«A nadie le digo que haga meditación como hobby»


Reconoce que ha tenido alumnos que le han durado «tres días» pero otros encuentran en la práctica un sentido a la vida y llevan ya años formando parte de su grupo de Whatsapp. Antonio Ferrato (Viveiro, 1946) tiene sobrada experiencia en meditación, técnica de bienestar de creciente demanda ante el ritmo acelerado de la sociedad: «Tengo 71 años y hago meditación desde hace 40. Empecé con Ramiro Calle en Madrid. Somos muy amigos. Importante... ¿por qué empiezas e meditar?»

-Bueno, se me ha adelantado. Iba a hacerle yo la pregunta.

-Yo doy mi explicación. Llego a la sala porque no sabes lo que te pasa y estás hecho polvo. Te dices ‘no puede ser; yo no puedo estar hecho polvo así porque sí. Lo mío no tiene solución pero tiene que haber un paso más’. Llegas y te dicen ‘relájate’. ¿Y cómo me relajo? Es como la historia del búho, del que preguntan ¿cómo puede volar? Pues... ¡volando! Entonces, tienen que enseñarte a relajarte. Fui a yoga físico. Me venía bien porque soy una persona que siempre ha corrido. Cuando me senté a meditar alguien me dijo ‘los pensamientos que tienes en la cabeza no son tuyos, los pensamientos te piensan’. En aquel momento no sabía si levantarme de la clase y salir corriendo o quedarme como me quedé, quieto. Sentí una liberación. La culpa de lo que pienso, el miedo por lo que pienso... todo eso es mentira. Y alguien me dijo ‘incluso puedes cambiar un pensamiento por otro’. ¡Me parecía que era magia!

-La meditación, entonces, ¿puede transformarte?

-Exacto. El mundo que ves y te enfada, tú no lo puedes cambiar. Tienes que cambiar tu actitud y eso que tienes proyectado ahí verlo de otra manera. ¿Cómo? Cuestionándolo. Diciendo ‘eso es mentira, no es verdad’. Se llama maya o ilusión en budismo. La meditación es como un rayo láser que entra en la maya y va abriendo. Buda no dice ‘estudia, lee, aprende’. Dice ‘ve y mira’. No dice más que eso...

-Imparte cursos en Viveiro.

-En Sala 5. A nadie le digo que haga meditación como hobby, sí le digo que te va transformando y cambiando. Meditar es muy simple y cada día te transforma. Y no tiene nada de intelectual.

-Creo que a veces hay una falsa creencia sobre la meditación pensando que se trata de «dejar la mente en blanco», algo difícilmente alcanzable.

-Exacto. ¡Creo que ni Buda lo consiguió! Dalai Lama te lo dice en un libro. No es eso.

-¿Cuánto medita al día?

-Entre 6 y 7 horas, por la mañana y por la noche.

-¿Con diez minutos sería suficiente para ir comenzando?

-A algunos que llevan años les mando meditar 30 minutos a la mañana y 30 a la noche. Es sentarte al acabar al día, estar contigo y sentirte bien en tu piel. Es muy sencillo. Pensar ‘he acabado’ pero sin analizarnos ni machacarnos ni decir ‘mañana voy a hacerlo mejor’. ¡Si es que ya somos buenos! La base del trabajo que les doy, que es la del dios amor, es el adiós a la culpa y en el perdón a ti mismo, a tus padres y a todos los que puedas... Es la pócima.

-Hay muchas formas de iniciarse en la meditación.

-Sí, yo empiezo con la atención a las partes del cuerpo. La atención es fundamental.

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