Francisco Roibás, el hombre que cede más de 50 coches clásicos para un museo

Comenzó con un Dodge Dar y hoy sigue usando los vehículos, desde un Citroën GS a un Seat 124 Sport


ribadeo / la voz

Un Dodge Dar, el Seat 1500, el R8, el 124 Sport, el GS, el Tiburón... vehículos que forman parte de la memoria colectiva de una generación. Una memoria que sigue fresca, de coches que son pasto para la añoranza, para aflorar los recuerdos y las anécdotas en las escasas ocasiones que aún alguno de ellos se ve circulando por las carreteras. Son retazos de un pasado reciente, de un tiempo breve pero en el que España ha dado un vuelco total. Francisco Roibás, ribadense, jubilado de banca afincado en Madrid, posee más de medio centenar de estos coches. Y los ofrece gratis al concello de A Mariña que quiera montar un museo con ellos. Apaga, la Asociación de Profesores de Automoción de Galicia que preside otro ribadense, Álvaro Doural, llamó a varias puertas. De momento, Mondoñedo ha mostrado interés y trabaja en ello, pero no hay nada firme.

¿Cómo se reúne semejante colección de coches? Dos son los requisitos, explica Francisco Roibás: tener afición y espacio. «No es tan caro como pueda parecer, porque son coches populares, no de alta gama. De Seat, por ejemplo, tengo diez. Todos, creo, menos el 1430. Y de Renault también todos», explica. Comenzó su colección con un Dodge Dar, el coche que tenía en casa, «y el primero que merecía la pena conservar». Es del año 1977 y lo retiró con poco más de 30.000 kilómetros. «Luego me fui quedando con los otros coches que tuve, un Renault 5, un Seat 131...».

«Si tienes afición, el problema es el espacio. Hubo una época, cuando no había plan Prever, en que la gente para deshacerse de los coches los regalaba, porque en el taller no le daban nada por él. Claro que muchos estaban en condiciones pésimas. A mí me regalaron varios, dos minis y un 600, por ejemplo. También se daban casos de gente mayor a quienes no renovaban el carné y dejaban los coches. Yo, como tengo naves de un conocido en Segovia, pues fui almacenando, y cada seis meses sacaba uno para restaurarlo. Otros están en una nave de Soria. Y otros en Lugo. Pero siempre fueron coches baratos, que ahora, eso sí, están perfectos para circular», explica Francisco Roibás.

Entre su más de medio centenar de coches que hay algunos «que están muy bien y que ahora valen algo de dinero. En su época, cuando los compré, no eran clásicos, eran coches viejos, de 17 o 20 años, que no valían nada. Si ahora encuentras un R6 vale poco dinero, pero dentro de unos años será una joya. Yo tengo un Tiburón, y dos GS con los que voy a concentraciones de coches clásicos y es muy difícil verlos».

«Tengo dos Peugeot 205, un Seat Panda que me regalaron, de los primerísimos que se hicieron en España con todas las piezas Fiat... y así, con una pequeña inversión fui haciéndome con la colección. Claro que después, al repararlos, siempre sube... pero mejor no echo cuentas», añade con una sonrisa.

El último, un Mercedes 190

Su última adquisición ha sido un Mercedes 190, 2.3 del año 88. «Solo tiene cien mil kilómetros», dice con cierto orgullo. Pero su favorito es un Seat 1500; también un R8 T6 «auténtico», aclara, y añade: «Hay muchas imitaciones». «También me encanta un 124 Sport 1800. Los dos están igual que el primer día que los pusieron en el escaparate».

Como buen aficionado, le tiene el ojo echado a un R6. «Es barato. Lo que ocurre es que he encontrado algunos, pero de andar por el campo están muy destrozados. También tengo algunos modelos repetidos, dos minis, tres 600 de diferentes modelos... y gastando dinero se me ocurren muchos, pero será cuando me toque la lotería. ¡Y como nunca juego!», dice haciendo de nuevo gala de su buen humor.

No son coches de escaparate. Francisco Roibás los usa habitualmente: «En casa en Madrid tengo uno que no se ve mucho, un BMW de la serie 3 del año 90 familiar. Tiene una historia muy curiosa. Se le ocurrió a un empleado de BMW y la empresa le compró la idea y lo fabricó. No abunda porque en aquellos años en España apenas se vendían los coches familiares. Y luego tengo un 190 2.3 y cuando voy a la nave bajo con un Seat 124, un Peugeot 205. También tengo un 2 CV impecable, pero no voy a ir de Madrid a Ribadeo con él. El viaje sería eterno porque no pasa de 90».

La colección de coches podría recalar en A Mariña, creando un museo. «El problema que tengo es que mis hijos tienen muchas ocupaciones y poco tiempo libre, y no van a seguir con ella. Tenía la opción de vender los coches, pero un día, hablando con Álvaro Doural y con la alcaldesa de Mondoñedo se ocurrió la idea de un museo, cediendo los coches 15 ó 20 años», explica.

Cree que el interés mostrado por el Concello de Mondoñedo podría fructificar. «Incluso vinieron a ver un museo similar en Salamanca, pero todo va lento, aunque lo entiendo». El lugar que se baraja son unas naves en San Lázaro. El pleno de Mondoñedo aprobará precisamente este viernes la cesión de los terrenos del entorno para restaurarlos.

El caso es que ya van más de tres años desde que se planteó esta posibilidad para crear un museo en A Mariña, sin que de momento haya cristalizado.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
14 votos
Comentarios

Francisco Roibás, el hombre que cede más de 50 coches clásicos para un museo