Codina, el médico de Mondoñedo que inició la lucha contra la lepra en España

Realizó las primeras estadísticas de enfermos y aplicó medidas precisas


Oswaldo Codina Zapico, médico de Mondoñedo, pasó la historia por un acto temerario: el 4 de octubre de 1896, en una batalla de la Guerra de Cuba se inflitró en las trincheras de los insurrectos para rescatar el cadáver de su jefe, el teniente coronel Romero, caído en combate, y atravesar, con el muerto en brazos, el campo de batalla. La Reina Regente lo condecoró por ello y le concedió una pensión vitalicia.

Sin embargo, años antes, su labor científica, altruista y decisiva para estudiar y asistir a los enfermos de lepra en el Levante español, sólo le reportó problemas y un poso de amargura que lo llevó a Cuba. En la historia de este país pesa más una osadía o una pamplina revolera que el rigor y el trabajo discreto. Así es y así le sucedió a Codina.

La lepra -enfermedad de pobres, como se definió- hizo estragos en España a finales del siglo XIX pero, sobre todo, en Andalucía, Canarias, Galicia y Levante donde, de Gandía a Villajoyosa, había un notable foco endémico.

La concentración de enfermos significaba saturación de hospitales, aumento de muertes y, sobre todo, exclusión. El miedo al contagio provocaba que los leprosos fuesen confinados o repudiados por sus propias familias que los encerraban en cuevas o casas aisladas con una campanilla para advertir de su presencia…

En Orihuela

Codina vivía entonces en Orihuela donde su padre, Rafael Codina Primo, era teniente coronel del Batallón de Infantería. Era médico y, en vista del incremento de afectados, inició una labor pionera y arriesgada: realizó las primeras estadísticas de enfermos y les aplicó las medidas higiénicas y terapeúticas precisas.

En 1888 escribió en la Fraternidad Médica un artículo en el que detalla el crecimiento de la enfermedad en la comarca de La Marina, la más afectada de España, y destaca la necesidad de aislar a los enfermos y las pésimas condiciones sanitarias de los pueblos. Describe el mal como «terrible, con miembros corroídos por la asquerosa elefantiasis» y aboga por construir una leprosería en la zona.

El doctor elevó una Memoria al Gobierno, publicó artículos en diarios de Madrid y Alicante y en numerosas revistas médicas. Así consiguió que el problema de la lepra mereciera la atención de la prensa estatal, que la opinión pública reclamara un hospital especializado y que el Gobierno publicara una Real Orden el 17 de octubre de 1890 en la que ordenaba su inmediata construcción.

Pero todo se estrelló y se paralizó ante la Diputación de Alicante. Y el joven médico decidió marchar a Cuba, harto de luchar contra la burocracia y los intereses políticos. Eso sí, antes le dieron la Orden Civil de Beneficiencia, una distinción que había creado Isabel II para reconocer actuaciones extraordinarias en caso de calamidades públicas…

Al regreso de la guerra, se casó en segundas nupcias con una mindoniense

El doctor Oswaldo Codina Zapico nació en Mondoñedo el 1 de diciembre de 1861, hijo de Rafael Codina Primo, natural de Játiva (Alicante) pero que entonces desempeñaba el cargo de teniente en el Batallón Provincial de Mondoñedo, y de Dolores Zapico Puga, una mindoniense oriunda de Riotorto.

Sus datos biográficos y su peripecia mindoniense fueron estudiados, con gran rigor, por el historiador Andrés García Doural que, en su blog llamado Miscelánea Mindoniense, dice que Codina, tras regresar de Cuba, visitó Mondoñedo en junio de 1900 y, seis meses más tarde, contrajo matrimonio, con 40 años, en segundas nupcias, con su prima Josefa Zapico Vilariño, soltera, de 25 años.

La ceremonia la ofició en el Palacio Episcopal el Obispo de Mondoñedo, Manuel Fernández de Castro. Oswaldo Codina murió al año siguiente por una enteritis, una inflamación del intestino producida por comer o beber sustancias contaminadas con bacterias o virus.

Un compañero de Viveiro

En la misma batalla en la que él llevó a cabo su heroica acción en Pinar del Río (Cuba), participó tambien como teniente del Regimiento Reus, Leopoldo Martínez Terrón que había nacido en Viveiro en 1865.

Martínez Terrón ingresó en el Ejército en 1881 y fue ascendiendo por méritos de guerra. A su regreso de la Guerra de Cuba, fue destinado en 1897 como capitán de la Caja de Reclutas de Mondoñedo, ciudad en la que murió en 1907. García Doural destaca que de su matrimonio con una mujer llamada Amadora, el capitán Martínez Terrón tuvo tres hijos -Alfonso, Leopoldo y Emilio- que tuvieron una amplia descendencia que llega a la actualidad.

Héroe de Cuba, Hijo Predilecto y una pensión vitalicia

Las razones de la marcha a Cuba del médico mindoniense fueron expresadas por él en una entrevista en El Defensor de Cartagena el 12 de enero de 1892. Ahí comenta que la enfermedad estaba muy arraigada en pueblos de La Marina, como Villajoyosa, y que no se tomaban medidas para detener el mal salvo obligar a los enfermos a abandonar los pueblos y recluirse en casas abandonadas. En vista de ello, quiso habilitar a sus expensas una leprosería en Agres (Alicante). Pero tuvo que desistir por las amenazas de las familias de los leprosos y el desdén de las autoridades. «Cansado de luchar» -dice- acudió a la Diputación alicantina pero en vano porque «ni cumplió ordenes del Gobierno ni atendió los consejos de la Ciencia». «¿Qué puede esperarse de una Corporación que antepone odios de campanario e intereses políticos al interés público y sanitario?», se pregunta en la entrevista. Y él mismo responde: «Si en vez de la salud de los pueblos se tratara de contentar a algún cacique…».

En vista del nulo respaldo, Codina se inscribió como médico en el Regimiento San Marcial que participaba en la Guerra de Cuba. Y el 4 de octubre de 1896 probó su valor en la batalla de la Loma de la Ceja del Negro, en Pinar del Río, entre 500 soldados españoles, al mando del teniente coronel Romero, y 7.000 rebeldes cubanos bajo las ordenes del general Maceo. A Codina, por su osada acción, la Reina Regente lo ascendió a capitán médico, le concedió la Cruz de 1ª clase de San Fernando y una pensión vitalicia anual de 375 pesetas. Y el Concello de Mondoñedo lo nombró en 1898 Hijo Predilecto y dio su nombre a una plaza de la ciudad que años más tarde -en la Transición- otro gobierno municipal quitó. Él no pudo verlo. Poco después de su muerte, el abogado Joaquin Ballester y el jesuita Padre Carlos Ferrís construyeron el Sanatorio de Fontilles, en La Marina Alta, siguiendo las indicaciones que fijó en su Memoria. La leprosería, abierta en 1909, fue la primera de España y una referencia de la enfermedad.

martinfvizoso@gmail.com

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