Marino López, hijo de un emigrante de Celeiro y ministro y senador en Cuba

Batista, al que apoyaron muchos gallegos, lo nombró en 1941 secretario de Presidencia y luego ministro de finanzas


El emigrante de Celeiro (Viveiro) José López Menéndez, emigrado a Cuba en 1893, y su esposa Julia Blanco comprendieron pronto que la educación no cotizaba en Bolsa pero era el único valor seguro, no susceptible de quiebra. Y enviaron a su hijo Marino a estudiar a Santiago de Compostela al cumplir los 13 años. Era su forma de invertir. El chaval era listo e inteligente. Llegó a ser Senador y Ministro de Finanzas de Cuba en 1952. Antes había conocido el lado oscuro del poder. Y, después, cuando llegó Fidel, apoyó una invasión de Cuba que pretendía derrocarlo.

En Santiago, el joven Marino no perdió el tiempo. Hizo el bachiller, se licenció en Derecho y aún tuvo tiempo de fundar y dirigir el semanario Maruxa y la revista La Raza, de colaborar con Eco de Galicia, escribir un libro y hacer amigos en la colonia estudiantil y en la sociedad compostelana. Cuando regresó a Cuba, trabajó como secretario particular de María Jaén, la esposa de Alfonso Zayas, presidente de la República entre 1921 y 1925. Zayas fue uno de los presidentes más corruptos de Cuba hasta esa fecha, pero tambien el que logró mejores relaciones entre el gobierno y el pueblo con una política de nepotismo y amiguismo generalizado.

La calle del dinero

Marino López Blanco vivió en primera fila asuntos y negocios tan turbios como que a la Primera Dama le tocaran 200.000 pesos en la Lotería Nacional de 1923, la compra multimillonaria del Convento de Santa Clara para oficinas del Gobierno, el dragado de la bahía de Cárdenas o la adquisición de terrenos para ampliar el Malecón habanero… En ese tiempo, su padre presidía la sociedad de Vivero y su Comarca y él era notario del Centro Gallego. Pero se iba adentrando cada vez más en un mundo que le ofrecía todo lo que los emigrantes marcharan a buscar: poder, dinero, influencia...

En Compostela ya había publicado en 1917 un libro de poesía titulado Intimo y en esos años escribió Beso de quimera (1921) y tres estudios: Ensayo sobre el mimetismo político (1931), Maceo, símbolo de cubanidad (1942) y Perennidad de Martí (1936).

Compró una casa en la calle Aguiar, la calle del dinero, sede de bancos, compañías de seguros, cámaras de comercio nacionales y extranjeras y bufetes de 105 abogados. Y se codeó con algunos que después serían peces gordos del régimen de Batista: Rafael Guás, García Montes, Gastón Godoy… Las puertas de la sociedad habanera se le abrieron y él aprovechó la dirección del viento.

Batista, al que apoyaron muchos gallegos, lo nombró en 1941 Secretario de Presidencia y luego Ministro de Finanzas y Senador. Era hombre de su confianza. Esa fue su hora alta. Y entonces llegó Fidel. Y el hijo del emigrante de Celeiro acabó sus días, según el historiador Armando M. Lago, en la prisión de Combinado del Este de La Habana en la que murió el 28 de mayo de 1986.

Su padre presidió en 1923 Viveiro y su Comarca, y él fue notario del centro gallego

La primera directiva elegida de Vivero y su Comarca -que se había fundado en 1910- la formaron en 1911: Justo Taladrid, presidente; Manuel Cabaleiro, vicepresidente; Tomás Ramos Riguera, secretario; y Amando Cora y Jesús Pernas González, tesoreros.

En ella, el padre de Marino, José López Menéndez, era vocal representante de Celeiro como Modesto López Pin lo era de Vieiro, Antonio Pernas Corral de Magazos, A. Insua Polo de Landrove, Antonio D. Santiago de Covas, Ramón García Mon de Chavín, José García Vizoso de Valcarría, Vicente Abadín de Galdo y Ramón López Veiga de Viveiro.

Nueva directiva

En 1923, la sociedad emigrante la presidía José López Menéndez y tenía a Manuel Pernas, vicepresidente, José Franco Fernández, tesorero, y Benigno Ferreiro y Generoso Puentes Rouco, secretarios. Ese año, la entidad abrió una sección de Beneficencia y celebró un gran acto social para bendecir el estandarte donado por Pernas. En él, pronunció un apasionado y emotivo discurso Marino López Blanco, entonces secretario de la Primera Dama cubana, notario del Centro Gallego y socio de honor de Vivero y su Comarca.

Desde su etapa compostelana, Marino mantuvo una estrecha relación con el periodista Jesús Rey Alvite ?tío del inolvidable José Luis Alvite- que lo entrevistó en Galicia Pintoresca en noviembre de 1917 y en El Pueblo Gallego en 1950 cuando visitó España.

En esos años, desde la revista Maruxa, López Blanco abogó con Paz Andrade por crear la Casa del Estudiante y el Ateneo Escolar en Santiago, su revista organizó en 1917 unos Juegos Florales y promovió un monumento al Batallón Literario compostelano de 1808.

Justo Taladrid fue en 1911 el primer presidente de la sociedad emigrante viveirense

Testaferro y hombre de confianza del dictador Fulgencio Batista

Desde que entró en el dinero, Marino López Blanco ya nunca pudo salir de la política. Se arrimó a la sombra del dictador Batista y fue su sombra, su testaferro. Primero fue Secretario de Presidencia en 1941, una especie de jefe de despacho del Presidente y coordinador de Ministerios.

Luego pasó al Banco Hispano Cubano, con sede en la calle Aguiar y era propiedad conjunta de José López Vilaboy y Marta Fernández Miranda, la ribadense que fue la segunda esposa de Batista. Según Jiménez Soler, controlaban el 80% de sus acciones a través de agentes como Lorenzo Rosado, Pérez Benitoa y Marino López Blanco que fue miembro de su Consejo de Dirección.

El banco estaba al servicio de 23 empresas que pertenecían al propio Batista y se utilizaba para vincular capitales españoles y cubanos con el fin de comprar acciones de la Compañía Cubana de Teléfonos, un proyecto que dirigían Vilaboy y el propio López Blanco. En 1954, en el primer gobierno del antiguo sargento, López Blanco fue Ministro de Hacienda y Finanzas junto a otros como Céspedes (Gobernación), Ramón Hermida (Trabajo) o Portocarrero (Educación) que, años después, el castrismo tildaría de «políticos sin moral, viejos politiqueros carentes de prestigio».

La fe de Batista en él era grande pues el celeirense fue uno de los tres ministros ?Gastón Godoy, Hermida y él mismo- que ese año de 1954 se entrevistaron con Fidel Castro, prisionero en la Isla de los Pinos por el asalto al Cuartel de Moncada en 1953 que intentaba derrocar a Batista. Pretendían negociar condiciones para su amnistía. La lealtad de López Blanco hacia su protector fue más allá de su caída. Tras llegar Castro al poder en 1959, fue uno de los que aportó dinero ?con empresarios de la minería, el azúcar, la hostelería, el ocio…- para invadir Cuba desde la República Dominicana y derrocar al nuevo tirano. Pero fracasaron. Y Marino López Blanco acabó sus días en una de las cárceles del régimen de Castro. Esa vez en la ruleta salió el número equivocado…

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