Estudiantes mariñanas entre fundas, chapas de metal y llaves inglesas

Cuatro mujeres se forman como mecánicas y soldadoras en los ciclos del IES María Sarmiento de Viveiro


viveiro / la voz

El estereotipo dice que a la mujer no le gusta mancharse las manos con grasa de coche, pero tampoco el olor del gasóleo o trabajar con sopletes y martillos. Sin embargo, esa imagen aceptada sin más por la sociedad está muy alejada de la realidad, como demuestran las experiencias de las cuatro mujeres que se forman como mecánicas y soldadoras en los ciclos formativos que se imparten en el IES María Sarmiento de Viveiro. No son muchas, pero valen mucho, como destacan sus profesores, que señalan que en dos sectores asociados tradicionalmente al hombre, como son el del automóvil y el de la soldadura, las mujeres que incorporan una titulación académica a sus currículos «teñen un posto traballo case garantizado».

«Que haxa rapazas nestes ciclos é algo que choca aquí, nesta zona, porque eu estiven en Asturias hai anos e xa daquela había rapazas nos cursos de soldadura», explica Eliseo Maseda, jefe del departamento de Fabricación mecánica. Este curso tiene dos alumnas en primero. «Desde hai catro ou cinco anos non houbera ningunha, e é unha pena porque no mercado laboral hai demanda continua», agrega. Algo similar ocurre en el ciclo de Electromecánica, donde hay dos mujeres en primer curso. «O mundo do vehículo é moi amplo, e dá moitas opcións», sostiene Ramón Pego, uno de los profesores de automoción.

«Mi abuelo era mecánico, mi padre suelda y a mí me gusta desde siempre»

A Noa Fernández Díaz le encanta el taller desde que era una niña. «Mi abuelo era mecánico, mi padre suelda y a mí me gusta desde siempre», relata esta viveirense de 17 años, una de las dos alumnas que cursan primero de Soldadura y Caldeirería en el María Sarmiento. Cuando acabó cuarto de la ESO, tenía claro que no quería estudiar Bachillerato y decidió matricularse en el ciclo formativo con el que espera labrarse un futuro laboral. «Mis padres me animaron desde el primer momento», afirma. «Dentro de unos años espero estar en una empresa trabajando como soldadora», subraya. La otra mujer que estudia Soldadura estudió antes Bellas Artes, y en el futuro sueña con crear una empresa en la que, por ejemplo, podría aunar sus dos pasiones: el arte y el metal.

Sin discriminación

-¿Y cómo es el trato con sus compañeros y con los profesores? ¿Han sentido algún trato diferente por el hecho de ser mujeres? «Igual al principio nos miraban algo extrañados, porque es un ciclo en el que no suele haber muchas alumnas, pero ahora ya son nuestros amigos y nos llevamos muy bien. Al fin y al cabo todos somos personas», comentan.

-¿Qué opinan de quienes consideran que la mujer no puede realizar algunos trabajos por físicamente es más débil que el hombre? -«La soldadura, por ejemplo, requiere maña, destreza y paciencia más que fuerza». -«Muchos compañeros tampoco pueden con una chapa que pese mucho», bromea Noa.

«Se aprobamos este ciclo, gustaríanos facer o Superior»

Lucía Seijas González, de 26 años, y Patricia Casas Vázquez, de 27, se sienten cómodas vistiendo la funda cuando llegan al taller. A la primera le gusta la automoción porque tuvo una moto y disfrutaba «argallando nela», así que después de acabar la ESA (Enseñanza Secundaria de Adultos), se matriculó en el ciclo de Electromecánica. «Ao principio dábame algo de reparo apuntarme porque só hai rapaces, pero agora estou moi contenta, e trátannos moi ben», detalla la joven, que trabajó en la lonja, cuidando niños o en una mercería. «Tampouco o levaba mal, pero non era o que me gustaba», indica. En el futuro le gustaría encontrar un empleo en una ITV más que en un taller. Junto a ella se forma a diario Patricia, que se confiesa «máis de ralis que de Fórmula 1». «Sempre tiven curiosidade sobre como funcionaban os coches. Teño ganas de montar un e gústame correr», explica, antes de explicar que heredó la afición de su padre, a quien ha acompañado a muchas carreras. «Fun con el desde que era pequena e por iso me gustan tanto», apunta la joven, que antes estudió Administrativo y también trabajó de cocinera. «Cambiei os fogóns polas chaves inglesas», sonríe. Las dos jóvenes comparten aula con cinco chavales. «Non tivemos ningún problema, todo o contrario, colaboran bastante. Como que nos tratan con máis coidado e nós facémoslles bromas», apuntan.

Más de práctica que de teoría

Confiesan que disfrutan «enredando» en los motores y las piezas, y aunque la teoría, que es imprescindible, les gusta algo menos, comparten la misma ilusión. «Se aprobamos este ciclo, gustaríanos facer o Superior».

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