Lourdes, San Roque, las iglesias de San Francisco y Santa María o la capilla del Ecce Homo, pasando por la Calexa das Monxas o el monumento de Os Castelos que recuerda en la playa de Covas el naufragio del bergantín Palomo y la fragata Magdalena en 1810. «Quen tiña esa afección do cristal era meu irmán Luis, que morreu, e eu gardei as súas cousas como ouro en pano durante anos. Cando morreu meu pai, pensei: ‘Non podo estar todo o día na casa dando voltas, teño que buscar algo que me entreteña’, e coincidiu que Eloi, o meu fillo, me pediu que lle gravase un vaso para Naseiro co seu nome», indica José. Después de aquel primer vaso llegaron otros dos de amigos de su hijo. «Empecei a máis e a máis, pero chegou un momento no que me cansaba dos vasos xa e empecei cos cadros, que me gustan máis», confiesa.

Los primeros fueron para niños que le pedían escudos del Barcelona o del Madrid. «Teño moitos cadros feitos, e moitos que regalei», comenta. Y prueba de que lo comenzó como un entretenimiento se ha convertido casi en una devoción es el tiempo que pasa grabando cristal. «Dedícolle moitas horas porque ao mellor pola tarde, despois de ter todo listo, empezo ás catro ou ás cinco», explica, y apunta una de las grandes ventajas que tiene labrar el vidrio frente a otros recreos. «Como isto non fai ruído, podo facelo de noite. Gravando en cristal monumentos de Viveiro ás veces danme as tres da mañá», sonríe el hombre, que trabajó durante varias décadas como conserje en el IES Vilar Ponte, y que ahora está jubilado.

Con una punta de diamante

El proceso lleva su tiempo, ya que primero hay que elegir el dibujo y después plasmarlo sobre el cristal. «E logo por encima tes que ir raiando pouco a pouco ata lograr o gravado», indica Parapar, que para rascar el vidrio emplea una especie de bolígrafo que tiene la punta de diamante. La soledad es la mejor compañera de esta diversión. «Para facelo ben ben, prefiro estar só porque se estás acompañado non fas nada. Sobre todo cando é un cadro. Se é un vaso aínda vas facendo, pero o cadro é mellor telo encima da mesa e ir rascando», señala. Pese a las decenas de trabajos que ha hecho, por ahora no ha roto ningún cristal. «Equivoqueime en dous porque me deron o nome cambiado», apunta, antes de destacar que ha enviado cuadros a Gijón, Zamora, Bilbao, Vigo... «Todo por compromisos, amigos de amigos que igual che veñen por aquí e che encargan», señala. Entre sus obras más curiosas destaca una baraja gallega en vidrio con personajes como Pardo de Cela, Rosalía de Castro o Castelao.

Parapar también ha decorado las paredes de la piscina del edificio donde vive. «Fixen catro murais, duns 4 metros de longo por 2 de alto», informa. En ellos se pueden ver el escudo de Viveiro, unos delfines o el monumento de Os Castelos y la playa de Covas. «Aos veciños gustoulles moito e fixeron un montón de fotos, sobre todo os nenos que saían da piscina e parecía que estaban na praia», señala, y comenta que recientemente ha pintado otro en un bajo del inmueble.

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