«Me siento bien tocando las campanas de la iglesia y también bailando zumba»

Sara Blardoni, campanera en la iglesia de Galdo, nació en Uruguay, vivió en Suiza y reside en Viveiro desde hace 25 años


viveiro / la voz

Los ojos de Sara Blardoni Pereira atesoran una mezcla de paisajes, culturas y sabiduría. Vieron la luz por primera vez en 1944 al otro lado del Atlántico, en Salto, una de las ciudades más importantes de Uruguay, donde vivieron hasta que con 42 años emigraron a Suiza para cuidar a los niños de una familia. Cinco años después, en 1992, viajaron hasta la parroquia viveirense de Galdo «por amor», y allí continúan. «Y aquí espero quedarme hasta que me muera, que espero sea dentro de mucho», sonríe la polifacética mujer, que es campanera en la iglesia de Santa María de Galdo, pero también ha sido catequista, voluntaria de Cáritas o aprendiz de zumba y manualidades en los cursos que organiza la asociación vecinal, entre otras facetas.

«Me siento bien tocando las campanas de la iglesia y también bailando zumba, aunque cuando empecé a ir a clases ni el médico estaba de acuerdo conmigo. Me decía que era demasiado para mí, pero cuando la música iba muy fuerte, yo iba despacito», sonríe. «Pon en el periódico que necesitamos profesora de zumba, que nos hace falta gimnasia», señala Sara, que rara vez pierde la sonrisa pese a los baches que ha tenido que superar.

La mujer es capaz de recordar sin rencor que al principio alguna gente veía con malos ojos que colaborase en actividades litúrgicas y religiosas porque estaba casada por lo civil, puesto que su marido era divorciado. «Pero si Dios nos puso en el camino a los dos, por algo fue. Él buscaba el amor, yo buscaba el amor, nos encontramos y fuimos felices todo el tiempo hasta que en el 2007 le encontraron un cáncer, y en mes y medio se fue», revive con nostalgia al recordar a su esposo, a quien conoció en Ginebra. «Era un galleguito de Galdo que estaba emigrado allá desde hacía muchos años», relata. Por él, y para cuidar al padre de él, viajó hasta Viveiro, donde se adaptó muy bien. «Cuando yo era niña, vivía cerca un matrimonio de Ferreira de Pantón que tenía dos niños que me contaban siempre lo hermosa que era Galicia, y el destino quiso que viniese para acá», comenta Sara, que en la actualidad vive con uno de sus 12 sobrinos. «Vino a verme hace tiempo y esto le gustó tanto que decidió quedarse», indica.

«La religión no es creer en los curas, es creer en Dios»

Para Sara Blardoni, «la religión no es creer en los curas, es creer en Dios». En la iglesia de Galdo, cuyo párroco es Luis Nole Freire, además de tocar las campanas, la mujer se encarga de colaborar en la liturgia y tener el templo limpio o con flores frescas y velas en condiciones. En la última semana se ocupó de preparar un pequeño altar para colocar la imagen de Nuestra Señora durante la novena. «Mis tres hermanos quieren que me vuelva para Uruguay, pero aquí tengo mi vida, mis amistades y me quiero quedar», comenta la campanera, que lleva el mestizaje en la sangre, puesto que su padre era «hijo de italianos», y su madre «descendiente de portugueses».

Para no perder tradiciones

De la labor que realiza en la parroquia alaba especialmente al grupo de gente que colabora durante todo el año. «Trabajamos por amor a dios, a la parroquia y para que no se pierdan tradiciones como la Semana Santa, la novena de La Milagrosa, las alfombras de Corpus... Porque si no se hace, todo muere», sentencia.

Tres toques si el muerto es un hombre, dos si es una mujer

Las campanas de la iglesia suenan cuando hay misa, y también para anunciar los difuntos. «Cuando muere un señor se hacen tres toques con la campana grande y tres con la chica, y si es una señora, se hacen dos y dos», explica Sara, que en la imagen posa con la campana antigua, que funcionó durante 131 años, hasta el 2016, y en la actualidad se conserva en el interior del templo viveirense. foto xaime f. ramallal

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