«Las empresas exigen una formalidad que ellas no dan»

Algunas caras del paro en A Mariña relatan su experiencia a La Voz

Texto Pepa Losada Fotos
Viveiro / La Voz

Caras jóvenes y no tan jóvenes. Gente con estudios universitarios y otra sin formación reglada, pero con muchos años de experiencia y experiencias laborales a sus espaldas. Por la oficina que tiene en Viveiro el Servizo Público de Emprego de Galicia pasaron ayer un buen número de personas. Todas con un denominador común: están en el paro, sin trabajo, y algunas con pocas perspectivas de encontrarlo en poco tiempo. Al menos en las condiciones laborales y salariales que serían justas.

«Las empresas exigen una formalidad que ellas no dan»: Ovidio Losada, carnicero de 31 años

Ovidio Losada Caruncho, ferrolano de 31 años, acaba de ser víctima de «la política de no hacer fijos». Tras un año en una carnicería de Covas, desde el jueves está en el paro. «Creo que es tirar piedras contra su propio tejado, sobre todo en trabajos de cara al público donde la gente se acostumbra a las personas», destaca el joven, que empezó a trabajar con 16 años y también ha sido víctima de los contratos basura, muchos en la hostelería. «Realmente tengo cotizados diez», expone. «Mi novia ha conseguido una interinidad en A Coruña y probaré suerte allí», indica.  

«Llevo ocho años intentando convalidar mi título en España»: Ramona Tarita, enfermera rumana de 32 años

«En Rumanía me dicen que la culpa es de España porque aquí no quieren más extranjeros, y en España, que la culpa es de Rumanía por no hacer las cosas bien». Entre la crítica y la resignación explicó ayer Ramona Tarita cómo aún no ha podido validar en España la carrera universitaria que cursó en su país natal. Solo le reconocen un Ciclo Medio. «Vine hace ocho años porque mi marido, que trabaja en la construcción, me dijo que había más oportunidades de encontrar trabajo. ¡Mentira!», sonríe la mujer que, con una niña de 3 años, prepara una oposición.

«Necesito trabajo ya, aunque me levante a las cinco de la mañana»: Nuria González, asistente a domicilio de 50 años

Nacida en Barcelona, pero asentada en Viveiro desde hace casi cinco años, Nuria González Burgos, de 50, vuelve a estar en el paro desde el 30 de abril. «Estuve un año y casi cuatro meses en una empresa de ayuda a domicilio, y antes en otra empresa», detalla la mujer, que en la ciudad Condal trabajó en una carnicería. «Veo el futuro complicado porque ¿a dónde vas con 426 euros si 240 ya se van en el alquiler, y hay que pagar luz, agua, comida...? Parada no puedo estar ni un momento porque me entra angustia. Busco trabajo de lo que sea», afirma. 

LA DENUNCIA: PRÁCTICAS ILEGALES

Hay empresarios que exigen a las empleadas firmar ante notario que no se van a quedar embarazadas

Comerciantes que hacen contratos a media jornada aunque luego «obligan» a las dependientas a cumplir a rajatabla horarios y tareas de jornada completa, empresarios que no reconocen la categoría que en realidad les corresponde a los empleados para así pagarles menos dinero y que no acumulen derechos, otros que solo hacen contratos temporales para que el empleado no sume antigüedad y nunca pueda llegar a ser fijo, hosteleros que pagan sueldos de 700 euros por más de 10 horas de trabajo al pie del cañón en la cocina o en la barra... La picaresca en el mundo empresarial mariñano es amplia, variada y viene de antiguo, según confirman a La Voz fuentes de distintos ámbitos, pero, tal y como señalan, cada vez hay más prácticas que además de ser ilegales carecen de cualquier tipo de ética e incluso de humanidad. En ese ámbito se enmarcaría la «política» que, según aseguran las mismas fuentes, está llevando a cabo algún empresario mariñano que estaría obligando a sus empleadas ?casi todas son mujeres? a firmar un documento ante notario en el que se comprometen a no quedarse embarazadas. «Y si Hacienda empezase a mirar y a meter mano en el dinero negro que se mueve en muchos negocios, a muchos empresarios que alardean de poderío no les iba a ir nada bien», indican.

Buenas prácticas

Por el contrario, las mismas fuentes también destacan el buen hacer de otros empresarios de A Mariña que sí respetan las condiciones laborales y salariales de sus empleados. Incluso en un sector a priori «tan complicado», como dicen algunos, como es el de la hostelería.

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