Burela en la prensa emigrante del 57, dos notables empresarios y 68 embarcaciones


En los años 50 del pasado siglo, Burela era «una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un puerto de mar en el que se precipitaba un pequeño río de aguas diáfanas por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos»… Garcia Márquez sabrá perdonar la adulterada apropiación de ese párrafo de Cien años de soledad. Pero es que poco más era Burela entonces. Algo que ?hoy que es una de las más, sino la más, importante y dinámica villa de A Mariña- dice mucho del carácter laborioso y emprendedor de sus gentes. A Burela, como a los olivos de Jaén, no la levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la dura mar brava, el trabajo y el sudor. Y eso exactamente es lo que refleja el reportaje «De Sargadelos a Burela» que apareció en 1957 en Vida Gallega, revista de la emigración con gran audiencia en Galicia y América. La revista presenta la villa como «la heredera legítima de Sargadelos» con sus fábricas de cerámica, con Ramón Farré y Leandro Cucurny que «honran a todo el ayuntamiento y son exponente de la capacidad de estas gentes» y con una Cofradía de Pescadores que agrupaba 35 embarcaciones a vapor y 33 a motor.

El pesquero Huerta y anuncios

La narración describe las fiestas y dice que «después de misa, tiene lugar la pintoresca procesión marítima que, en engalanada nave, lleva a la Virgen bajo una pancarta de grandes caracteres: ¡Virgen del Carmen, protege a nuestra Flota!». Tras ella «iniciaba el séquito el magnífico pesquero de cien toneladas Huerta, al que seguían unos 60 navíos, la mayor parte ya con las varas largas del bonito prestas para la costera». Las fotos de Vida Gallega dan idea del desarrollo urbanístico de Burela con sus cuatro barrios primigenios -Burela de Cabo, Vila do Medio, Vilar y O Porto; el tímido inicio de casas en torno a la N-642; y pequeños núcleos como As Casas Baratas, hogares para pescadores inaugurados ese año.

Uno de los iconos de aquella Burela era la chimenea de 37 metros de altura que los asturianos Guisasola levantaron tras reflotar en 1901 la fábrica de Sargadelos en la villa. Siete años después, la empresa pasó a propiedad de los hermanos Cucurny y, como la Pena Burela aún no tenía faro, la chimenea era inexcusable punto de referencia y orientación marítima. El informe de la revista incluye anuncios que muestran una comarca diferente a la actual. Entre otros, de Ribadeo se publicitan los hoteles Ribanova y Comercio, la Cetárea Rinlo y el bazar Casa Maseda. De Barreiros, Casa Amadora, en Reinante. De Viveiro, el taller Auto Marino de José Fernández Álvarez, en la Misericordia. De Foz, la fábricas de motores de José Martínez, la de tejas y ladrillos de Jeremías Pardiñas, el taller mecánico de Edelmiro Andrade en A Espiñeira yo el aserradero de José Mª Arca, en San Martiño...

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