Un teniente de asfalto pero con vocación de mar


LUGO / LA VOZ

El hecho de que su progenitor se dedicara a la reparación de las motos de Tráfico pudo influir en la obsesión del actual teniente y jefe del servicio marítimo provincial, José Juan Rodríguez Rodríguez (O Corgo, 1971), en querer guiar un vehículo de estas características. «Desde pequeño tenía metida en la cabeza la moto de tráfico», recuerda.

A los 18 años entró en el Cuerpo y tras salir de la academia fue de eventual a la Comandancia de Gerona, donde estuvo dos años. Después pasó al País vasco y tras un año y medio llegó a Lugo, concretamente al puesto de Baralla. Tras hacer el curso de Tráfico se fue a Canarias cuatro años y luego a Navarra. De allí regresó nuevamente a Baralla, donde en un primer momento estuvo en seguridad ciudadana pero después volvió a Tráfico. En 2003 ascendió a sargento y se fue a Pontevedra (también a Tráfico), donde estuvo cuatro años. Ya en el año 2008 pasó al SEMAR y prestó servicio durante unos años en Santander. Luego llegó a Viveiro como comisionado y desde febrero de este año pasó destinado. Y mientras ascendía en el Cuerpo, realizaba otras labores. Dotado de una fuerte personalidad y con un carácter solidario que lo define, participó en misiones humanitarias y de cooperación en países como Kosovo, Senegal, Guinea-Bisáu, Cabo Verde o Italia.

Cinco idiomas

Aunque el teniente José Juan Rodríguez se declara un apasionado por el mar, estuvo varios años en una unidad de la Guardia Civil que siempre deja huella. Prueba de ello es que en el maletero de su coche todavía viaja un chaleco de Tráfico. «A mí lo del mar siempre me gustó. Cuando estaba en Canarias me saqué el Per, el Patrón de yate y me apunté a la escuelas de idiomas. Y es que participar en misiones pasa unos controles y el perfil de idiomas me ayudó mucho. Hablo castellano, inglés, francés, portugués e italiano. Esto me da la oportunidad de poder intervenir en este tipo de misiones, que son muy productivas porque ves otro tipo de cosas, otros puntos de vista y te empapas de la cultura de otros países. Eso te enriquece mucho en el plano profesional y personal», concluye Rodríguez.

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