Emotivo y merecido homenaje a Tito Margaride en A Pontenova

Desde ayer el pabellón del municipio donde nació lleva su nombre


a pontenova / la voz

El de ayer fue un día muy especial, seguro, por emotivo y entrañable para Tito Margaride. Recibió por la tarde un emotivo y merecido homenaje en A Pontenova; el pabellón municipal de deportes lleva ya su nombre. Tito Margaride agradeció este reconocimiento acompañado de los suyos, en particular de su esposa y de su entrenador entonces, en sus mejores tiempos, Mariano Castiñeira. Ahora su hijo Miguel sigue su estela, está haciendo camino para ser campeón y estar entre los mejores, como su progenitor. El mismo sábado Tito Margaride expresaba en estas mismas páginas de La Voz, en una amplia entrevista de nuestra compañera Andrea Arruñadas, su satisfacción y enorme agradecimiento por este homenaje en A Pontenova «a toda su gente».

Luego, tras el descubrimiento de la placa, esperó en la meta a que fuesen llegando los atletas que participaron en la carrera Vía Verde del Eo, de unos 10 kilómetros saliendo de Abres y pasando por Trabada hasta concluir en A Pontenova (después de pasar por varios túneles del antiguo ferrocarril). En categoría masculina el vencedor fue Esteban Iglesias; entre las féminas llegó en primer lugar Erea Rodríguez.

Tito Margaride recibió en la jornada de ayer el cariño de su gente, quizás el mayor homenaje, ese reconocimiento unánime. La suya es una historia tremenda: un ictus le impidió participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona cuando se encontraba entre los mejores atletas, pero se sobrepuso, con una voluntad de hierro, y compitió en los Juegos Paraolímpicos de Atlanta y Sidney. Un ejemplo. Llegó a ganar después el Campeonato del Mundo de Birmingham de 1.500 en 1998, cuando al principio de su enfermedad apenas podía dar una vuelta completa a la pista (400 metros).

Nunca abandonó el deporte, ni siquiera ahora, aunque ya solo sea para mantenerse en forma. Su atención está puesta en este momento en su hijo Miguel, una de las jóvenes promesas en carreras de fondo; tienen, padre e hijo, la mirada puesta en unas Olimpiadas, tal vez en las de 2024. Que haya suerte.

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