18 comerciantes de Viveiro entre los 40 mariñanos en Puerto Rico en 1900

Los viveirenses llegaron reclamados por un familiar para trabajar en una casa comercial


En el siglo XIX no emigraba quién quería sino quién podía. Quién contaba con recursos, tierras o medios para pagar el viaje y marchar. Por eso la emigración a Puerto Rico es un ejemplo de migración selectiva a América. Fue protagonizada por la mesocracia de aldeas y villas y se basó en las cadenas migratorias -un familiar llama a otro? que se generaban en torno al trabajo en casas de comercio que, a veces, tenían sede central en Cádiz o Sevilla.

Fue una diáspora diferente de la popular y masiva. Y generó élites. Despegó en 1840-1850 y mantuvo un crecimiento sostenido hasta fin de siglo. Después, el descenso fue imparable y entre 1944 y 1963 solo estaban censados en la isla 2.235 españoles.

A pesar de ser una emigración poco analizada, estudios de Joaquín Miguel Villa o de Matilde Albert cifran que los peninsulares en la isla pasaron de 1.959 en 1860, a 19.565 cuando cambia la soberanía por el Desastre de 1898. Un año después, vivían allí 7.690 españoles y se marcharan 11.875.

En ese tiempo, las nuevas autoridades permitieron elegir entre la ciudadanía española o la americana. Y las Declaraciones de Nacionalidad revelan que en 1900 había 1.236 gallegos, 40 de A Mariña y, de ellos, 18 de Viveiro.

Hermanos, tíos, primos

De Viveiro eran los hermanos Abadín Martínez ?Ángel, Evaristo, Pedro y Manuel- comerciantes en San Juan, Antonio y Juana Puente Leal, y Blas y Francisco Martínez García, en Manatí, y José Franco González, tío, y su sobrino Enrique Franco Rey con tienda en Mayagüez. En Manatí vivían, además, José A. Lago Martínez y Jesús Míguez Villar.

La nómina se completa con José Iglesias Martínez, vecino de Bayamón; Marcial López, de San Juan; Daniel López Carbia, de Hatillo; Luis Torrón Colosía, de Ponce; y dos mujeres, Rosario López García, domiciliada en Mayagüez, y Dolores Villalba Rodríguez, de Landrove, afincada en Barceloneta.

Los viveirenses llegaron reclamados por un familiar para trabajar en una casa comercial. Comenzaban de dependientes y cuando ahorraban 1.000 pesos trabajaban en sociedad o por cuenta propia.

En su mayoría, procedían de familias con linajes hidalgos, funcionarios, burguesía comercial, propietarios o labradores fuertes. No emigraban tanto por necesidad como por falta de promoción económica y social en Galicia. No se vincularon a la agricultura (azúcar, café) sino a importar y distribuir mercancías. Y tuvieron notable poder social y político derivado del poder económico de sus comercios, lo que les permitió invertir en préstamos o bienes inmobiliarios.

Fue una diáspora diferente de la popular y masiva

y generó élites

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Un residente de O Valadouro, Burela, Lourenzá, A Pontenova, Cervo

En el citado año residían José Pardo Ríos, de Burela, en Arecibo; Francisco Blanco Moinelo, de Lourenzá, en San Juan; Francisco Janeiro G. de O Valadouro, en Ponce; Antonio Rico Morado, de Vilaodrid, que vivía en Juana Díaz; y Abelardo San Juan Carrete, de San Cibrao, residente en Añasco.

Tres de Ribadeo, dos de Mondoñedo y dos de Alfoz

Los residentes de Ribadeo eran Cándido Braña Puelles, que vivía en Cayey; su hermano Andrés, que era menor, residía en San Juan y tenía como tutor a Manuel Méndez; y Ricardo Rodríguez Alonso, en San Juan. Los dos de Mondoñedo eran José Fernández Bouza, que vivía en Dorado, y José BenitoTaboada Vizoso, residente en Aibonito. Y los de Alfoz eran Eulogio Geada Febrero y José Maseda Expósito, los dos naturales de Adelán y vecinos de Aibonito y San Juan, respectivamente.

Uno de Nois y cuatro de la capital municipal

El resto de los focenses en Puerto Rico eran uno de Nois, Joaquín Ríos González, residente en Manatí; y cuatro de la capital municipal: Ramón Bolaño Solveira, vecino de Mayagüez, y tres menores de edad en 1900: José Otero Rapa,

residente en San Juan, que tenía como tutor a Pedro Pérez Méndez; Justo Pérez Río, en Arecibo a Francisco Lourido; y José Vázquez López, también en Arecibo, a Anselmo Vázquez.

De 10 emigrantes de Foz, la mitad eran de Cangas

De los diez focenses residentes en Puerto Rico en 1900, la mitad eran de Cangas: el poeta y escritor Francisco Lourido Sánchez, su

hermano Perfecto y su sobrino Matías Sá Lourido; y los hermanos Antonio y Manuel Moreda Santiso. Todos vivieron en Arecibo -excepto Manuel Moreda que residía en Barceloneta-, se dedicaron al comercio y procedían de dos familias de labradores hacendados y de nivel económico y social medio-alto.

Militares pioneros y proliferación de apellidos con origen en la comarca lucense de A Mariña

Los pioneros de la emigración a Puerto Rico fueron militares allí destinados, entre 1830 y 1868, cuando era colonia española. Así llegó Fernando Méndez San Julián, abogado y fiscal, que, aunque de El Franco (Asturias), fue alcalde de Ribadeo. Y también el

Comandante Vázquez, tío de Calvo Sotelo y padre de Antonio Vázquez, fundador del Partido Socialista del Uruguay. Otro ribadense, Altide Parga, casado en Cangas de Foz con Mª Antonia Mon, estuvo destinado en la isla. Tenía un gran patrimonio ?desde su casa podía contemplar cien fanegas de tierras propias- y seis hijos: Nivarda y dos sordomudos que residieron en Cangas; Glafira, emigrante en Buenos Aires; y Antonio y Ubaldo, ricos comerciantes en Puerto Rico. Hoy, en la isla abundan apellidos de origen mariñano. Solo los Lourido son más de 200 y proliferan los Parga, Méndez, Cortón ?descendientes del comerciante de Cedeira, Andrés López Cortón-, Correa, Abadín o Franco.

Tres nacionalizados americanos y en 1944 sOlo cuatro residentes de Xove, Foz, Viveiro y Ribadeo

De los mariñanos, solo se nacionalizaron americanos y juraron fidelidad al gobierno de los Estados Unidos tres personas: Cándido Brañas, de Ribadeo, residente en Cayey; Clemente Iglesias Castro, de San Martiño (Foz), que moraba en Añasco; y José Suárez

Deus, que era de Viveiro y vivía en Fajardo. El resto conservó la nacionalidad española.

Con el cambio de soberanía, el descenso de españoles en Puerto Rico fue inexorable. En 1910 había 6.630, en 1930 eran 3.595 y en el período 1944-1963 quedaban 2.235. De ellos, solo 383 eran gallegos, la mayoría de ellos de A Guarda y Baiona que aún hoy

cuentan con gran número e importante posición social en la isla. En ese período, de A Mariña solo figuraban censados en el Consulado Español de Puerto Rico cuatro emigrantes: Miguel Iglesias Folgueira, de A Rigueira (Xove); Concepción Ollade López, de Viveiro; Waldo Parga Mon, de Cangas de Foz; y Juan

Suárez Fuentes, de Ribadeo.

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