Suenan tristes las campanas de Lieiro por Carmenchu


Érase una vez aquel San Ciprián marinero donde las mujeres escuchaban la onda pesquera para saber de la flota, o esperaban ver fondeado en La Concha o en la Ría el buque de cabotaje, patroneado por un sanciprianés. Con casas de piedra, tejados de pizarra y aljibes, aquel San Ciprián que tuvo y tiene un hostal para mimar a los bañistas, gracias a Carmenchu López y Paulino Díaz, dos emprendedores; dónde Paulino hacía relaciones públicas y Carmenchu estaba en la máquina del «barco», infatigable, para un negocio con cine, cafetería, restaurante y desde luego habitaciones que disfrutaban los viajeros.

Su nombre, como ya sabrán: «Buenavista», mirando a la playa, al muelle, a la Atalaya...

Una mañana de hermoso otoño, entre azules del horizonte y blancos de la espuma sobre rompientes, perfumada por las algas de La Caosa, suenan las campanas de Santa María de Lieiro tristes por la despedida a Carmenchu.

La mejor cocina

Una mujer que no necesitó ir a Máster Chef para ganar el premio a la mejor cocina de estilo mariñano. Cuentan que se levantó de mañana, miró a la mar y sintió la brisa marina, inició las tareas propias de su vida, y decidió quedarse dormida. Seguro que cuando vengan comensales, veraneantes, vecinos, amigos de sus hijos, al preguntar por la mujer que ayudó a que el sueño de Paulino Díaz se convirtiera en realidad, sentirán orfandad infinita. Gentes como nuestra Carmenchu ya no quedan.

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