La Virgen de la Encarnación de Vilaselán, protectora de marineros y emigrantes

En el interior de la iglesia ribadense hay cuadros de barcos que son únicos en Galicia

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La musa popular y tradicional, recogida por Lence Santar, lo tiene claro: es la patrona de los navegantes, de los marineros, de los que por mar marchaban a América. «Non hai santa como Ela/ en tod´a beira do mar/ ¡é a Maíña de todos!/ ¡Virxen de Vilaselán!./ Virxen de Vilaselán/ de Ribadeo na ribeira/ ¡non m´esquenzas miña Reina!/ que eu sempre te levarei/ dentro do meu corazón./ ¡Ouh Estrela da Mariña!/ ¡Ouh Mai groriosa de Dios!/ espero que me amparedes/ mentras e despois que eu viva/ e pídovos que ó finar/ me leves pro ceio axiña». La copla ratifica lo que ponen de manifiesto las peregrinaciones de marineros mariñanos al templo y lo que demuestran los ex votos -objetos que dejan los fieles para agradecer un favor recibido- que alberga el santuario dedicado a Nuestra Señora de la Encarnación en Vilaselán (Ribadeo).

Los ex votos son cuadros históricos que -como estudió Xosé Fuentes del Museo de Pontevedra- explican sucesos y naufragios acaecidos y demuestran la devoción de naúfragos y navegantes hacia la Virgen de Vilaselán.

La inscripción de uno de ellos narra que el paquebote Purísima Concepción, gobernado por el capitán Josef Reguera, vecino de Figueras (Castropol), tras salir de Londres en 1775 sufrió un gran temporal en la isla de Wight, al sur de Southampton. Los tripulantes perdieron toda esperanza de salvación y recurrieron al amparo de la Virgen. Y así lograron arribar a Ribadeo.

Cuadros en el templo

Los marineros visitaron el templo y dejaron un cuadro alusivo para memoria de generaciones futuras. En él, aparece en primer plano el barco inmerso en un gran maremoto, con viento de popa y flanqueado por dos promontorios o entrantes. A la izquierda se observa una pequeña ciudad en la que destacan dos torres altas y cuadradas.

Otro de los cuadros del santuario ribadense es único en Galicia porque no ofrece ningún dato sobre el naufragio, la identidad del navío o la fecha del siniestro. Es una nave de tres palos, desprovista de su velamen, vista por estribor e inclinada a babor. Está en un mar embravecido, con una ola encima que casi la cubre. El óleo de 66 por 97 centímetros está firmado por E. González que, según Fuentes, puede ser Esteban González, pintor de Avilés de finales del siglo XIX.

El tercer ex voto de Vilaselán es una estampa alemana -litografia sobre papel- que representa al barco a vapor City of París. La inscripción dice que pertenecía a la Compañía Inman Line y detalla las características del buque botado en 1888: 580 pies de largo, 63 de ancho, 59 de alto y 20.000 caballos de fuerza.

En el cuadro se ve por estribor, con tres palos, tres chimeneas humeando y botes salvavidas sobre la borda. Se ignora si fue ofrecido por alguien que viajaba en el propio City of París o si la estampa fue comprada como representación de otra embarcación.

El capitán Reinante y naufragio a Montevideo

El santuario de Vilaselán alberga también un exvoto donado por emigrantes que navegaban de Ribadeo a Montevideo (Uruguay).

El suceso tuvo lugar el 10 de diciembre de 1872 cuando el bergantín Flora Paquita, que hacía la citada ruta, se encontró con un furioso temporal a 60 leguas de Vessant -según dice la inscripción- que llevó a pique a la corbeta Albión y dejó a sus tripulantes a la intemperie, sin esperanza de salvación.

El capitán del bergantín se apellidaba Reinante y era miembro de una importante familia de Ribadeo del siglo XIX. Uno de sus miembros, Manuel Reinante Cancio, fue Auxiliar Facultativo de Minas, trabajó en las fábricas de Sargadelos y fue diputado provincial. El capitán Reinante, viendo que eran impotentes los esfuerzos humanos para salvar a los marineros del Albión, pidió ayuda a la Virgen de Vilaselán y así logró salvarlos a todos que, libres de peligro, desembarcaron en Ribadeo la noche del día 13 del mismo mes.

Vessant no corresponde a ninguna isla o topónimo conocido pero, teniendo en cuenta que el viaje era a Montevideo y que el bergantín tardó tres días en volver a Ribadeo, se calcula que el naufragio acaeció a 300 kilómetros de la costa. El cuadro es un óleo sobre lienzo de 60 por 81 centímetros. A su izquierda figura el bergantín, con sus dos palos, y a la derecha la corbeta, con tres. Los dos son vistos por estribor. Ambos tienen desplegada una vela del palo mayor y los dos llevan en la popa las respectivas banderas, el Flora Paquita la uruguaya y el Albión, la española.

Sobre la cubierta del Flora Paquita se aprecia, muy diminuta, la tripulación, mientras que la del Albión abandonó el barco y navega en un bote de remos cara al bergantín salvador.

El cuadro -ofrecido en acción de gracias por el capitán Reinante para pedir por los naúfragos del navío siniestrado- fue pintado en Montevideo el 22 de octubre de 1875, casi tres años después del accidente, y aparece firmado en el ángulo inferior derecho por un pintor tal vez uruguayo: «Joe Botto Dip».

Demandas de ayuda por una vela rota en Ribadeo o por la «mar forana e chuvascana» en Burela

En los años 50 y 60 del pasado siglo, la iglesia de Vilaselán era lugar de peregrinación casi obligado para los marineros de A Mariña. Entonces, no eran asalariados como hoy. El sector funcionaba con bases tradicionales, gremiales y artesanales, pescaba á parte, y tenía una organización productiva de carácter comunitario, patriarcal, y basada en la confianza entre armadores y marineros.

En ese mundo, pedir la protección de la Virgen para las singladuras o agradecerle las buenas costeiras, no era más que otra pieza del encaje de una sociedad en la que, a la hora de pescar o navegar, la buena suerte, la superstición o el azar tenían más peso que la tecnología o la inexistente protección del Estado.

La musa popular recoge ese sentido del santuario. En Ribadeo se venera a la santa con devoción: «Virgen de Vilaselán/ danos ventiño de popa/ que somos de Ribadeo/ e traemos vela rota».

Pero toda A Mariña le profesa fe como muestra la copla de Lence: «Mar forana e chuvascana/ contra o Cabo de Burela,/ ¡Ai, Dios! a lancha de meu/ xa non pode vir a terra./ Xa non pode vir a terra/ a lancha cos meus filliños,/ ¡Virxe de Vilaselán!,/ ¡meu San Andrés de Teixido!,/ non permitás que meus nenos/ vaian ao fondo do mare,/ que son bós coma os anxiños/ e non teño quén me ampare».

El templo de Vilaselán tiene varios exvotos en forma de maquetas de barcos, altares barrocos y una hermosa talla de la Virgen con el Niño en brazos. La que originó el santuario en el siglo XVIII, sin embargo, es una pequeña que, según la tradición, se apareció a unos marineros en los islotes de Pena Furada, en la ría de Ribadeo.

martinfvizoso@gmail.com

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