Tobío y Estabañón, la ciudad sumergida víctima de su soberbia en la ría de Viveiro

Los restos de la villa protagonizaron el ciclo viveirense de arqueología del mar


Viveiro celebró unas jornadas de historia y arqueología del mar en las que tuvieron gran protagonismo los restos de la villa romana ubicada frente a la playa de Area.

Justo en ese lugar, la leyenda sitúa la ciudad de Estabañón, sumergida y hundida, víctima de su soberbia, que Lois de Chousela -seudónimo de Luis Tobío, diplomático viveirense exiliado en Uruguay- recreó y publicó en 1941 en la revista emigrante Alma Gallega.

El relato de Tobío está ilustrado con el dibujo de una campana y comienza situando al lector en el lugar donde está enterrada la población: «Na beiramar da ría de Viveiro, nunha chaira lamiguenta e deserta, diante la limpa praia de Area».

Ahí «relocente e ditosa, ricaz das súas colleitas de terra, das suas caladas no mar e do seu trafego mariñeiro, a vila de Estabañón vivía en luxo e benestar». Las casas eran «limpas, xurdias, cheas de mobles». Las gentes vestían «estofas de outo prezo», comían manjares exquisitos y gozaban de divertidos espectáculos. Todo allí era «danzar, cantar e rir».

Pero tal lujo, tan buen vivir y duradero gozo «non fixo aos homes mellores e de máis bon corazón» sino que discutían por recelos de casta, por vanidades y menudencias que los convirtieron en seres egoístas y mentirosos. «Para eles non había máis que a boa mesa, o bon leito, o bon vestir. Ninguén se coidaba das doores do veciño, nin sentía tristura por mal que lle viñera». Así que, según la leyenda, Dios quiso tentarlos y sondear la negrura de sus almas.

«Arrevírate vila!»

Y una cruda mañana de invierno, Dios se reencarnó en un mendigo y se apareció en Estabañón cuando «abríanse as primeiras portas deitando na friaxe de fora o tépedo abafo das casas ben quenturadas». Y «Noso Señor, andando de vagariño, viu a fartura sen comparanza das tendas de todal-as cousas que o home pode cobizar e en tan grandes cantidades» que le pareció imposible que le pudieran negar cualquier cosa que él, humilde mendigo, pidiera por el amor de Dios para calmar su hambre…

En una plaza vio como un zapatero volvía a su taller cargado de toda clase de frutos. Entonces, «homilde e quedo, i en voz maina e doce» el mendigo le pidió «un bocadiño de pan, mesmo do pan reseso que lle ficara d´onte…». El zapatero «revirouse con carraxe, aldraxou ao mendiño que ousaba alteirar a súa calmidade e, fora de sí, agarrou unha subela e tiróuna con forza e raiba contra o Noso Señor».

Y entonces llegó el castigo. «Cos ollos amargurados e vos firme e rexa, bradou Noso Señor: ¡Arrevírate vila, o d´abaixo para riba!». Y una terrible vaga de mar asoló aquella ciudad feliz «e todol-os mouradores e as casas e as ricuras ficaron afundidas na terra enlamigada».

Aún hoy, dice Tobío, «cando vai bon sol» se pueden ver desde cierto lugar las torres de las iglesias y, a veces, escuchar «o tanguido lene das súas campás»…

martinfvizoso@gmail.com

Con Castelao, el gallego más importante del siglo XX

Luis Tobío publicó en 1941 la leyenda de Estabañón en Alma Gallega, la revista de la Casa de Galicia de Montevideo. El número contó con ilustraciones de Seoane y Colmeiro y textos de Castelao, Manuel Antonio, Pedraio, Valle, etc. Sus dos escritos van firmados con seudónimo: Lois de Chousela y Johan de Solovio, un lugar de Compostela próximo a la iglesia de San Fiz.

Nació Viveiro en 1906, en la rúa Cayuela, frente a la Pousada da Pola, según Francisco Maseda. Era hijo de Luis Tobío Campos, maestro, de Brión (A Coruña), pariente de Rosalía de Castro, y de Melida, miembro de una familia noble, los Pardo Vaamonde, que regentaban el casal de Chousela de donde adoptó el seudónimo.

Estudió Derecho en Santiago y Ciencias Políticas en Berlín. En la 2ª República, colaboró en el Estatuto de Galicia, se integró en el Partido Galeguista y en 1933 inició la carrera diplomática como secretario de la Embajada de España en Sofía. En la Guerra fue secretario general del Ministerio de Estado y se casó en Barcelona con Carmen Soler. El exilio lo llevó a Nueva York, La Habana, México y Montevideo, donde vivió 25 años.

En Uruguay

En Uruguay trabajó como periodista en Radio Ariel, en el semanario Marcha y en el prestigioso diario El Día. Y fue responsable de Comunicación de la multinacional farmaceútica suiza Roche.

Comprometido con la política y con Galicia, Tobío promovió y asesoró al Consello de Galicia, participó en la primera emisión radiofónica en gallego del Uruguay, Sempre en Galiza, de Radio Carve, y elaboró una obra extraordinaria dispersa en libros, cartas, artículos, publicaciones y conferencias. Fue miembro de las Irmandades Galeguistas y colaboró en la creación del Banco de Galicia de Uruguay. En 1974 se reincorporó en España a la carrera diplomática, dos años antes de jubilarse.

Luis Tobío murió en 2003. Según Díaz Pardo, fue «con Castelao, el personaje más importante que tuvo Galicia en el último siglo», un pilar fundamental en la construcción política y jurídica del nacionalismo gallego.

La versión de Chao y otras poblaciones sepultadas en Pozo Piago, Portocelo de Xove y Montouto de Mondoñedo

La tradición y la leyenda hablan de muchas cidades asolagadas en Galicia. Escritores y etnógrafos como Villamil y Castro, Amor Meilán, Manuel Murguía o, entre otros, el profesor Luis Monteagudo citan, en A Mariña, las ciudades sumergidas de Pozo Piago, en Viveiro; Portocelo de Xove; Montouto en Mondoñedo; además de Estabañón, en Viveiro.

En todas ellas, la ciudad padeció el castigo divino por su soberbia, su insolidaridad, su abandono al desenfreno y al paganismo… Y en todas queda siempre como testimonio el sonido de una campana que emerge hacia la superficie a través de las aguas, símbolo eterno del castigo divino al pecador…

La más ilustre, rica y famosa de las ciudades gallegas sumergidas era Antioquía, en la laguna Antela, en la comarca ourensán de A Limia. Pero también fueron notables las de Beria en la laguna de Cospeito, Reiriz, Doniños, O Roxal en Neda, Brandomil en Zas, Carracedo en As Pontes, Carregal en Riveira o la Lagoa Sacra de Olives, entre A Estrada, Silleda y Forcarei.

El escritor y cronista oficial de Viveiro, Chao Espina, ofrece una versión algo diferente de la de Tobío sobre el anegamiento de Estabañón. En sus libros sobre Leyendas gallegas y temas marineros narra la llegada de Santiago a las proximidades de Area en un barco de vela tras una fuerte tempestad.

El Apóstol, asustado y maltrecho por la treboada, suplicó amparo a un zapatero que, según la tradición, le tiró un zapato al rostro. Entonces, subió al Monte Faro y desde allí echó la famosa maldición -’Arrevírate vila, co debaixo pra riba’- que provocó que las olas del mar sepultaran para siempre la villa.

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Tobío y Estabañón, la ciudad sumergida víctima de su soberbia en la ría de Viveiro