«Os fareros eramos ata hai pouco os únicos que iamos ao Fuciño do Porco»

Lleva casi cuatro décadas vigilando los faros, balizas y señales marítimas de la costa de Lugo

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san cibrao / la voz

Si todo transcurre según lo previsto, Román Ventoso Pasantes (Camariñas, 1953) subirá hoy por última vez las 47 escaleras del faro de San Cibrao por motivos laborales. A partir de mañana podrá hacerlo, pero ya como jubilado. «Cumpro 65 anos e déixoo», sonrió durante un encuentro en el que desgranó detalles y vivencias de un oficio que le apasiona desde que era tan solo un chaval, puesto que se crió cerca del faro de Cabo Vilán, en su Camariñas natal. «Foi o primeiro que tivo luz eléctrica», subraya con orgullo, mientras muestra, también con mucha satisfacción, los entresijos del faro que desde 1982 ha sido su hogar y el de su familia. «Mide 11 metros de altura e a lanterna ten un alcance de 20 millas», comenta, antes de apuntar que forma parte de un cuerpo de profesionales «a extinguir», por lo que la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao no repondrá la plaza que deje vacante.

Durante los últimos 36 años, Román ha sido uno de los vigilantes de los tres faros que desde el litoral lucense ayudan a que los barcos y los navegantes se orienten durante la noche y en las jornadas de tormenta y más brumosos, esos que tanto abundan en la costa mariñana. Son el de Punta Roncadoira, en Xove; el de San Cibrao, en Cervo, y el de Illa Pancha, en Ribadeo, cuya casa ha sido reconvertida recientemente en hotel. A ellos hay que sumar un buen número de balizas, así como luces instaladas en los puertos o en la fábrica de Alcoa. «Ocupámonos de toda a sinalización marítima da costa de Lugo», resume Ventoso, que relata una anécdota relacionada con un rincón mariñano situado en el municipio de O Vicedo que en la actualidad vive un auténtico bum turístico. «Os fareros eramos ata hai pouco os únicos que iamos ata o Fuciño do Porco porque alí hai unha baliza», cuenta, y prosigue: «Tiñamos que chegar ata a punta cargados con botellas de acetileno, e era moi perigoso porque nos acantilados non había varandillas. E se che pasaba algo tamén era un problema porque se ías só non tiñas a quen avisar e pouca xente coñecía o sitio. Desde que construíron a pasarela, chégase moi ben, iso cambiou moitísimo todo», concluye. A partir de ahora en la costa de A Mariña únicamente habrá una farera, que también reside en el faro de San Cibrao. «Só quedará Elena, máis o persoal técnico que envíen para facer reparacións, mantemento..., pero o que é fareiro fareiro xa non hai máis», señala Román, y comenta que es posible que también haya colaboración con la nueva farera de Estaca de Bares.

Del Casón al Klaus

Aunque la costa de Lugo es bastante tranquila en comparación, por ejemplo, con la Costa da Morte, Román también ha sido testigo de sucesos destacados. Recuerda el caso de un barco que embarrancó en Os Farallóns y cuyo capitán desapareció. «Non se soubo que foi del. Non apareceu nin vivo nin morto e houbo moitos rumores», indicó. Un barco que perdió varios contenedores, otro que hace meses perdió varias palas de aerogeneradores y un tercero que embarrancó en la zona da Centoleira, en Cervo, «porque o patrón ía despistado», también quedarán en su memoria. «Cando non había GPS os barcos costeaban moito, as cartas náuticas non estaban ben definidas e era todo máis problemático que agora», dice. También recuerda el Casón, pese a que el conflicto se vivió en tierra más que en el mar. «Coincidiu que eu andivera embarcado no Galerno, o mercante que viñera polos bidóns. Foi unha casualidade», indica. El Klaus le dificultó el acceso a alguna baliza, pero no dañó demasiados aparatos.

«A Camariñas lévoa na alma, pero San Cibrao é a nosa casa e de aquí xa non imos marchar»

Tras varios años navegando, en 1976 Román Ventoso aprobó la oposición al cuerpo de fareros del Estado. Su primer destino fue Andalucía, a donde se mudó con su mujer, que también es camariñana, y donde nació su primer hijo, que tiene 40 años y vive en Londres. «Alí estabamos ben, pero á muller faltáballe Galicia. Viñemos a San Cibrao porque surxiu a oportunidade, e coa idea de achegarnos a Camariñas, pero gustounos isto», explica el farero, y añade: «A Camariñas lévoa na alma, pero San Cibrao é a nosa casa e de aquí xa non imos marchar. Para a nosa familia é o punto de encontro e aquí quedaremos cando deixemos a casa do faro porque compramos un piso». La pareja tiene dos hijos más: uno de 37 años que reside en Viveiro y una hija de 27 que está en Lugo. A ellos hay que sumar tres nietos de 13, 10 y 5 años que son el orgullo de Román. «Xubílome para disfrutar dos fillos e dos netos, da vida, da pesca, que me encanta ir aos calamares, para facer algunha viaxe coa muller...», avanza Ventoso, que a partir de ahora ya no tendrá que coger el coche en mitad de la noche, la lluvia o los truenos para acercarse a comprobar que un faro o una baliza funciona. «Pensas: ‘non pasa nada, pero se pasa, que non sexa polo faro’», señala.

5 destellos cada 20 segundos

En esa línea detalla cómo los avances tecnológicos y la informatización de los sistemas han facilitado mucho el trabajo. «Os faros empezaron a facerse con carburos, carbón... Buscábase o punto máis perigoso da costa para alumealo», señala, e indica que cada faro tiene asignado un juego de «destellos e ocultación» para que los navegantes puedan identificarlos desde el mar. ¿Cuál es la señal del de San Cibrao? Cinco destellos cada 20 segundos.

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«Os fareros eramos ata hai pouco os únicos que iamos ao Fuciño do Porco»