Os Montes, los gaiteiros de Viveiro que velaron en Cuba el cadáver de Curros

En marzo de 1908 viajaron a Cuba invitados por la colonia viveirense para fomentar su unión


En marzo de 1908, Os Montes, un grupo de gaiteiros de Viveiro, viajó a Cuba invitado por la colonia viveirense para matar saudades y fomentar su unión. Arribó el día 5 en el vapor Bismarck y el plan era realizar una pequeña gira y culminarla en el Teatro del Centro Gallego de La Habana que entonces vivía días de gloria y de vino y rosas… Pero la vida es caprichosa y se encargó de dictar su propio guion. Curros Enríquez, que vivía emigrado en Cuba desde hacía años, reposaba de una grave afección de asma y reumatismo en la Quinta de Salud Covadonga del Centro Asturiano. Tenía desavenencias con las autoridades del Centro Gallego, estaba distanciado de ellas y no quiso acudir a su centro sanitario.

El caso es que el 7 de marzo, dos días después de que llegaran Os Montes, falleció. Un ciento de publicaciones cubanas y periódicos de medio mundo dieron gran repercusión a la noticia.

La Academia Gallega reaccionó pronto y propuso trasladar el cadáver a A Coruña. Y, en colaboración con el Ayuntamiento, se acordó que el féretro embarcaría en el vapor correo Alfonso XII el 20 de marzo para llegar a la ciudad once días después y ser enterrado el 2 de abril en el cementerio de San Amaro.

Así fue. Pero durante los trece días que el difunto permaneció en La Habana ?del 7 al 20- los directivos del Centro Gallego se desvivieron en organizar homenajes y reconocimientos al poeta y en velar, con todos los honores, a quien había sido una referencia y un orgullo para los gallegos de una y otra orilla. No querían ser acusados de resentidos ni actuar de espaldas al sentir de la colectividad…

Uniformados con trajes gallegos

Los distintos actos fueron organizados con suntuosidad, pompa y boato. Y Os Montes, que iban a tocar la gaita, se encontraron de repente haciendo guardia, custodiando y llevando el ataúd de Curros de un lado a otro… Para tan grave culto, los directivos de la colectividad gallega en Cuba no encontraron a nadie mejor ni más adecuado, ni más ni mejor uniformados con el traje tradicional gallego que aquellos apuestos gaiteiros que acababan de llegar desde Viveiro…

La primera capilla ardiente del poeta fue en los salones del Diario de La Marina, periódico en el que trabajaba. Pero cuando se acordó su traslado a Galicia, su director, Nicolás Rivero, entregó el muerto al Centro Gallego que dispuso velarlo en el Cementerio de Colón y trasladarlo a sus propias instalaciones el 19 de marzo para que los socios y emigrantes pudiesen despedirse solemnemente de él, antes de embarcarlo para Galicia.

En todas esas ceremonias, durante trece días, los restos de Curros fueron velados, acompañados y portados por los cuatro gaiteiros viveirenses que ?según el profesor Emilio Insua- formaban Os Montes: Antón Soto, Juan Latorre Capón, Ramón Salaverri y Eugenio González

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Un músico adúltero y una familia rota a la emigración

El cuarteto Os Montes se había formado en Viveiro en 1907. Su inspirador y director fue Juan Latorre Capón, un lucense que entonces tenía 49 años y que ?como estudió Carlos Nuevo- fue alma máter y persona de referencia en la historia de la música en Viveiro.

Según fuentes familiares, Latorre era un tipo afable, algo anárquico y bohemio, aventurero y muy apreciado por sus dotes de relaciones públicas y de un cordial y exquisito trato.

Pero su zona de sombra acabó complicando su existencia y la de su familia. Era un incorregible Don Juan. Tuvo una hija de soltero a los 23 años cuando vivía en Lugo y otra, ya casado en Viveiro, fruto de una relación que mantuvo con una muchacha, llamada Emilia, que trabajaba de cocinera en su casa y con la que se acabó marchando…

El incidente provocó que su familia, abandonada y avergonzada en la sociedad pacata y tradicional de principios de siglo, pusiera tierra por medio y emigrara a la Argentina donde su mujer murió en 1945.

Vida cultural y social

Una de las hijas del músico, Maruja, se casó con un gallego con el que tuvo tres hijos. Y otra, Paz, que regresó al cabo de los años a Viveiro, murió asistida por las Concepcionistas y fue enterrada en el cementerio de Altamira con su padre.

Juan Latorre Capón (Lugo, 1858-Viveiro, 1936) era hijo de una familia de músicos ?los hermanos Francisco, Baldomero y Juan- y sobrino del famoso compositor lucense Juan Montes Capón. Tocaba la flauta en su sexteto y consiguió varios premios.

Cuando llegó a Viveiro en el año 1885 se implicó en la vida cultural y social de la villa. Fue maestro en la escuela nocturna de la Juventud Católica, colaboró en la edificación del Asilo de las Hermanitas de la Caridad, fundó la Banda de Exploradores y la Banda Latorre que pasaría a convertirse en 1916 en Banda Municipal de Viveiro que dirigió hasta el año 1933. Fundó también la Banda de Ribadeo, que luego dirigió su hermano, Baldomero Latorre.

Por su prestigio y contribución a la cultura musical de la ciudad de Lugo fue nombrado socio emérito del Círculo de las Artes de la ciudad.

Pedro Salaverri, que era de Mondoñedo, reprodujo «La Última Cena» de Da Vinci para la iglesia de Chavín

La formación de Os Montes en Viveiro respondió al deseo de satisfacer una invitación de los emigrantes de Cuba que pretendían constituir la sociedad Xente da vila de la que Antón Villar Ponte iba a ser el secretario. Querían un grupo de gaiteiros que animara a unirse y asociarse.

Juan Latorre reunió en torno a sí a tres músicos dispuestos a emprender el viaje y dejar por un tiempo sus trabajos, su familia y sus amigos para ir a tocar a Cuba. Eran Antonio Soto, Antón da Costa, un sastre miembro de la Banda de Cristino; Eugenio González, O Madono, de la Banda de Exploradores; y Ramón Salaverri, un músico de Mondoñedo.

Salaverri era miembro de la familia Salaverri Barja, que, según El Eco de Galicia de 1904, regentaba en la villa episcopal una de las corresponsalías del Banco del Comercio Hispano Argentino (otras eran Hijos de González Rego, P. Cigarrán, J. Candia y Antonio González).

Formación

Él y su hermano Pedro tenían una buena formación y tocaban varios instrumentos. Ramón se vinculó a Viveiro y colaboró en varios grupos al tiempo que desarrollaba otras facetas artísticas y laborales. Fue, por ejemplo, el autor del mural de la iglesia de Chavín (Viveiro) que contiene en su centro, entre arcadas y cortinajes, una reproducción de La Última Cena del maestro renacentista Leonardo da Vinci.

Del viaje de Os Montes a Cuba no cuajó Xente da Vila pero, en cambio, germinó la idea de la unión que, dos años después, cristalizó en la sociedad Hijos de Vivero y su Comarca. Pero su osado desplazamiento les deparó algunas aventuras… como verse envueltos, sin querer, en las honras fúnebres del gran Curros.

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