El día de 1956 cuando en O Valadouro cayó nieve negra y llovió agua enlutada

La revista «Vida Gallega», recogía en su número 679 la insólita noticia


«La sorprendente noticia circuló por toda la prensa nacional y tuvo amplio eco en el extranjero: en la hermosa comarca del Valle de Oro (Lugo), el temporal de nieves tuvo un epílogo inesperado: en la nevada cumbre del Cuadramón cayeron abundantes copos negros, que llegaron a cuajar, y en diez parroquias se observó el extraño fenómeno de una ‘lluvia enlutada’ -según popular bautizo- que atemorizó a las sencillas gentes aldeanas».

Con esta entradilla, presentaba la revista de la emigración, Vida Gallega, en su número 679, de febrero de 1956, la insólita noticia que llevaba por título «Cayó nieve negra en la cumbre del Cuadramón» y por subtítulo «Y llovió ‘agua enlutada’ en numerosas parroquias del Valle de Oro (Lugo)». El texto, a cuatro columnas, iba firmado por P. Argomoso e ilustrado con dos instantáneas del famoso fotógrafo mindoniense Santiago Pernas. Una era un primer plano de un cubo lleno de agua negra y la otra, una foto de un vecino, Manuel Martínez, el popular Mingote, mostrando el cubo y su propia gabardina ennegrecida. A partir de los datos objetivos que reprodujo en el leader de la noticia, el periodista se preguntaba «¿Cómo explicar el extraño suceso». Y él mismo se respondía dividiendo el mundo en dos: el de «las personas cultivadas» y «los habitantes de las aldeas». Como si fueran antitéticos y excluyentes…

Según P. Argomoso, para los primeros, el fenómeno se debía a los efectos de un nube radioactiva «quizá de la que, según la revista norteamericana Time, partió de Nevada y pasó sobre Galicia, después de cruzar el Atlántico, atravesando Francia y dirigiéndose al Extremo Oriente» que, por los caprichos del viento, quiso obsequiar a los lucenses del Valle de Oro con su mensaje de tinta….radioactiva.

Los segundos, los aldeanos según el cronista, no pensaban igual pues «en el fondo de sus almas surgían atávicas creencias y supersticiones»… Lo que caía del cielo, como trozos de tinieblas, no podía ser otra cosa más que la señal de que el fin del mundo se acercaba. Convencidos de ello, dice Argomoso, se pusieron a rezar. En pleno franquismo, la Iglesia también hacía estragos, como el temporal, y, ante todo, salvar el alma… No fuera a ser...

Nadie confirmó las sospechas

El problema vino cuando nadie pudo confirmar sus sospechas. El cura venga a rezar y los paisanos a recelar a medida de que pasaban las horas y todo seguía en pie. Y el maestro, que se marchó a comprobar en la Enciclopedia los efectos de las radiaciones, dijo que volvería… La autoridad, el Estado, como el Elefante Blanco, ni estaba ni se le esperaba…

Así que todo era una inquietud, un runrún, un barullo. Lo único cierto era que las fachadas de las casas seguían con los negros manchones de la misteriosa precipitación y que las gabardinas y otras prendas exhibían la huella oscura de la sorprendente lluvia.

martinfvizoso@gmail.com

Algunos creían que el fenómeno se debía una nube radiactiva

«Mingote» resolvió el enigma al lavarse la cara con el líquido recogido de un canalón

El vecindario andaba alborotado y no sabía a qué carta quedarse. Y en eso estaban, cuando llegó Mingote, raudo y decidido, con un cubo de agua ennegrecida que había recogido de un canalón del consistorio de Ferreira do Valadouro.

Por su resuelta intervención, Mingote pasó a ser, a nivel mediático y social, la figura destacada y el referente de aquella experiencia tan sensacional. Y, después de enseñar varias muestras del abundante tinte negro que dejara la lluvia, se puso a demostrar, ante la incredulidad general, que el líquido elemento no era radiactivo ni tampoco la profética mala baba que enviaba Satanás como anticipo de lo que vendría después…

Así que Mingote se lavó tranquilamente con el «agua enlutada» y hasta ingirió, en pequeñas proporciones, un vasito de ella «ante el espanto de algunos vecinos con vocación de grandes científicos», según se mofa el intolerante y vanidoso cronista. Después de tan rotunda evidencia, no pasó nada. Ni él cayó fulminado ni el agua ni la nieve se volvieron blancas. Nada. La fiesta terminó, cada uno regresó a sus asuntos y el suceso perdió interés para «el vulgo», dice.

La noticia publicada en Vida Gallega concluye con un doble corolario: «Un simple fenómeno atmosférico, decían, sin alcanzar a ver su importancia. Un maravilloso espectáculo, añadimos nosotros, que hubiéramos querido contemplar para poder sentir aquella ‘blanca congoja’ que F. James pudo plasmar en su ‘lluvia de cuervos’».

Pasó el día y pasó la romería. Lo que sí quedó, y bien demostrado, fue el arrojo de Manuel Martínez Mingote y el carácter engreído y petulante del redactor de Vida Gallega.

El año de la mayor ola de frío y de los ensayos atómicos

El fenómeno de la nieve negra en 1956 en O Valadouro fue esporádico y puntual. Y por eso se tomó casi como anécdota. Sin embargo, hoy provoca alarma mundial entre la comunidad científica.

Especialistas como Marco Tedesco, de la Universidad de Columbia, o Jason Box, del Servicio Geológico de Dinamarca, afirman que la nieve negra está acelerando la desaparición de los glaciares porque los colores oscuros absorben más el calor y, en consecuencia, un hielo oscuro se derrite más rápido.

Según ellos, esa nieve se crea a partir del hollín de los incendios, de las partículas ultrafinas de carbono negro y otros elementos químicos y de diesel que se depositan a miles de kilómetros del lugar donde fueron liberadas.

Especialistas gallegos, por su parte, dicen que para explicar lo acaecido en O Valadouro hay que tener en cuenta dos circunstancias excepcionales de aquel año.

La primera fue la ola de frío que recorrió Europa. El continente registró las temperaturas más bajas del siglo y la Península Ibérica, el mayor descenso que tuvo nunca: muchos lugares alcanzaron los 20º bajo cero.

La segunda fue que, ese año, Estados Unidos hizo explotar en los atolones Eniwetak y Bikini de las islas Marshall, en el Pacífico, las 17 bombas atómicas y de hidrógeno que conformaban la Operación Redwing. Eran las llamadas bombas Lacrosse, Cheroqui, Mark 15, Zuni, Yuma, Erie, Semínole, Flathead, Blackfoot, Kicdapoo, Osage, Dakota, Mohawak, Apache, Navajo, Tewa y Hurón. Los isleños desalojados y, al tratar de regresar en 1970, no pudieron hacerlo por la alta radioactividad…

Así las cosas, no extraña que muchas gentes de orden pensasen que el mundo se acababa. Encima, fue el año en que Franco decretó el Estado de Excepción, Juan Carlos mató de un tiro a su hermano, Marruecos se independizó de España, los rusos invadieron Hungría y hasta Castro llegó a Cuba con 79 guerrilleros dispuestos a armarla. El acabóse. Menos mal que en 1956 se fundó Televisión Española (TVE) y todo se fue amnestesiando…

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