«Hay pocas parejas mixtas de nuestra edad, las pandillas se mezclan poco»

Los jóvenes animan a padres de Burela y de Cabo Verde a esforzarse para que la integración sea real


BURELA / LA VOZ

A finales de abril Burela contabilizaba 450 vecinos de nacionalidad caboverdiana. De ellos, 242 eran hombres y 208 mujeres. Por edades, 81 eran menores edad, según el informe facilitado por el departamento de Padrón del Concello, una institución desde la que destacan que «a nivel cultural» esa cifra es mucho mayor, puesto que después de cuarenta años -las primeras personas originarias del país africano llegaron en 1978- muchos tienen la nacionalidad española. Sin embargo, aunque la presencia de la comunidad caboverdiana es muy importante en los colegios, en los institutos y en las empresas, además de en las calles, el número de «parejas mixtas» es simbólico, como reconoció días atrás a La Voz una de ellas. La forman desde hace casi dos años Noa Vizoso López, de 19 años, y Hélder Gonçalves, de 21. «Hay muy pocas, y de nuestra edad creo que ninguna. Las pandillas se mezclan poco», explican los jóvenes, que lamentan que no haya más «integración real». En su opinión, el esfuerzo deberían hacerlo las dos partes: tanto quienes son originarios de Burela como quienes son de Cabo Verde. «Nos conocemos desde hace muchos años, por las pandillas, y antes de ser novios fuimos amigos», revela la joven, que estudia un Ciclo Superior de Educación Infantil en Ribadeo.

Los dos destacan que la diferencia de raza, ella blanca, él negro, y de culturas, nunca ha sido un obstáculo en su relación. «Para mí no es algo raro, todo lo contrario, estoy acostumbrada a la mezcla de culturas porque tengo una hermana china de 13 años», comenta con orgullo. A Hélder, que es deportista profesional -juega como cierre en el Pescados Rubén Burela de fútbol sala-, le ocurre algo similar. «Nunca me importó. Nací en Cabo Verde, pero vine a Burela con cinco años», indica el joven, que tiene dos hermanas y un hermano.

Cuestión de acercarse más

En su opinión, los jóvenes caboverdianos, especialmente los que llegan siendo adolescentes, más mayores, deberían tratar de acercarse más a los locales. «Cuando vienen están muy juntos, no se mezclan con los demás, y eso no es bueno», explica. Pese a sus raíces caboverdianas, Hélder se considera burelense al cien por cien, y de hecho solo ha vuelto una vez a su país natal. «Hay gente que notas que está más arraigada allí que aquí, pero no es mi caso», comenta, y recuerda que el primer amigo que hizo en Burela, Pablo Costa, es blanco, antes de destacar que el deporte es una gran fuente de integración. En esa línea, las categorías inferiores del Pescados Rubén fútbol sala cuentan con un buen número de niños caboverdianos -quedaron subcampeones de la Minicopa de Galicia hace unos días-, a diferencia de lo que ocurre en otras escuelas deportivas municipales, donde la cifra de críos de esta comunidad es anecdótica.

«Un niño nunca va a discriminar a otro por su color, y después, a nivel de integración, el esfuerzo tiene que ser por parte de todos: de los profesores, de los padres de niños de aquí y de allá...», concluyen.

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