Osorio, el ribadense que presidió la Sociedad de Socorros Mutuos de Buenos Aires

Tres emigrantes del Eo tuvieron una decisiva participación en este órgano

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Si alguien supo de desamparo y soledad fueron los emigrantes. Y por eso ejercieron, lejos de su tierra, la ayuda y el socorro mutuo tan propios de su pasado gallego y rural. Había que protegerse y defenderse. Porque la caridad humilla y es vertical. Y la solidaridad iguala e implica respeto.

Así que, ya en 1857, constituyeron en Buenos Aires la Asociación Española de Socorros Mutuos, la entidad con más afiliados en la república y en todo América. Tres emigrantes del Eo tuvieron una decisiva participación en ella: los ribadenses Pedro Moreno Ulloa y Genaro López Osorio, y José Blanco Casariego, nacido en Figueras (Castropol) en 1829.

Al fundarla, crearon unos marcos que potenciaban la fraternidad étnica y aseguraban servicios que no les proporcionaba Argentina: asistencia médica, hospitalización, auxilios pecuniarios, sepultura, pensiones de viudedad, orfandad, enfermedad, repatriaciones, etcétera.

La sociedad se fundó en un Buenos Aires de calles de tierra y sin luz. Cincuenta emigrantes se reunían por las noches para matar saudades y compartir experiencias y proyectos en la tienda que el gallego Manuel López Pazos tenía en la calle Rivadavia. Ahí surgió la idea del apoyo mancomunado y tres vascos -Vicente Casares, Toribio Ayerza, y Juan Arizábalo- fueron los primeros directivos y Pedro Moreno, el gran promotor, el socio número uno.

Arquitecto de Figueras

Blanco Casariego era amigo de Moreno y fue presidente dos veces, en 1865 y en 1875. Había emigrado muy joven y, tras dedicarse al comercio y a la agricultura, obtuvo el título de arquitecto en una ciudad que entonces tenía pocos. Por sus planos y bajo su dirección se construyó el panteón que La Española inauguró en el cementerio de la Recoleta en 1865.

Genaro L. Osorio era de Ribadeo, según su coetáneo Julio Pesqueira, periodista vigués autor de un libro sobre la historia de la entidad. Trabajó como dependiente, se hizo abogado y fue uno de los juriconsultos más reputados de Buenos Aires. En 1888 fue elegido presidente de la asociación. Durante su mandato, compró en la céntrica calle Moreno 1183 una casa de diez metros de fachada por 57 de fondo para sede de una entidad que había pasado de 50 fundadores a 6.146 socios. La procedencia sectorial de ellos da idea de cómo era la colonia a finales del siglo XIX: 3.055 eran comerciantes, 1.152 dependientes, 672 industriales y fabricantes, 286 carpinteros, 217 mozos de cuerda, 164 albañiles, 135 canteiros, 82 ebanistas, 55 sastres, 47 zapateros, 26 cocheros, 25 maestros de obras. 24 herreros, 22 agrimensores, 18 dibujantes, 17 abogados, 17 médicos, 16 sombrereros, 15 tipógrafos, 15 pintores, 13 litógrafos, 11 farmaceuticos, 10 peluqueros, 10 profesores, 9 mecánicos, 6 pilotos, 6 flebotomistas, 8 grabadores, 7 notarios, 2 pirotécnicos, 2 procuradores, 1 arquitecto y 1 dentista.

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Banquero, republicano y enaltecedor de Rosalía de Castro

Genaro L. Osorio, además de abogado, fue presidente del Club Español y asesor del Banco Español del Río de la Plata, fundado en 1887 en Buenos Aires, con sedes en la capital porteña y en Madrid, y antecedente del Banco Central, del Central Hispano y del Santander. Su puesto en el consejo de administración le proporcionó grandes contactos y oportunidades de negocio.

Además de esa faceta mercantil, el ribadense mantuvo un fuerte compromiso con España y con Galicia. Fue uno de los firmantes de la donación de 15.000 pesos que la Asociación Española de Socorros Mutuos concedió en 1898 a los héroes españoles caídos en el combate naval de Manila. Y participó en 1903 en la fundación de la Liga Republicana Española en Buenos Aires.

En la Liga, fue miembro del Comité Central que presidía el abogado de Navia (Asturias), Rafael Calzada y en el que figuraban también el mindoniense Francisco García Olano, presidente del Centro Gallego; el ribadense José Torróntegui; y el periodista Manuel Castro López, dueño de El Eco de Galicia. Osorio presidía el Jurado de Honor.

La responsabilidad con su país lo llevó a ser activo partícipe de dos eventos que, entonces, significaron sendos hitos de la colectividad emigrante en la Argentina.

El primero fue apoyar el libro Carácter de la revolución americana publicado en 1917 por José León Suárez para desmontar los argumentos antiespañoles que se difundían en América tras la independencia de sus países. Con personalidades como Calzada, el pontevedrés Casimiro Gómez, el malpicán Anselmo Villar o Manuel Bares (de Bueu, fundador del Banco de Galicia), Osorio fue uno de los que financiaron la edición del libro.

Segundo hito

El segundo hito fue el Homenaje a Rosalía de Castro en 1897 en Buenos Aires con motivo del duodécimo aniversario de su muerte. El ribadense participó en la comisión organizadora de los actos y remitió a la Sociedad Económica de Amigos del País la corona de bronce para el mausoleo de Rosalía que figura en el Panteón de Galegos Ilustres de Santiago.

Envió la corona para el mausoleo de la poetisa en el Panteón de Galegos Ilustres

López Osorio fue asesor del Banco Español del Río de la Plata, fundado en 1887

Albacea testamentario del filántropo Juan Moreno Ulloa

La relación de Genaro L. Osorio con los hermanos Moreno Ulloa -los grandes filántropos de Ribadeo y de la colectividad- fue, desde su llegada a Buenos Aires, intensa, permanente y leal. Le ayudaron, lo protegieron y lo introdujeron en la Asociación de Socorros Mutuos que Pedro Moreno había cofundado. Por ese vínculo, no fue extraño que, una vez muerto Pedro, su hermano Juan Moreno nombrase a Genaro en su testamento, otorgado en 1924, como su primer albacea en Argentina y a su hermano, el doctor José Félix López Osorio, en segundo lugar. Un papel que en Galicia reservó para Eugenio López Yáñez y para José Díaz Braña.

Su prestigio como abogado y su sólida posición económica influyeron, sin duda, en elegirlo a él para velar por la voluntad de Juan Moreno de legar importantes cantidades de dinero a sus seis sobrinos, a la Sociedad de Beneficiencia -rectora del Hospital Español de Buenos Aires- y al Patronato de la Infancia de esa ciudad. Entre el notable patrimonio acumulado por Osorio en su vida emigrante figura la propiedad de una finca de 18.750 hectáreas en la provincia de Neuquén según consta en un decreto del Presidente de la República, José Figueroa Alcorta, publicado en el Boletín Oficial argentino el 4 de noviembre de 1907.

Finca en Neuquén

En él, se ratifica la petición de María Oliver de Palau, viuda de Sebastián Palau, de que «se otorgue a su nombre y al de Genaro L. Osorio» el título de propiedad de esa finca que su fallecido marido tenía en sociedad con el ribadense. La viuda aportó para su petición la hijuela del testamento en la que su esposo le adjudica a ella el citado condominio.

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