¡Ojo con pasear por el carril bici y con la comida en el jardín de A Rapadoira!

Dos policías de Foz realizaron ayer en cuatro horas más de cien advertencias a peatones y otras tantas a potenciales comensales

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FOZ / LA VOZ

«‘Caballero, ¿sabe usted que va caminando por un carril para ciclistas, verdad?’». El peatón se disculpó y abandonó de inmediato el carril bici, una infraestructura que en Foz genera cierta polémica, sobre todo por parte de los que acusan a los viandantes de usar el carril para pasear, quejas que se repiten con el paso de los años. Agentes de la Policía Local de Foz realizaron durante el fin de semana una campaña informativa sobre el uso correcto de este vial, que une las playas de A Rapadoira y Llas. Su tarea ya comenzó el sábado y se intensificó durante buena parte de la mañana de ayer. En solo cuatro horas (hasta las 14.00), dos agentes realizaron más de un centenar de advertencias a otros tantos peatones que invadieron el carril bici. No fue necesario imponer sanciones, una medida que en el Concello no descartan si la ciudadanía no toma conciencia del mal uso que hace de la instalación.

La otra parte de la campaña informativa estuvo centrada en informar a los usuarios del arenal de la prohibición de comer en los Xardíns da Rapadoira. Los agentes hicieron más de cien advertencias e incluso informaron a los conductores de varios buses que se disponían a dejar en el lugar a los viajeros. El hábito de colocar la mesa y las sillas para comer se mantiene desde hace décadas, por lo que muchos usuarios del arenal no entienden las razones que llevaron al Concello a tomar esta medida hace unos cuatro años. Así lo confesaban ayer. Desde el Ayuntamiento abogan por cuidar la estética y preservar una amplia zona ajardinada que es la mejor atalaya del arenal más emblemático del municipio. Tampoco se sancionó.

Donde ayer, antes de las dos de la tarde no cabía ni un alfiler, era en los merenderos próximos, con «escasísimas» plazas, según reconocían algunos comensales. A esa hora, con contadas personas disfrutando de la sombra y de las vistas, los Xardíns da Rapadoira ofrecían una imagen inusual en una mañana de un caluroso domingo de agosto con un Foz imposible, abarrotado de veraneantes y turistas. «Si queremos que a xente non instale a mesa para comer nin pasee polo carril bici non podemos faltar daquí cinco minutos», reconocía un agente.

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