Envejecer, consecuencias personales y sociales


Como casi siempre me inspiro en el Siglo de Oro. «Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hayamos llegado». Una vez más Francisco Gómez de Quevedo (1580-1645) acertó con su sentencia. Y en este país, entretenido con el contencioso entre Cataluña y el Estado, zaherido por esa bochornosa y diaria crónica de la corrupción, se olvida que nos hemos convertido en uno de las Naciones más envejecidas del mundo.

A título popular, cada vez que asisto a una reunión, descubro como los contertulios somos jubilados-pensionistas, rara vez tenemos algún trabajador cotizante a la Seguridad Social y ya no digamos jóvenes con más futuro que pasado. Y es que mi retrato, a estilo Machado, es: mucha historia vivida, enorme disconformidad presente y cada día más inquieto sobre el principio de la incertidumbre, pues lo que me queda es mucho menos de lo anterior. En eso consiste el fenómeno vital de hacerse viejo. Lo complicado es adaptarse. Lo exasperante es comprobar cómo los que mandan siguen sin enterarse.

Estos días aparecen las famosas y viejas pirámides de población, su evolución con el pasado y el futuro. ¡Estamos perdidos!. Todo indica que podemos fenecer de éxito. Cuando hemos logrado dar años a la vida, no sabemos cómo garantizar una vida digna para los años.

Hace tiempo, como profesor asociado por oposición en la Universidad Pública Vasca, explicaba que el envejecimiento convertía la independencia en dependencia: económica, física y social. Tuve el honor de contribuir a la fundación y actividad frenética de la Sociedad Norte de Geriatría y Gerontología, que funda la Sociedad Española de tal disciplina -ciencia o arte- Mis discursos en cinco legislaturas del Parlamento Vasco -se puede acceder a ellos a través de la página Parlamento Vasco- comenzaban cada curso señalando que además del conflicto vasco, nos debíamos enfrentar con tres hechos: movimientos migratorios, nuevas-viejas enfermedades infecciosas, envejecimiento poblacional. Me preocupaba la falta de recursos y previsiones actuarias sobre el envejecimiento. Y eso que vivía y ejercía en una comunidad rica, avanzada y con un extraordinario nivel, tanto de poder adquisitivo para las pensiones, como desarrollo del espacio socio sanitario para atender de forma integrada e integral el envejecimiento. Las Diputaciones Forales vasco-navarras eran un ejemplo de equipamientos y servicios a la tercera edad.

Tres ejemplos para que algunos tomen nota. En Vitoria por los años ochenta, ya tenían gran éxito las Aulas de la Tercera Edad. Una segunda oportunidad para aprender desde lectura, escritura y tertulia, intergeneracional. Los servicios sociales y los asistenciales sanitarios, conformaban una oferta conjunta desde el Departamento de Sanidad -Me tocó legislar la Ley del Servicio Vasco de Salud, la de los Servicios Sociales, la de Salud Laboral- La Ley de mecenazgo y esponsorización, ya contemplaba exenciones fiscales para quienes invertían en equipamientos, servicios, investigación y desarrollo de respuestas al envejecimiento poblacional -»igualito que aquí», dónde en el colmo de la ignorancia y por miedo economicista, separaron curar y cuidar-.

Resulta insultante que ante la crisis económica, al mandarín de turno, lo primero que se le ocurre es meterse con los derechos económicos de los pensionistas. Bueno, quise decir, de los de a pie. Los de usía, han sabido entender que la caridad comienza por uno mismo. Deben ser los efectos producidos por aquella enseñanza en exclusivos colegios religiosos. Me imagino la cara de cabreo infinito de todos mis colegas, al recibir y leer la carta dónde se nos comunica la generosa subida del 0,25% para la pensión, amén de tener que volver a tributar por tal, en un sistema de doble imposición y confiscación.

Termino como empecé. «Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida» Pablo Picasso. Así que, hagamos la revolución para cambiar el mundo, para dejarlo mejor a las generaciones siguientes. Progresismo es militar en hacer que los siguientes vivan mejor que nosotros.

Autor Pablo Mosquera Articulista y colaborador

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