«Dáme pena non ir ao torneo de Betanzos, pero alégrame poder coñecer Cabo Verde»

Las categorías inferiores del Pescados Rubén de fútbol sala integran a 164 chavales de 9 nacionalidades


burela / la voz

Según lo previsto, Walter Gonçalves da Costa pisará esta semana Cabo Verde por primera vez. A sus diez años, este joven «pataqueiro», como él mismo se define con su enorme sonrisa y una mirada llena de dulzura, tendrá una sensación agridulce puesto que el viaje al país africano donde nacieron sus padres le permitirá conocer a buena parte de su familia -incluidas cuatro hermanas mayores y sus abuelos-, pero lo privará de participar en un campeonato de fútbol sala, el deporte que lo apasiona. «Dáme pena non ir ao torneo de Betanzos, que é o dez de xuño, pero alégrame poder coñecer Cabo Verde», razona el crío, que juega en el equipo benjamín del Pescados Rubén Burela Fútbol Sala, donde entró con cuatro años. Ahora que se habla tanto sobre la integración real de la comunidad caboverdiana en Burela, cuyos primeros miembros llegaron a la comarca hace cuatro décadas a raíz de la construcción de la fábrica de Alúmina-Aluminio (hoy Alcoa), y especialmente sobre el riesgo que corren un buen número de adolescentes de quedar descolgados del sistema escolar y, por extensión, del laboral y del social, el club naranja se sitúa como uno de los mejores motores de mezcla, unión y compañerismo.

Desde la categoría biberón, para niños de 3 a 5 años, a la juvenil, para adolescentes de hasta 17, pasando por el filial femenino, el Pescados Rubén cuenta con doce equipos distribuidos en ocho categorías en los que juegan un total de 164 chavales de 9 nacionalidades. Cabo Verde, con 18 jugadores, es el país extranjero más representado, seguido de Perú, Senegal, Venezuela, Marruecos, Etiopía, Rusia o Brasil.

«O meu soño é seguir no fútbol sala e a longo prazo traballar», explica Adilson Varela Semedo, de 17 años, y juvenil que ya ha debutado con el equipo sénior. Nació en Cabo Verde, pero con cuatro años llegó a Burela, donde trabaja su familia directa: su padre y su hermano mayor como marineros, y su madre cuidando a personas mayores. «E teño outro irmán en Cabo Verde», detalla el joven, que además de jugar al fútbol sala, está realizando en el Concello las prácticas del Ciclo Medio de Mecanizado e Fontanería que cursó en el IES O Perdouro.

Padres que están «encima»

Adilson atribuye parte del mérito de estos logros a sus padres, «que están sempre encima». «De noite non sae, xa terá tempo. E en malas compañías non pode andar, que pasan moitas cousas no mundo», destaca su padre, Carlos Méndes Semedo. Su hijo, que sale con Sabela, reconoce que el deporte es una gran fuente de integración. «Eu cheguei de neno e xa fun aquí ao colexio desde o principio, pero cando chegas con máis anos facer novos amigos é máis difícil», reflexiona.

«Un día estaba aburrido na casa, díxenllo a meus pais, e veume apuntar meu tío», comenta Walter sobre su llegada a las escuelas deportivas del equipo naranja, donde entrena tres días a la semana. Los fines de semana hay partido. El crío estudia cuarto de Primaria en el CEIP Fondo Nois, de Foz, aunque para él este curso acabó el jueves por el viaje que emprendará estos días con su familia a Cabo Verde. «O director do cole falou co inspector e non me puxeron problemas, déixanme ir», aclara con tanta inocencia como desparpajo el crío, que tiene seis hermanos mayores y uno más pequeño, y cuyo padre anda al mar.

Hoy por hoy sueña con ser jugador o entrenador de fútbol sala. ¿Quién es su ídolo? «Ricardinho, que xoga no Inter», comenta, y confiesa que en los entrenamientos lo pasa muy bien cuando va Chus [Blázquez], del primer equipo. Fan de los dibujos de Doraemon, Henry «el abrazamonstruos» y Bob Esponja, tiene claro que no le gustan las broncas, ni en el terreno de juego ni fuera. «Nunca insulto aínda que outros o fagan. Eu voume. Meus pais non me deixan», finaliza.

Alfonso Mera, director de las escuelas deportivas del Pescados Rubén Burela FS: «Siempre hubo muchos niños de Cabo Verde, pero ahora tienen reflejo en Hélder y Renato»

A diferencia de lo que ocurre en otras escuelas deportivas, donde el número de menores de origen caboverdiano es simbólico, en las del Pescados Rubén de Fútbol Sala hay bastantes, como confirma su director, Alfonso Mera. «Siempre hubo muchos, pero ahora tienen reflejo en Hélder y Renato, que empezaron como ellos y ahora juegan en el equipo sénior», dice.

-¿Por qué integra bien el deporte?

-Es deporte y los niños disfrutan, se dejan ir, comparten, pasan mucho tiempo juntos; aprenden disciplina, valores, respeto... Afianzan relaciones con futuro.

-¿Cómo es la relación con las familias caboverdianas?

-Salvo excepciones, que siempre hay, no suelen ir a los partidos a ver a los niños. Son más independientes y es muy raro que llamen para preguntar. No llegaron al punto de sobreprotección de los niños de aquí, y eso también es bueno.

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