Patrones que hacen grande a un pueblo

Antón da Amora es el padre espiritual de la flota palangrera de Gran Sol y Paco Alonso es el artífice del palangre de superficie en el norte


En este mundo de la mar donde no se regala nada, es casi imposible ver un homenaje en vida, somos los más grandes recordando y llorando nuestros náufragos, desaparecidos y perdidos en medio tan hostil, pero los más pequeños reconociendo en su presencia su carácter pionero, su trabajo encomiable o su aportación a la historia de la pesca en un litoral tan difícil como es el Cantábrico.

Antonio Lage, Antón da Amora, acaba de cumplir los noventa años, y Paco Alonso los supera con holgura. Con casi un siglo de vida han visto pasar ante sus ojos el desarrollo de la pesca en este país, lo han vivido y lo han sufrido, son protagonistas directos en la irrupción de los avances, el acceso a nuevos caladeros, la evolución de los barcos y de la sociedad misma, son hijos de una dura posguerra civil y padres de la implantación de las doscientas millas, son testigos privilegiados de lo que la pesca supuso y supone para su comunidad, dos patrones que han contribuido con su particular aportación a lo que hoy es Celeiro, un «puerto anzuelo».

Paco Alonso, patrón inteligente e introvertido, fue armador con su hermano Ramón, del Hermanos Alonso, bonitero azul con casco de César Beltrán de Foz y montaje bermeano de Talleres Echevarría, todavía muy recordado en Euskadi porque junto con el Flecha lucían una llamativa chimenea color rosa. En época de bonitos la flota atajaba la emigración de la especie y se pescaba por aguas comprendidas entre Azores y Canarias, aquella campaña de 1967 sería determinante. Se recibe una llamada de socorro, el algecireño Dios te Salve está hundiéndose, el Hermanos Alonso por proximidad acude al auxilio y después de varias horas con tiempo de Nordeste afrescado rescata a todos sus tripulantes de las balsas.

Pericia en el espada

Paco pone rumbo a Algeciras y en la ruta indaga sobre el arte que utilizan y la pesquería a que se dedican, el palangre de superficie, modalidad que por entonces no se usa en el norte ya que al finalizar bonitos los barcos arman a volantas para merluza. Paco embarca a tres de aquellos hombres que se han quedado sin barco y arrancha para palangre superficie, con la flota finalizando costera bonito el Hermanos Alonso se planta en el Cantábrico con la nueva modalidad cuyos resultados son inmediatos, frente a la Estaca de Bares, en el caladero El Campanario, donde solo se calaba al fondo, realiza unas asombrosas pesquerías de pez espada, marrajo y quenlla.

El tiempo que la flota tarda en adecuarse a la nueva pesquería hace que Paco se especialice y lleve un margen de avance considerable. Paco Alonso es el artífice de la implantación de la pesca del palangre de superficie en el norte, siempre será admirado y reconocido por su pericia y habilidad en este arte de la pesca del espada. Hoy en día tanto Celeiro como Burela o San Cibrao poseen una flota espadera al nivel de puertos punteros de Vigo y A Guarda, al fresco y al congelado, operando en las cálidas aguas del Atlántico, Pacífico e Índico.

Los cantiles gransoleiros

Antón da Amora, patrón alto y comprometido, es el padre espiritual de la flota palangrera al Gran Sol, el responsable de que este trozo de Galicia sea hoy artífice de la buena práctica y puesta en el mercado de la merluza más apreciada en el mercado, la del pincho. Al mando del Catalina, aquel bonitero blanco de Astilleros Cesar Beltrán de Foz para José Álvarez, «Pepe do Taller», armador y responsable de su montaje que lleva el nombre de su hija y que mandó Antón hasta su naufragio a causa una vía de agua cerca de Azores en 1975, abrió el camino a una pesca en aguas surirlandesas y británicas diferente al arrastre.

Su inquietud por el conocimiento de los cantiles gransoleros reseñados por los patrones del arrastre de barcos coruñeses, hizo que a principios de la década de los setenta, tras finalizar prematuramente la campaña de túnidos accediera a la aventura de la pesca de merluza con volanta fuera de los cantiles cantábricos, acompañado del Estrella de Belén de San Cibrao, eran hasta entonces aguas inexploradas por nuestra flota de bajura. Los resultados extraordinarios hicieron a partir de entonces del Gran Sol un caladero habitual de la flota gallega y zona de capturas abundantes. El anzuelo es posterior y serán el Juan Manuel Souto y Madre de Cristo, Cariño y Cedeira siempre innovaron en esta pesquería, y a continuación el arrastrero coruñés de armadores de Espasante reconvertido al anzuelo José, Luisa y Mari el que abandere los comienzos del palangre de fondo en territorio comunitario.

Impulso económico mariñano

Celeiro y Burela sitúan hoy sus flotas en esas aguas con la mayoría de las posibilidades de pesca haciéndose responsables del impulso económico del territorio mariñano.

Es bueno reconocer y no olvidar que a estos dos patrones, tan importantes para lo que hoy es el puerto de Celeiro como referente pesquero, los cruzamos a menudo paseando a nuestro lado.

Mi inmensa admiración por estos dos grandes pescadores. No se puede esperar a que falten para reconocérselo.

José Pino es capitán de pesca

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